El reencuadre positivo: cómo mirar las cosas desde otra perspectiva

09 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces no podemos cambiar lo que nos pasa, pero podemos variar el modo en que interpretamos esas realidades. Esta técnica para reestructurar pensamientos nos permitirá encontrar ese punto de equilibrio para manejar mejor la adversidad.
 

A veces, ser capaces de ver las cosas desde otro punto de vista mejora nuestra capacidad para manejar las dificultades. El reencuadre positivo es un ejemplo de ello y de cómo, al replantearnos ciertos aspectos o dimensiones, se reduce la confusión, el malestar y esas tensiones que tenemos con personas de nuestro entorno. Se trata de un recurso muy útil que todos podemos utilizar.

No obstante, hay algo que debemos admitir: aplicar este tipo de artesanía mental nos cuesta bastante. Las personas solemos ser tercas en nuestras interpretaciones, obstinadas en esas apreciaciones que hacemos sobre determinadas situaciones, circunstancias y relaciones. No dudamos en etiquetar como tóxico a ese compañero que está siempre de mal humor o de controlador a quien está obsesionado con el orden.

Tal vez, esa persona tóxica arrastre una mala época y lo esté pasando mal en silencio. Puede que a quien le obsesiona el orden tenga una de esas mentes brillantes de las que valdría la pena aprender algo. Admitámoslo, nuestra realidad tiene muchas caras y no es bueno quedarnos solo con la más negativa.

Ser capaces de relativizar y de abrir los ojos hacia otras perspectivas más amables puede mejorar de manera notable nuestra calidad de vida.

Chica pensando en el reencuadre positivo
 

El reencuadre positivo, ¿en qué consiste?

El encuadre positivo es una técnica muy utilizada en terapia. Con ella, se intenta que la persona sea capaz de ver las cosas de otro modo y que cambie los significados que les atribuye. La idea esencial es hacerle entender que el punto de vista que aplica hacia determinadas realidades que le generan sufrimiento actúa como un filtro capaz de difuminarlo todo, alterando emociones, pensamientos y comportamientos.

Pongamos un ejemplo. Soy una persona con una nariz llamativa o alguien extremadamente delgado o de baja estatura. Más allá de trabajar mi autoestima o autoaceptación, también debo ser capaz de hacer uso de un encuadre positivo a cada situación. En lugar de pensar que todos me van a mirar si voy a una fiesta, debo relativizar esa idea y enfocarla en otras dimensiones: en pasarlo bien, en asumir que todos tenemos nuestras particularidades y que es eso lo que nos hace únicos.

¿Debo evitar ir a eventos sociales por ello? Evidentemente, no. Porque esos esquemas mentales que aplicamos hacia ciertas áreas de nuestras vidas no solo nos limitan, actúan como vetadores de felicidad. Y si hay algo que debemos considerar es que gran parte de nosotros hacemos uso de estos procesos mentales. Pensar que solo existe una perspectiva y una forma exclusiva de ver las cosas es algo muy humano.

Pasar del «marco-problema» al «marco-objetivo»

El encuadre positivo sigue un proceso muy concreto en el cual pasar de la negatividad hacia una actitud más abierta, constructiva y esperanzada. Para comprenderlo mejor nos pondremos en la piel de otra persona, en alguien que acaba de recibir un diagnóstico muy concreto: esclerosis múltiple.

 

Esta persona en concreto se dice a sí misma que su vida está acabada, que ya nunca volverá a trabajar y que su futuro ha terminado.

  • El marco-problema es el siguiente: asume que esa enfermedad crónica es degenerativa y que está todo perdido, que ya no hay más opción que asumir el fin.
  • Bien, dentro del proceso terapéutico es esencial hacer uso del encuadre positivo y para ello aplicaremos el marco-objetivo que consiste en hacerle ver otras opciones a la persona. Es pasar del problema concreto a un objetivo que actúe como esperanza, como salida para romper ese esquema negativo.
  • En este caso, se le focalizará en comprender la enfermedad, en entenderla y en saber que hay opciones para frenarla y poder mantener una adecuada calidad de vida.
Hombre ante figura en forma de bombilla aplicando el reencuadre positivo

El encuadre positivo no cae en el optimismo excesivo, es replantear las experiencias para aportar soluciones

El encuadre positivo forma parte de la psicología positiva iniciada por Martin Seligman en los años 90. Es importante entender que con esta técnica no se busca que alguien sea capaz de ver siempre el lado luminoso de la vida. Es habilitar para que, dentro del contexto y realidad de cada paciente, se pueda considerar qué opciones hay para manejar la situación y mejorar su vida.

 

Algo así implica entender que, a veces, no podemos cambiar lo que nos pasa. Si he perdido mi trabajo perdido está. Si me han diagnosticado una enfermedad, la evidencia es esa y no otra. Sin embargo, el encuadre positivo me permite ver qué enfoques puedo considerar para sobrellevar y afrontar esos hechos.

Es debilitar el sesgo negativo y derrotista que me tiene atrapado para alimentar mi mirada de otras posibilidades, de otras perspectivas con las cuales mejorar mi motivación y la posibilidad de que maneje mejor esas circunstancias de por sí complejas. Gracias a este recurso, encuentro calma emocional, claridad mental y puedo redefinir los significados que les doy a determinadas cosas.

Para concluir, esta técnica para reestructurar cogniciones (pensamientos) es una herramienta de vida que deberíamos hacer nuestra. Es un modo de avanzar un poco mejor por esos días complicados que podemos tener por delante. Asimismo, si no nos es posible lograrlo por nosotros mismos, siempre es adecuado consultar con un profesional especializado. Tengámoslo en cuenta.