No existen las personas tóxicas, existen los comportamientos tóxicos

Edith Sánchez · 16 enero, 2018

Se ha extendido la idea de que existen “personas tóxicas”. De hecho, el adjetivo “tóxico” ahora se aplica con gran facilidad a cualquier persona que tenga dificultades relacionales. De una u otra manera ha servido para exacerbar la intolerancia. Por eso, es momento de aclarar que en realidad no existen personas tóxicas, sino comportamientos tóxicos.

Ningún ser humano se reduce a una clasificación tan generalista como “bueno” o “malo”. Tampoco, por supuesto, a un calificativo tan negativo como “tóxico”. Las personas, al igual que la vida, son cambiantes. Hay momentos en los que se dejan aflorar comportamientos equivocados o destructivos. Incluso se puede permanecer en ellos por mucho tiempo. Sin embargo, esto no significa que sean tóxicos en sí mismos. Nadie lo es y no se puede usar esa palabra para calificar la esencia de nadie.

 “No te amarres a quienes no se alegran con tus éxitos”.

-Bernardo Stamateas-

Cualquier persona puede llevar a cabo un comportamiento tóxico, pero esto no implica que lo manifieste durante toda su vida. La conducta puede reorientarse y transformarse en constructiva. En cualquier caso, no se trata de “una peste” de la que alejarse, sino el indicativo de que la persona está en problemas y, por ello, no es consciente del daño que hace y se hace.

Cómo son los comportamientos tóxicos

Los comportamientos tóxicos enmascaran inseguridad y baja autoestima. Al mismo tiempo, presentan características narcisistas que compensan la falta de amor propio. Además, suelen acompañarse de creencias erróneas, que le dan un sustento falso a esa forma de actuar.

Así, las principales características de los comportamientos tóxicos son:

  • Manifiestan un deseo de control. Hay una fuerte necesidad de controlar a las personas a las que se ama. Saber todo de ellas. Dónde están, con quién, qué hacen. También se manifiesta como interés permanente en entrometerse o influir en su forma de ser y actuar.
  • Utilizan la manipulación emocional. Es frecuente que en los comportamientos tóxicos se emplee el chantaje como medio para lograr que el otro haga lo que esa persona quiere.
  • Tratan de despreciar y culpar. Las conductas verbales tóxicas señalan con énfasis los errores y vacíos de los demás. Además, buscan eludir la responsabilidad individual y culpar a los otros.
  • Enmascaran envidia y celos. Los comportamientos tóxicos impiden que se celebren los triunfos del otro. La independencia y los logros de los demás son vistos como una amenaza.

¿Qué hacer frente a los comportamientos tóxicos?

Los comportamientos tóxicos no se pueden tomar como algo general, aplicable a cualquiera que presente una o varias de las características señalados. Siempre hay grados, niveles y contextos. Es cierto que en algunos casos, los comportamientos tóxicos están demasiado arraigados. En esas condiciones, no hay más alternativa que tomar distancia. Pero esto no quiere decir que se deba segregar al otro. Es importante hacerle ver que la causa del distanciamiento es su conducta destructiva.

Nos vemos permanentemente expuestos a contradicciones en las relaciones que mantenemos con los demás. Es cierto que se puede alcanzar un equilibrio, pero este difícilmente se da de forma natural. Por lo general, solo se logra después de un buen número de altibajos. Cada quien lleva a sus relaciones vacíos, fracturas e inconsistencias. No es razonable eludir todo esto, sino gestionarlo y equilibrarlo.

El diálogo siempre será la vía privilegiada para construir puntos de encuentro. Cuando una persona no tiene comportamientos tóxicos tiene capacidad para ayudar a verlos a quien sí los tiene. También logra poner límites a los intentos de control y las conductas invasivas. Si las permite, si las promueve, las tolera o las silencia, significa que también se encuentra dentro de la misma lógica. Esto es, dentro de una lógica destructiva.

La mejor manera de ayudar a alguien que tiene comportamientos tóxicos es no permitiéndoselos. Todo vínculo tiene unas reglas de juego, en parte explícitas y en parte implícitas. No se debe permitir que ni unas ni otras toleren la manipulación, el desprecio y cualquier otra conducta que degrade o instrumentalice al otro. Lo que debemos erradicar son los comportamientos tóxicos, no a las personas que los manifiestan.