El síndrome de Hulk, la pesadilla de Bruce Banner

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 julio, 2018
Camila Thomas · 30 julio, 2018

El síndrome de Hulk es un síndrome poco conocido por el público no especializado. Se caracteriza por explosiones súbitas de ira. Estas explosiones a menudo se transforman en comportamientos violentos. Médicamente, el nombre es síndrome de Amok. Sin embargo, en general se conoce por el popular monstruo verde: Hulk.

Hulk es un personaje de los cómic de Marvel. Ha aparecido también en varias películas pertenecientes al Universo Cinematográfico Marvel. Entre estas películas están la última entrega de la saga Thor, así como Los Vengadores. Hulk es el álter ego del apacible Dr. Bruce Banner. Mientras llevaba unos experimentos con desechos tóxicos, el Dr. Banner es contaminado.

A partir de ese momento, surge en el Dr. Banner una segunda personalidad: Hulk. Este gran monstruo aparece repentinamente, es violento y le gusta destruir cosas a su alrededor. El Dr. Banner no puede controlar a Hulk, y viceversa. Poco a poco, el Dr. Banner debe aprender a “convivir” con el monstruo verde.

El síndrome de Hulk, el síndrome de Amok

Por su caracterización en los cómics, Hulk responde a ese perfil en el que se dan comportamientos muy intensos y descontrolados derivados del enfado o la ira. Pensemos que cuando la ira, cuando es encapsulada, amordazada o negada de manera sistemática, puede hacernos explotar de una manera muy violenta.

De acuerdo con los expertos, el síndrome de Hulk está ligado a factores culturales. Aunque en muchas culturas se ha documentado el síndrome de Hulk, existen pequeñas particularidades concretas y específicas a cada cultura en relación al síndrome.

Hulk

En occidente, antes de la aparición de Hulk como personaje, ya estaba documentado el síndrome de Hulk. Se le conocía por otro nombre: el síndrome de Amok. La palabra Amok fue tomada del término malayo meng-amok. Esta palabra significa, en una traducción vasta, “atacar y matar con ira ciega”.

Se cree que el síndrome de Hulk es la causa de muchos daños, el origen de muchas peleas. Sin embargo, los estudios apuntan a que la frecuencia de diagnóstico es mucho menor que su incidencia real en la sociedad. Por ejemplo, muchas de las personas que sufren el síndrome de Amok y en la manifestación de su ira terminan cometiendo un crimen, pueden llegar a suicidarse al culminar el episodio.

Convierte la rabia en energía

No toda la ira es negativa. No tiene sentido negarse a ciertos estados de ánimo. Una persona saludable espiritualmente es aquella que se permite sentir toda la gama de emociones.

Esto incluye a las emociones de valencia negativa como el enfado o la tristeza. Así, la ira cumple su función cuando nos avisa: ojo, puede que hayan violado tus derechos. También la cumple cuando nos da energía: ojo, “reacciona, no puedes permitir que abusen de ti o de alguien que quieres“. El problema aparece cuando es la emoción, con su mensaje y su energía, la que pasa a dominar nuestro comportamiento.

De esta manera, el manejo de la ira demanda la intervención de nuestra inteligencia emocional. Con trabajo y dedicación, las explosiones de rabia que provoca el síndrome de Hulk pueden convertirse en un elemento que juegue a nuestro favor.

Puños representando enfado

Es importante entender que el control de la ira es un proceso que demanda un esfuerzo consciente. Sin embargo, es muy gratificante. Una persona puede lograr canalizar la energía que antes provocaba violencia hacia un plan de trabajo organizado. Recuerda, el síndrome de Hulk no es una cualidad definitiva del carácter de una persona. Puede ser trabajado y convertido en una fortaleza.

Cómo canalizar el enojo

A continuación, te damos algunas estrategias para que puedas manejar con más facilidad tu ira. De esta manera, se reduce la probabilidad de ser presas de un síndrome de Hulk.

  • Ejercitar y tomar aire fresco. Hacer ejercicio facilita que nuestros cuerpos drenen energía acumulada. A demás, hacer ejercicio libera algunas hormonas asociadas a la felicidad.
  • Exteriorizar los pensamientos. A veces es difícil lograr articular de manera eficiente nuestros sentimientos. Sin embargo, es muy importante la comunicación emocional que hagamos ya que de ella dependerá, en buena medida, la cantidad y la calidad de la ayuda que recibamos.
  • Meditar. Aprender a poner nuestra mente en blanco es una habilidad con potencial de ayuda en situaciones emocionales muy intensas. Por ejemplo, a través de la meditación es posible lograr un mayor autoconocimiento.

Recuerda que el enfado y la frustración forman parte de nuestra paleta de emociones. Intenta darles paso de una manera inteligente. La mejor manera de lidiar con estos sentimientos es canalizándolos hacia comportamientos que te beneficien.