El tanque de aislamiento sensorial y sus beneficios

Edith Sánchez · 23 junio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 21 junio, 2019
Actualmente los tanques de aislamiento sensorial se encuentran en muchas partes, a disposición de quienes quieran utilizarlos. Los aficionados a ellos dicen que la experiencia es similar a la de volver al útero materno. La mente queda en blanco y descansa notablemente.

Le llaman tanque de aislamiento sensorial o tanque de flotación y se pone de moda por momentos. Aunque se inventó para estudiar el cerebro, actualmente se emplea como medio de relajación. Hay empresas especializadas que ofrecen este tipo de experiencias, pero también los puedes encontrar en varios spa.

Quienes promueven estos tanques de aislamiento sensorial dicen que es una experiencia que se puede comparar con el regreso al útero materno. Probablemente exageran un poco, aunque es evidente que quienes usan este dispositivo con frecuencia sí lo reconocen como una vivencia única. Aparentemente, permite acceder a un estado extremadamente relajado.

El dispositivo también tiene sus detractores. Hay quienes entran en el tanque de aislamiento sensorial con ciertas aprehensiones. Eso de romper totalmente el contacto con el mundo externo les produce cierta angustia. Quienes manejan estos tanques de flotación dicen que se necesita cierta estabilidad y madurez para poder vivir la experiencia como Dios manda.

Mientras gran parte de lo que percibimos nos llega a través de los sentidos de los objetos que están a nuestro alrededor, otra parte (quizás la más importante) viene siempre de nuestra mente”.

-William James-

Mujer con los ojos cerrados

La invención del tanque de aislamiento sensorial

El tanque de aislamiento sensorial fue inventado por John C. Lilly, un neuropsiquiatra estadounidense. Su objetivo no era, ni mucho menos, adelantar un emprendimiento exitoso. Lo que él quería era estudiar los cambios que se producían en el cerebro en un estado de máximo aislamiento.

Corría la década de los 50 y este tipo de temas capturaban la atención de muchos científicos. Fue así como Lilly creó lo que él llamó “cámaras de aislamiento sensorial”. Eran dispositivos que reducían al mínimo la actividad de todos los sentidos.

Lilly comprobó que con esos aparatos se alcanzaba una experiencia muy especial. Al estar un tiempo dentro de estas cámaras se producía una sensación muy relajante y renovadora. Sin embargo, sus estudios no fueron tomados muy en serio, ya que a Lilly se le consideraba, sobre todo, un excéntrico al que le gustaba llamar la atención.

Nuevas investigaciones

Aunque el tema no tuvo mucha trascendencia, con el tiempo el interés aumentó. En diversos lugares se experimentó con el tanque de aislamiento sensorial y se encontró que tal vez no era una chifladura de Lilly, sino un medio que podría tener aplicaciones terapéuticas.

En principio se estudiaron estos tanques con fines militares. Su potencial para fortalecer el cuerpo y la mente parecían claramente probados y varios marines pasaron por el dispositivo. Luego la NASA empleó estos tanques de flotación como parte de la preparación de los astronautas.

A partir de los años 70, el uso de los tanques de aislamiento sensorial comenzó a popularizarse. Primero lo emplearon los deportistas de alto rendimiento. Lo encontraron muy útil para sus procesos de recuperación muscular. Luego los dispositivos fueron absorbidos por el mercado de la relajación. En un mundo de gente estresada prometía ser un buen negocio.

¿Cómo son estos tanques?

Los tanques de aislamiento sensorial son una especie de tina que contiene entre 400 y 600 litros de agua. Al menos la mitad de ese volumen está ocupado por las llamadas sales Epson o por sulfato de magnesio. La elevada concentración de sales hace que todo cuerpo flote de forma natural. Es un efecto similar al que se produce en el Mar Muerto.

El agua tiene una temperatura similar a la del cuerpo humano, por lo que al sumergirse no se siente ni frío ni calor. En algunos casos, el dispositivo tiene una compuerta que se cierra. De este modo, el usuario queda dentro del tanque, flotando en completa oscuridad y sin ningún estímulo auditivo.

Otros de estos tanques de flotación no se cierran. Hay una compuerta que permanece abierta, pero la luz del entorno es extremadamente tenue y no hay sonidos. Por lo general, quienes se sumergen allí duran en ese estado entre 60-120 minutos.

Tanque de aislamiento sensorial

Los efectos positivos

Todo indica que el uso de estos tanques de flotación producen modificaciones positivas en el cerebro. Este despliega una actividad diferente a la usual, muy similar a la que se consigue con los estados de meditación. Por lo mismo, se trata de una experiencia muy tranquilizante.

Así mismo, se asegura que la inmersión en uno de estos tanques sirve para mejorar la salud. En particular, ayuda a reducir todo tipo de dolores musculares y previene problemas frecuentes, como la migraña o los cólicos menstruales. Así mismo, disminuye los estados de ansiedad.

También se señala que la experiencia estimula la creatividad e incrementa las capacidades intelectuales. La mayoría de quienes usan el tanque de aislamiento sensorial se vuelven aficionados a él. Una minoría, en cambio, estima que la vivencia es sosa e incluso incómoda. No parece tener ningún efecto secundario, así que no estaría de más probarlo.

  • Ardila, R. (1970). Privación sensorial. Revista Interamericano de Psicologia, 4, 253.