Ella quiere hablar, él quiere escapar - La Mente es Maravillosa

Ella quiere hablar, él quiere escapar

Yamila Papa 21 mayo, 2016 en Psicología 2167 compartidos

La falta de comunicación es uno de los principales problemas en las parejas. Eso no es una novedad. Pero en este caso nos referimos a una situación que probablemente te resultará familiar: cuando la mujer desea hablar pero el hombre quiere evadirse.

¿Es esto un problema de sexos? ¿Por qué siempre sucede lo mismo? ¿Quién nos ha dado ese rol de hablar o de evadir? Por supuesto que ellos y ellas son diferentes pero también tienen muchas cosas en común. Esto es precisamente lo que deberíamos fortalecer al vivir en pareja.

Mujer que habla, hombre que calla

Lo que observamos al analizar varias parejas es que ellas gustan más de la comunicación verbal que los hombres. Cuando identifican un problema en pareja, entienden que este difícilmente se puede solucionar sino se habla. Los hombres parecen más inclinados a actuar o a tener paciencia esperando que el nubarrón se vaya.

¿Qué está bien y qué está mal? Ni una cosa ni la otra. Son dos maneras diferentes de ser y debemos comprenderlas. A los hombres les cuesta más decir lo que sienten, compartir sus problemas e incluso informar sobre buenas noticias. Muchos piensan que comenzar a hablar será sinónimo de ponerse en riesgo. Es un campo en el que sienten poco hábiles, en general y temen resbalar.

Mujer hablando a su marido mientras él se calla

Las mujeres, por su parte, se sienten seguras participando en una conversación que hable de sentimientos. Sienten que es el punto de partida para casi todo. Utilizan las palabras para relatar, pero también para demandar o expresar sus emociones.

Hablar para desahogarse, alejarse para pensar

Pongamos un ejemplo sencillo: una pareja formada por Inés y Jorge. Ambos trabajan fuera de casa y en sus respectivas oficinas las cosas no están bien. Los dos deben atravesar el tremendo tráfico del centro de la ciudad, discutir con el jefe, pensar en el dinero que cada vez alcanza menos…

Cuando regresan a casa, Jorge se sentará en el sofá para distraerse con un partido de fútbol. Pero Inés querrá hablar sobre lo que le ha sucedido. Uno opta por la gestión interna de sus problemas, la otra por una gestión compartida de los mismos.

Como dice John Gray en su libro “Los Hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, la gran diferencia entre los sexos es que cuando ellos tienen un problema se vuelven introvertidos y concentrados en otras tareas. Podría decirse que se esconden en su propia cueva y se aíslan del exterior. Es muy difícil que pidan un consejo o deleguen tareas en los demás.

Ellas se muestran emotivas y para los hombres pueden resultar abrumadoras. La manera en que alivian sus temores y sus “nudos en la garganta” es hablando, vaciándose por dentro, aunque no siempre con el objetivo de buscar o escuchar soluciones y opiniones.

Cada uno entonces afrontará el problema de una manera diferente. Quizás se deba a que los hombres deben mantener su honor y su investidura y las mujeres tienen el permiso de “llorar” o mostrar sus sentimientos.

Pareja dándose la espalda

Ella y él han de comprenderse

Más allá de las diferencias biológicas, sociales o evolutivas, lo cierto es que no podemos quedarnos de brazos cruzados cada vez que tenemos que solucionar una situación o charlar sobre un tema en particular.

Empezaremos por una lección para las mujeres. Es preciso comprender por qué motivo la pareja se esconde en esa cueva y se siente seguro en ella (hasta tal punto de no querer salir). Ese lugar íntimo e inquebrantable a donde nadie puede acceder le permite reflexionar y tomar decisiones una vez que la tormenta haya pasado.

Si te paras en el umbral y quieres traspasar ese territorio, incluso pidiendo permiso, será muy difícil que seas bienvenida. Mejor espera a que él decida salir. Lo bueno es que mientras tanto ambos se calmarán y podrán hallar una solución más efectiva.

Ahora un aprendizaje para los hombres. Cuando la pareja comienza a preguntar sobre lo que sucede e intenta que nos quedemos con ella en vez de refugiarnos, intenta enfrentar la situación. Ellas necesitan expresarse con palabras, gestos e incluso llanto y risas para demostrar lo que les pasa. También precisan sentirse apoyadas por el hombre que han elegido para su vida y que él las escuche.

Ahora bien, ¿cómo conseguimos el equilibrio entre ambas actitudes? Aquí está el quid de la cuestión, como se dice popularmente. ¿Qué tal si él se esconde en la cueva de la contemplación camino a casa en el autobús mientras ella habla con una amiga para descargar todo ese caudal de detalles de lo sucedido? De esta manera, por ejemplo, las tendencias de uno y otro ser´na mucho más relajadas cuando lleguen a casa.

Manos de pareja unidas

Esa sería una buena manera para acercarnos a un punto intermedio entre lo que cada uno suele hacer ante una situación conflictiva. No podemos obligar al otro a hablar y tampoco a callar, pero si demostramos que estamos haciendo nuestro esfuerzo para evitar que la brecha entre ambos se agrande quizás podamos encontrar un punto de encuentro.

Sobre todo tendremos la posibilidad de evitar las peleas que tanto nos hieren y perjudican la relación. Ponerse en los zapatos del otro y comprenderle es el primer paso para evitar conflictos y disfrutar de la vida compartida.

Yamila Papa

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