Engramas: las marcas de la experiencia en nuestro cerebro

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 8 febrero, 2018
Valeria Sabater · 2 febrero, 2018

Entendemos por engramas a las huellas cerebrales que nos dejan cada una de nuestras experiencias. Este proceso donde se forman pequeñas estructuras neuronales tras una sensación determinada, un evento impactante o una emoción imposible de olvidar, ya fue definido en su momento por el hinduismo: eran los Samskaras, improntas de un recuerdo del que aprender.

A pesar de que en la actualidad nadie pone en duda la existencia de los engramas, el mecanismo por el cual llegan a formarse estas improntas cerebrales sigue siendo todo un misterio. Sabemos, por ejemplo, que cuando vivimos una experiencia con una alta tensión emocional, al instante se genera una estructura de interconexión neuronal estable que influirá posteriormente en todo nuestro funcionamiento mental: pensamientos, emociones y conductas. Algo, sin duda, fascinante.

El término engrama fue acuñado por Richard Semon e investigado posteriormente por Anton Pavlov, un científico conductista que nos aportó interesantes trabajos sobre el aprendizaje y la memoria.

Ahora bien, la forma en que esa “marca neuronal” determinará nuestro comportamiento es algo que nadie puede predecir. Así, y dado este sutil mecanismo de acción, hay quien ve los engramas como una especie “chips” cerebrales; es decir, como registros en “nuestro disco duro” que nos impulsan a reaccionar de una forma determinada.

Podrían ser ellos quizá, los que articulen muchos de nuestros miedos, ellos los que nos empujen a reaccionar de un modo determinado ante ciertos estímulos -en base, por ejemplo, a una serie de engramas que se conformaron en nuestra infancia-. Hablamos de un tema interesante en el que vale la pena profundizar.

células nerviosas formando engramas

Engramas o las marcas de nuestras experiencias

Hablábamos al inicio del término Samskara. En este contexto filosófico, los hinduistas acuñaron una palabra donde recoger ese fenómeno tan común. Pensemos como, a veces, actuamos de forma singular ante determinados eventos casi sin saber por qué. Dentro de esta corriente espiritual, los Samskara se interpretan como los códigos del “karma, como improntas de un recuerdo que se integra tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente.

A su vez, resulta curioso ver que en diferentes disciplinas científicas, como es la neurociencia, esta idea tiene un relato casi paralelo. Veamos un ejemplo. Ana tiene 5 años y está aprendiendo a ir en bicicleta. En un momento dado, un perro de gran tamaño se abalanza sobre ella y le provoca una mordedura de gravedad. Ahora, 20 años después, Ana sigue sin atreverse a montar en bici. No teme a los perros, pero en su cerebro se creó un engrama donde relaciona el acto de pedalear con el sobresalto y el dolor.

Los científicos nos explican que los engramas son la prueba evidente de cómo se orquesta en nuestro cerebro el condicionamiento clásico. Es decir, por qué en ocasiones reaccionamos de un modo determinado ante estímulos que en apariencia son bastante “neutros”. Ahora bien, para que esto se lleve a cabo, para que se forme un engrama en nuestro cerebro debe existir una activación del sistema límbico, es decir debemos experimentar una emoción particular, reveladora… intensa (ya sea positiva o negativa).

Niña escuchando una caracola formando engramas

Los engramas y nuestros universos psíquicos

A día de hoy sabemos que  gran parte de nuestra vida psíquica se construye sobre engramas. Cuando vemos una rosa, por ejemplo, experimentamos cierto deleite porque de alguna manera anticipamos su olor, aunque este no nos llegue. Cuando nos tomamos una taza de chocolate evocamos recuerdos de infancia, cuando escuchamos una música que nos es conocida, al instante experimentamos toda una serie de sensaciones de bienestar, de deleite y satisfacción.

Los engramas conforman nuestra conciencia y como las redes neurales que se van gestando a medida que experimentamos, son como anclajes que trazan todo lo que somos, lo que nos hace reaccionar, vibrar de miedo o de felicidad… Es materia orgánica y eléctrica organizada en base a nuestras interacciones. Sin embargo, para los neurólogos es todo un reto arrojar luz sobre cómo se produce este entramado “físico-químico-neural”, mediante qué vías sinápticas se gestan y qué tipo de neuronas son las que se organizan para formar un engrama.

Para los científicos resulta fascinante pensar que hay un tipo de células nerviosas específicas para esta función. Son, por así decirlo, estructuras orgánicas que tienen como única función conformar parte de nuestra conciencia, construir nuestra psique, organizarse en pequeños “micro-chips” de memoria donde habitan pequeños trazos de lo que somos.

Cabeza con glándula pineal iluminada simbolizando los Engramas

Estudios recientes, como los llevados a cabo por los neurólogos Michele Pignatelli, Tomás J. Ryan y Susumu Tonegawa, nos revelan algo importante. Cuando nacemos nuestro cerebro ya está genéticamente dispuesto para que los engramas empiecen a activarse a los pocos segundos de llegar al mundo. Es como si cada uno de nosotros lleváramos un ordenador de fábrica, que, al ser “encendido”, empezara a instalar su propio software.

Ahora bien, para que esa programación sea la más óptima, la más resistente a la vez que ágil y eficaz, necesitamos que nuestras primeras experiencias, las de infancia, sean lo suficientemente estimulantes y positivas. De ese modo, nuestros primeros engramas neuronales serán cimientos cargados de energía, improntas de recuerdos y aprendizajes motivadores con los que potenciar al máximo nuestro desarrollo.