Este emotivo corto sobre el océano te enseñará una realidad que debes saber

Valeria Sabater · 6 noviembre, 2015

Este emotivo corto se abre con la tibieza de una sutil poesía. Nos sumergimos en un mundo de blancos luminosos, de un gris envolvente que nos arranca recuerdos algo tristes, pero en los que hemos de avanzar entre ese lecho marino de algas que bailan al compás de la música para de pronto, descubrirla a ella: a nuestra ballena.

No es una ballena cualquiera, se trata de las adorables marsopas. Son más pequeñas que un delfín y habitan en su mayoría en los fríos mares del Báltico. En nuestro corto, la intuimos a ella de inmediato, en compañía de su cría. Ambas nadando, bailando y avanzando con su característica aleta dorsal, triangular y pequeña, muy pequeña.

El océano es más antiguo que las montañas, más viejo que los árboles y tu frágil piel de ser humano. Es ahí donde habita la memoria de la Tierra, ahí su esencia, y ahí sus bellas custodias de mirada sabia: las ballenas.

El título de este corto es “The last memory” y en él, Oliver Latta nos trae de forma delicada y magistral, y con poco más de tres minutos, una pequeña historia con principio y final que no deja indiferente a nadie.

Su intención no era otra que la de mostrar al mundo algo que está sucediendo cada día, y que desde nuestro espacio queremos también hacerte saber para que la voz de nuestras ballenas, de los habitantes más sagrados del océano, no se pierda en el mar del silencio.

La “última memoria del océano”, una historia que no debería tener final

ballenas en el oceáno

¿Qué pensarías si te dijéramos que se estima que a día de hoy quedan unas 300 marsopas en el Báltico? Pues en efecto, esa es la lamentable realidad de un océano que va perdiendo por momentos, a cada uno de sus antiguos habitantes.

Nuestro océano es un legado que se nos otorgó como el bien más preciado de este planeta que lleva su color, que lo reviste con magia y dulzura. Sin embargo, nosotros, que no somos más que breves inquilinos, nos hemos empeñado en dejarlo vacío año a año, siglo a siglo.

Las marsopas, o también conocidas como “vaquitas marinas” por su entrañable y menudo aspecto, están a punto de extinguirse. Según un informe de la “Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza” (UICN), es muy probable que sean ellas la próxima especie marina en desaparecer. El dato es pues alarmante.

  • Las marsopas son muy vulnerables a la actividad pesquera. La gran mayoría de ellas perecen en las grandes redes de arrastre donde quedan atrapadas en compañía de otros peces.
  • Es un tipo de pesca indiscriminada que de momento no tiene perspectivas de que vaya a cambiarse.
  • Un dato que nos deja casi sin aliento es que se estimaba que en 1994 la población de marsopas estaba en los 170.000 ejemplares, pero cada año fallecían casi 8.000. Lamentable.
  • De hecho, la situación es tan grave que en muchas regiones las consideran “animales mitológicos”, puesto que ya no es común verlas. 
CORTO océano ballenas

Un hálito de esperanza…

Desde hace unos años se viene utilizando una sencilla técnica con la que esperan poder salvar, o al menos retrasar, la desaparición de las marsopas. ¿De qué modo? Se graban los sonidos que emiten las propias marsopas cuando viven situaciones de alarma o miedo, y se reproducen en dispositivos instalados en las redes de pesca.

Con ello se evita no solo que queden atrapadas, sino que lleguen a acercarse a esa zona de riesgo donde caen las redes de arrastre. A día de hoy son muchas las empresas pesqueras que las utilizan, pero no todas, puesto que la inversión es bastante elevada.

Mientras,  la marsopa del Báltico, este tipo de cetáceo genéticamente distinto al resto, está ya a punto de desaparecer del océano.

corto ballenas en el océano

Su piel grisácea y suave, su canto de lamento triste, como de serena canción de cuna, ya nunca volverá a escucharse en las frías aguas de esos océanos del Norte, ahí donde más se han ensañado con ellas, ahí donde la pesca, la caza y las explotación del petróleo y la contaminación las están haciendo desaparecer.

Al final, muchos de nuestros dioses de los mares no serán más que fantasmas del ayer, seres de la mitología a medio camino entre el ensueño y el olvido. No podemos pasar por alto lo que la pesca intensiva está provocando en los mares, lo que esas cazas salvajes hacia nuestras ballenas, delfines y tiburones está ocasionando en nuestro ecosistema marino.

No permitas que el océano sea un palacio vacío sin voces, sin las nobles presencias de nuestras ballenas, de nuestras bellas criaturas marinas. Sin ellas, parte de nuestra esencia quedará huérfana, y ya no tendremos legado alguno que ofrecer a nuestros nietos.

Piensa en ello. Comparte este video y ayuda a que esto no ocurra…