Estrés postraumático relacionado con el cáncer

El cáncer puede desencadenar estrés postraumático. Piensa que la mayoría de las personas que reciben este diagnóstico lo consideran una potencial amenaza contra su vida, con todo lo que esto supone. Así, en este artículo hablaremos de la importancia de la intervención en el plano psicológico para la recuperación.
Estrés postraumático relacionado con el cáncer
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 08 enero, 2023

Generalmente, asociamos el trastorno de estrés postraumático (TEPT) a determinadas experiencias, como atentados, accidentes o abusos. Así, recibir un diagnóstico de una enfermedad puede desencadenar el mismo proceso. De hecho, el estrés postraumático relacionado con el cáncer es una realidad bien documentada de la que cada vez tenemos más información.

No en todos los casos la experiencia de enfermedad desemboca en un TEPT. Existen factores de riesgo individuales y contextuales. Aun así, se estima que entre el 5 % y el 35 % de los pacientes con cáncer terminan desarrollando TEPT. Esto implica la necesidad de realizar un apropiado acompañamiento psicológico y de intervenir para atenuar los síntomas del trastorno.

Mujer triste en el salón
La gravedad del cáncer o la presencia de dolor son factores de riesgo para desarrollar un trastorno de estrés postraumático.

La relación entre el estrés postraumático y el cáncer

El TEPT es un desorden que se desencadena cuando la persona percibe una amenaza muy seria que compromete su supervivencia. Cuando el evento es repentino e inesperado, genera un fuerte impacto emocional imposible de manejar y se vive con terror y desesperanza, hablamos de trauma. En relación al cáncer, hay varios elementos que contribuyen a que la vivencia tome esta forma.

El momento del diagnóstico, las diferentes pruebas y los tratamientos a los que se somete la persona, recibir resultados desfavorables, atravesar estancias hospitalarias… Todos estos momentos son potenciales generadores de estrés.

Además, se han determinado ciertos factores que incrementan el riesgo de que se desencadene el trastorno. Entre ellos se encuentran la gravedad del cáncer, la presencia de dolor y los efectos secundarios de los tratamientos, haber sufrido traumas previos o contar con escaso apoyo asocial.

En todos los casos es natural que una persona con la enfermedad (o que ha sobrevivido a ella) sufra ansiedad, miedo y un agobio muy grande por la incertidumbre a la que se enfrenta, especialmente si el diagnóstico es reciente. No obstante, cuando este malestar es muy intenso, interfiere de forma significativa con el funcionamiento diario y no remite con el tiempo, puede haber un diagnóstico mental concurrente que es necesario atender.

Síntomas y manifestaciones

Los síntomas del estrés postraumático relacionado con el cáncer son similares a los que se presentan tras otro tipo de experiencias traumáticas. Principalmente encontramos los siguientes:

  • Preocupación constante.
  • Miedo a una recurrencia de la enfermedad.
  • Pesadillas y flashbacks sobre la enfermedad o los tratamientos experimentados.
  • Miedo al futuro y pensamientos intrusivos aterradores.
  • Irritabilidad, agitación, insomnio y fatiga.
  • Comportamientos evitativos relacionados con aquellos eventos, lugares o personas que recuerdan a la enfermedad. También pueden evitarse emociones y pensamientos relacionados.
  • Sentimientos de culpa, desesperanza, vergüenza e ira.
  • Embotamiento emocional o dificultad para sentir emociones.

Todos estos síntomas no solo generan gran malestar emocional en los pacientes, sino que además interfieren en su funcionamiento diario. Especialmente peligroso resulta cuando la tendencia a la evitación hace que no acudan a citas médicas, realicen las pruebas pertinentes o sigan los tratamientos prescritos. Por lo mismo, es fundamental prestar atención a la posible aparición del trastorno e intervenir apropiadamente.

Correlatos neurobiológicos

El estrés postraumático relacionado con el cáncer no solo se ha identificado por los testimonios y manifestaciones de los enfermos, también se ha descubierto a nivel de cambios anatómicos y funcionales en el cerebro. Y es que algunos estudios han comprobado que la alteración en los sistemas neurobiológicos implicados en el TEPT se produce también en los casos de cáncer.

Concretamente, tienen lugar los siguientes procesos:

  • Se intensifica la actividad de la amígdala, lo que genera una respuesta exacerbada al miedo y a los estímulos que se perciben como amenazantes.
  • Disminuye la receptividad de la corteza prefrontal, lo que impide la inhibición funcional de la amígdala.
  • Se observa una alteración en el volumen y la función del hipocampo, lo que genera deficiencias en la memoria explícita.
  • Hay una hiperactividad de la ínsula, que lleva a la persona a revivir el trauma, a tener pensamientos intrusivos y a las conductas de evitación.
  • Se desactiva el área de Brocca, lo que genera dificultades en estos pacientes para estructurar cognitivamente, describir y verbalizar su experiencia traumática.

Se ha observado que son los síntomas intrusivos los que más se presentan en pacientes oncológicos con TEPT, y constituyen el núcleo del trastorno en estos casos. Además, debido a las dificultades de verbalización, parece preferible optar por intervenciones multimodales y no únicamente conversacionales para abordar el trauma.

Mujer con cáncer haciendo terapia
El no tratamiento del estrés postraumático relacionado con el cáncer puede llevar a no aceptar la enfermedad y experimentar depresión o ansiedad.

Detectar y tratar el estrés postraumático relacionado con el cáncer

Todo lo anterior nos indica que el estrés postraumático relacionado con el cáncer es relativamente frecuente, por lo que es importante prestar atención para detectarlo e intervenir lo antes posible. Y es que, de no tratarlo, puede llevar a la persona a no aceptar plenamente la enfermedad, no recibir los cuidados oportunos o sufrir, además, trastornos depresivos o de ansiedad.

Hemos de considerar que el TEPT puede aparecer en cualquier momento durante la enfermedad o incluso tras la recuperación, y que puede afectar también a cuidadores y allegados (especialmente en el caso de cáncer infantil). Por esto, es necesario realizar un seguimiento.

Una vez que se detecta la presencia de TEPT asociado al cáncer, es posible intervenir de diferentes formas. La medicación puede ser necesaria en casos graves y los grupos de apoyo constituyen una ayuda fundamental por ofrecer un espacio seguro para expresar y compartir las vivencias y emociones asociadas.

No obstante, principalmente conviene aplicar un proceso de psicoterapia basado en EMDR o terapia cognitivo-conductual; estos procedimientos pueden ayudar a la persona a procesar adecuadamente el trauma, reducir los síntomas del TEPT y enseñarla cómo afrontar el estrés y los desencadenantes para poder continuar el tratamiento y hacer frente a la enfermedad de forma adecuada.

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