Experimento sobre el efecto del falso consenso de Ross

Edith Sánchez · 28 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 24 septiembre, 2019
El psicólogo Lee Ross, profesor de la Universidad de Stanford, llevó a cabo un experimento para probar el efecto del falso consenso, un sesgo cognitivo que nos lleva a distorsionar la visión que tenemos de la realidad.

El efecto del falso consenso es un sesgo cognitivo. Este nos lleva a pensar que las demás personas, de forma mayoritaria, piensan de manera similar a como lo hacemos nosotros. Y cuando sabemos que no es así, también tendemos a sobrestimar el número de personas que pertenecen al grupo de los que piensan de determinada manera o practican ciertas conductas.

Es así como el efecto del falso consenso lleva, por ejemplo, a que una persona de un ideología política determinada piense que esa ideología es la que más predomina en el mundo. O que alguien de determinada religión, crea que los miembros de la misma son más de los que realmente existen.

El ego no es jefe en su propio hogar”.

-Sigmund Freud-

El psicólogo Lee Ross, profesor de la Universidad de Stanford, decidió hacer un experimento para probar el efecto del falso consenso. Aunque no ha sido el único en realizar este tipo de pruebas, la suya se convirtió en un referente clásico del tema.

Cabezas de dos personas mirándose

El primer experimento sobre el efecto del falso consenso

El primer experimento sobre el efecto del falso consenso se llevó a cabo en 1977. El grupo base de la investigación eran estudiantes voluntarios, la mayoría de ellos muy jóvenes.

A este grupo se le pidió que leyera una serie de textos. En ellos, se describían situaciones en las cuales había un conflicto, el cual implicaba un dilema sobre cómo responder a la situación.

Después de realizar la lectura, a todos se les pidió que respondieran tres preguntas:

  • Qué opción creen que elegirá la persona involucrada en el conflicto.
  • Qué opción elegiría él mismo.
  • Cuáles son las características de la persona que elige una opción y cuáles las de quienes eligen la otra.

La mayoría de los voluntarios respondieron de forma similar las preguntas 1 y 2. Es decir, pensaban que la persona involucrada en el conflicto elegiría la solución por la cual ellos mismos también optarían. En la pregunta 3, respondieron ponderando la solución que ellos habrían elegido y denigrando de quien escogiera la otra solución.

El segundo experimento sobre el efecto del falso consenso

El segundo experimento sobre el efecto del falso consenso también se llevó a cabo con estudiantes universitarios. Se les propuso llevar un cartel con el mensaje “Come en lo de Joe” y dar un paseo por el campus con este encima, durante 30 minutos. Había total libertad de participar o no. Para motivarlos, se les dijo que al final podrían aprender algo útil.

Al final, se entrevistó a los que habían aceptado ponerse el cartel y a los que se habían negado a hacerlo. La pregunta era: ¿cuántos voluntarios cree que aceptaron llevar el letrero encima? Quienes habían aceptado llevar ese letrero, pensaron que el 62 % de los demás voluntarios también lo habían hecho. En cambio, quienes se negaron, pensaron que solo lo había hecho el 33 % de los voluntarios.

Nuevamente, se comprobó que el efecto de falso consenso se hace presente. Cada persona cree que forma parte de la mayoría, aunque no tenga ninguna evidencia que así lo indique. Basta con pensar de una forma, para creer que los demás también lo hacen.

Mujer pensando con la mano en la barbilla

Otros experimentos

El efecto del falso consenso no solo nos lleva a pensar que la mayoría actúa como nosotros, sino también a juzgar con base a esa idea. En otras palabras, creemos que nuestra forma de pensar es la “normal”. A su vez, las formas diferentes de pensar son “raras” o, en todo caso, son evidencia de una especie de error o dificultad. Vemos a quienes son diferentes como gente que se aparta de “lo normal”.

Los experimentos sobre el fenómeno del falso consenso se han repetido muchas veces y de diversas maneras. Por ejemplo, se hizo un sondeo entre los jóvenes sobre la ingestión de alcohol. A todos ellos se les preguntó: “¿Cuánta gente de tu edad suele beber alcohol?” Más del 50 % de los jóvenes que tomaban alcohol habitualmente respondieron: “casi todos”. En los no consumidores, solo el 19 % pensó que así era.

Todo esto nos habla de algo que nos es muy familiar: la falta de empatía. Estamos tan concentrados en nuestra propia visión, que nos cuesta trabajo ponernos en el lugar de otros para ver la realidad desde otras perspectivas. Dicho de otro modo, vemos el mundo y a los demás como una prolongación de nuestro yo.

  • Senar Morera, F. (2017). ¿ Es capaz el mindfulness de reducir la intensidad de juicio y el efecto de falso consenso?.