Géza Róheim y la amalgama entre psicoanálisis y antropología

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 20 octubre, 2018
Edith Sánchez · 21 octubre, 2018

El nombre de Géza Róheim no es tan conocido como otros en el mundo del psicoanálisis; no obstante, es uno de los exponentes más brillantes de esa corriente. De hecho, el propio Sigmund Freud dijo que este investigador era uno de los pocos que había logrado ampliar las fronteras de lo psicoanalítico y lo cultural, más allá de lo que había quedado planteado en la gran obra Tótem y tabú.

A Géza Róheim se le considera el padre de la antropología psicoanalítica. También se le admira por haber efectuado unos rigurosos registros en su trabajo de campo. Este último lo realizó con comunidades ancestrales de Australia y Norteamérica. Ese mismo rigor es el que con el tiempo le ha dado un lugar de privilegio en la historia del psicoanálisis.

“¡Cuántas puertas habrían permanecido cerradas para mí si los seres eternos del sueño, la altjiranga mitjina, no me hubieran dado a menudo las llaves!”.

-Géza Róheim-

La obra cumbre de Géza Róheim lleva por título Psicoanálisis y antropología. En esta logra aplicar los principios freudianos a la comprensión de la cultura. Esto era algo que muchos de sus contemporáneos consideraban equívoco. Sin embargo, la solidez de los planteamientos de Róheim ha ido despejando todas las dudas a través del tiempo.

El origen de Géza Róheim

Géza Róheim nació en Budapest (Hungría) en septiembre de 1891. A diferencia de muchos otros pioneros del psicoanálisis, Róheim vivió una infancia muy feliz. Era hijo único de una familia de comerciantes judíos, que lo rodearon de cuidados y amor. Su abuelo se desvivía por él y le transmitió su interés en los mitos y leyendas populares.

 Géza Róheim

Cuando Géza Róheim tenía apenas 8 años leyó El último mohicano, de James Fenimore Cooper. Esta aproximación a las culturas primitivas lo fascinó desde el primer momento. Desde entonces comienza a leer todo lo que encontraba sobre el tema y muy pronto se convierte en un experto.

Róheim era una persona alegre y dinámica que repartía su tiempo entre los libros de mitología y etnografía y su afición por la buena cocina y por los deportes. En 1914 se graduó como geógrafo. Más adelante continuó su formación en Leipzig y en Berlín. Fue allí donde por primera vez entró en contacto con el psicoanálisis a través de la obra de Otto Rank.

Una nueva vertiente

Géza Róheim afirmaba que el descubrimiento de la obra de Freud fue absolutamente revelador para él. Sentía que todos sus conocimientos eran como piezas separadas y dispersas. El psicoanálisis fue esa estructura teórica que le permitió darle orden y sentido a muchas de sus observaciones y saberes.

Pintura de Sigmund Freud representando las teorías de Géza Róheim

Róheim se hizo psicoanálisis, primero con Sandor Ferenczi y luego con Wilma Kovacks. En principio estuvo muy influenciado por la obra de Melanie Klein. Sin embargo, más adelante se adentró directamente en la obra de Freud y varió algunos de sus conceptos, acercándose más al psicoanálisis clásico. Conoció personalmente a Freud en 1918.

Desde entonces, la obra de Róheim se enfocó a hacer una interpretación psicoanalítica de los fenómenos culturales y sociales. Lo suyo no fue un trabajo analítico y teórico, sino que estuvo sustentado por su convivencia con comunidades ancestrales, con las cuales logró una gran empatía y afecto.

El trabajo de Géza Róheim

Géza Róheim publicó varias obras de gran alcance, como el ya mencionado Psicoanálisis y antropología, El enigma de la esfinge, Magia y esquizofrenia y Las puertas del sueño. Su trabajo fue escrito originalmente en húngaro y luego fue traducido al inglés y el francés. Solo una pequeña parte de su obra está en español.

nativos representando las teorías de Géza Róheim

Róheim planteó que los mitos y las leyendas de los pueblos originarios tienen una estructura similar a la de los sueños individuales. Desde ese punto de vista, también esas producciones culturales podían ser analizadas como un sueño. Así mismo, presenta serias evidencias de que el complejo de Edipo, postulado por Freud, es universal. Es decir que está presente en todos los tiempos y culturas.

En su momento fue uno de los grandes contradictores de famosos antropólogos como Bronislaw Malinowski y Margaret Mead. Cuestionaba su interés por mostrar las particularidades de cada cultura, haciendo creer que había grandes diferencias entre una y otra. Para Róheim ocurría todo lo contrario: los elementos universales superaban con creces las especificidades circunstanciales. Géza Róheim murió en Estados Unidos, en 1953, dos meses después de que falleciera su esposa, a la que amaba entrañablemente.

Romero, A., & Visbal, A. (1999). Relaciones científicas: acerca de las conexiones de la Psicología y otras ciencias. Discernimiento, 11.