Hijo ancla, cuando los padres atan emocionalmente a un hijo

Un hijo ancla es aquel que queda atrapado en los miedos y necesidades de sus padres.
Hijo ancla, cuando los padres atan emocionalmente a un hijo
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 24 agosto, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 24 agosto, 2021

Última actualización: 24 agosto, 2021

Los hijos necesitan libertad en su conquista de la autonomía. Solo así estructuran su identidad, sus propias creencias y sus opiniones y esto les permite transitar el sendero hacia la vida adulta. Cuando los padres atan emocionalmente a un hijo, se convierten en un obstáculo para su desarrollo, transformándolo en un hijo ancla.

Hay padres que desde la misma infancia de sus hijos empiezan a concebir sus destinos en función de sus propias necesidades. Se adelantan al futuro y les asignan responsabilidades que no les corresponden. Ven en el hijo un refugio frente a la soledad o un salvavidas frente a las pérdidas de la vejez. También pueden esperar que alguno de ellos se haga cargo de sus hermanos o que continúen con algún tipo de tradición familiar.

Algunos padres creen que su estabilidad emocional o económica depende de que sus hijos estén conviviendo con ellos. Estos padres son víctimas de sus propios miedos e inseguridades y, al no superarlas se las transmiten a sus hijos, para que se queden con ellos. La mayoría no son conscientes, pero de igual forma hacen mucho daño.

Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino”.

-José María Pemán-

Padres hablando con su hija

El mandato en el hijo ancla

Los progenitores acuden a frases de desvalimiento para manipular a sus hijos. Estas se transforman con el tiempo en un mandato y en una condena. Este tipo de relación poco sana se traduce en un contrato que, por lo general, el hijo ancla cumple.

Con ello, este hijo renuncia a sus propios planes. En muchos casos sacrifica la posibilidad de formar su propia familia, de formarse en un determinado lugar o de aceptar una oportunidad profesional realmente atractiva para él. Los planes que busca concretar tienen que incluir a los padres: este se trasforma en el requisito fundamental.

El mandato consiste en tomar para sí la responsabilidad del bienestar y la felicidad de sus padres, sin importar el coste. Los hijos que asumen este papel deben soportar una enorme carga emocional y se sienten culpables solo de pensar en hacer una vida independiente.

Hay hijos ancla que continúan viviendo en el que fuera el hogar de sus padres “cumpliendo” el destino asignado, incluso cuando ya no existen. En otros casos, los hijos llegan a formar sus propias familias, pero los conflictos con sus padres, surgidos de esta decisión, hacen que retrocedan, se divorcien y vuelvan a vivir en el hogar paterno.

Consecuencias relevantes

Los problemas no resueltos de los padres pueden echar a perder a toda una generación de hijos e incluso prolongarse más allá. Es bastante probable que estos padres hayan sido educados de la misma forma en que hoy intentan “formar” a sus descendientes.

Esta forma de manipulación afectiva ejercida por los padres tiene como resultado hijos frustrados y sin mayores expectativas frente a la vida. Al usar al hijo ancla como una especie de muleta, se le está forzando a que se olvide de su propia existencia.

Al respecto, los hijos reprimen sus necesidades y deseos en favor de un supuesto amor. Ese afecto es en realidad irracional y neurótico. En muchos casos, con la muerte de los padres estos hijos se sentirán perdidos al no saber qué hacer con la libertad y con su vida.

Hombre llorando sentado en el suelo

Una dependencia continua

Por lo general, este tipo de situaciones pueden producir fuertes sentimientos de amor-odio hacia los progenitores. De hecho, en algunos casos esta situación es fuente de altercados permanentes con reclamos constantes de ambas partes. Cuando la relación persiste, se vuelve enfermiza.

Este encadenamiento mutuo restringe la libertad de los involucrados e impide la culminación de los deseos y metas más anhelados. Así mismo, alimenta la inseguridad y la baja autoestima en el hijo ancla.

Así, concebir la vida como una serie continua de sacrificios en función de un concepto de amor mal entendido tiene consecuencias. Puede derivar en problemas serios en el funcionamiento psíquico, como puede ser una fobia o un trastorno obsesivo-compulsivo.

Igualmente, la culpa que se experimenta al incumplir el mandato puede degenerar en enfermedades somáticas u otro tipo de trastornos. Estos tienen repercusiones importantes en el organismo del afectado, porque la carga que debe soportar supera sus capacidades.

Lo que se puede esperar

Es importante que los hijos tengan una actitud positiva hacia sus padres, lo que no quiere decir que estos tengan derecho a determinar su futuro.

Es más, lo que hoy sabemos es que criar hijos responsables e independientes redunda de manera favorable en cómo terminan contribuyendo al bienestar de los padres. En estos casos, cuando aparece una dificultad, los hijos estarán atentos a colaborar en la medida de sus posibilidades. Además, es más complicado que se produzca una ruptura de la relación.

En esta misma dirección, al final para la mayoría de los padres no existe satisfacción más grande que ver a los hijos sostenerse por sus propios medios. Que son felices con la vida que han elegido, siendo muy importantes en ella por propio deseo de los que un día vieron crecer, permitieron que crecer y animaron a crecer.

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  • Chávez, M. A. (2017). Tu hijo, tu espejo (nueva edición): un libro para padres valientes. Grijalbo.