Los introvertidos no son aburridos, solo hay que saber descubrirlos

Si eres una persona introvertida, puede que en más de una ocasión te hayan tildado de aburrido y hasta de soso. Lo cierto es que no todos son capaces de descubrir el tesoro que se esconde bajo tu aparente silencio y mesura.
Los introvertidos no son aburridos, solo hay que saber descubrirlos
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 30 julio, 2022

Hay un gran atractivo en los que apenas hablan y pasan desapercibidos en fiestas y actos sociales. Sin embargo, no todos son capaces de apreciarlo. Hay quien los ve como tímidos, poco afables e incluso de asociales. Es más, no dudan en decir que los introvertidos son aburridos, y que nadie puede divertirse junto a este tipo de personalidad.

Se dice, por ejemplo, que Agatha Christie fue siempre la clásica persona que evitaba cualquier evento público y social. Temía parecer, según sus propias palabras, una «tímida idiota». Pero no era tímida, era introvertida y siempre le costó gestionar su vida pública. Su refugio era la escritura, y en ese mundo alternativo encontró su felicidad.

De hecho, creó personajes de una personalidad muy distinta a la suya. Miss Marple era la clásica mujer resuelta, entrometida, parlanchina y avispada a quien no se le pasaba un detalle. Hercules Poirot era el claro ejemplo de una persona segura de sí misma. Agatha Christie trazó un universo propio dominado por el misterio y por personalidades inolvidables.

Es muy posible que en alguna ocasión dijeran de ella que era algo aburrida, que no era precisamente el alma de ninguna fiesta. Sin embargo, nadie podía negar que detrás de ese comportamiento poco efusivo o chispeante, había alguien con una gran luz interna.

Generalizar y atribuir a la introversión términos negativos como inseguridad, antipatía, frialdad, falta de entusiasmo o de carisma, es un error y una forma de discriminación.

Chico aburrido en el sofá pensando que los introvertidos no son aburridos
La introversión sigue siendo un rasgo de personalidad malentendido.

Los introvertidos no son aburridos, solo son más silenciosos

Desde que Carl Jung popularizara los términos introversión/extraversión en su libro Los tipos psicológicos han pasado décadas. La premisa básica que nos dejó en su teoría es que las personas introvertidas no necesitan, por lo general, estímulos externos para sentirse bien.

Sin embargo, si el querido psiquiatra suizo echara una mirada a nuestro presente, probablemente se indignaría ante cómo estamos tratando este tema (al menos desde la psicología popular). En realidad, Jung definió estos conceptos como diferentes tipos de conciencia que todos podemos experimentar en determinados contextos y situaciones. Dicho de otro modo, cada uno de nosotros nos mostramos más o menos introvertidos en función de distintas variables, como el entorno social en el que nos movamos.

Además, atribuimos rasgos y características a cada esfera de manera sesgada. Por ejemplo, en un estudio realizado en la Universidad de Essex sumaron evidencias a una creencia compartida. Por término medio, la población piensa que los introvertidos carecen de sentido del humor, son aburridos, poco amables y un tanto incompetentes.

Seguramente, Carl Jung se sentiría algo enfadado ante estas atribuciones erróneas… Porque no, los introvertidos no son aburridos. Es la propia cultura quien tiende a valorar más un tipo de comportamiento (más efusivo, ruidoso y temperamental) frente a otro más sosegado.

Tendemos a ver la introversión como lo opuesto a la extroversión (y viceversa). Sin embargo, no estamos ante dos tipos psicológicos completamente opuestos. En realidad, todos nos movemos por un continuo en el que a veces somos más retraídos y otras nos apetece el contacto social.

Cuando el exhibicionismo psicológico triunfa y gana likes

Vivimos en una sociedad en la que quien se exhibe, triunfa; quien es muy extrovertido, abierto y dicharachero, atrae la atención al segundo. Es más, en el universo de las redes sociales abunda sobre todo el exhibicionismo psicológico. Quien expone su vida, sus pensamientos y sus necesidades atrae de inmediato el interés de miles de personas.

Esto explica el éxito de los realities o de esos instagramers que hacen público su día a día. Son esas dinámicas llamativas y faltas de privacidad las que entretienen, gustan y logran el éxito. Los introvertidos, a quienes no les agrada exhibirse, no tienen espacio en esos medios, porque quien no hace ruido, sencillamente, no existe.

Lo mismo sucede en fuera de las lindes del territorio digital. En el mundo real, las presencias tranquilas pasan desapercibidas y esto provoca que sean los más asertivos, entusiastas e impulsivos los que se ganen, en un primer momento, la confianza de cualquiera. Sin embargo, con el tiempo y el día a día, se descubre que quien no era tan ruidoso, escondía valías extraordinarias.

Los introvertidos no necesitan ni quieren tener la atención de los demás sobre ellos a cada instante. Les gusta observar antes que ser observados. Pero cuidado, porque también ellos necesitan ser reconocidos por lo que son y por lo que valen.

Los introvertidos no son aburridos, pero temen aburrir a los demás

Es cierto, los introvertidos no son aburridos, pero si hay un temor que suelen compartir es el de aburrir a los demás. Parece una contradicción, pero es fácil de comprender. Ese miedo está inoculado a raíz de los prejuicios que sobrevuelan sobre este tipo de personalidad. Se da tanto valor al perfil extrovertido, a la persona carismática, habladora y atrevida, que uno suele sentirse en desventaja ante esas características.

Asume que, al no dominar demasiado ese terreno donde el extrovertido se mueve como pez en el agua, el introvertido ahoga a cualquiera de aburrimiento. Porque prefiere la calma al jolgorio. Porque no es tan directo y tarda un poco más en abrirse a los demás. También, porque no siempre domina de manera tan eficaz en habilidades sociales, como la asertividad…

Amigos hablando en la oficina sobre que los introvertidos no son aburridos
Los introvertidos necesitan un poco más de tiempo para sentirse cómodos con los desconocidos.

Más silenciosos, sí, menos interesantes, no

Según las reglas que rigen al mundo actual, es complicado que un introvertido pase por una persona divertida. Ahora bien, tras esta personalidad se esconden grandes tesoros, valores y deseos por conformar lazos fuertes y significativos con los demás. Solo hay que ser pacientes, sensibles y curiosos ante personas que, aunque no hablen tanto ni tan alto, tienen cosas interesantes que decir.

Como dijo Carl Jung, el introvertido aprecia una vida más simple y son mucho más reflexivos. Esto los aleja sin duda de las actuales dinámicas sociales tan orientadas al ruido, a la exhibición y a la comunicación impulsiva y nada reflexiva. Es momento de dejar de ver la introversión como una debilidad, un defecto o una carencia de carácter. Tienen mucho que aportar y expresar.

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    • Cain S. (2013). Quiet: The power of introverts in a world that can’t stop talking. Broadway Paperbacks.
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