Jean-Michel Basquiat, biografía de un artista post-pop

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 4 febrero, 2019
Edith Sánchez · 4 febrero, 2019
La vida de Jean-Michel Basquiat estuvo marcada por un deseo casi sobrehumano de expresarse a través de la pintura y, a la vez, por un fuerte sentimiento autodestructivo que lo llevó a morir tempranamente, cuando tenía 27 años. Hoy descubrimos cómo se conformó la obra de este artista nacido en las entrañas de Nueva York.

Cuando se habla de Jean-Michel Basquiat, se está hablando de creatividad, de irreverencia, de sorpresa y de nuevas sensibilidades. Fue un símbolo del arte urbano, de la mezcla de culturas y de las nuevas sensibilidades del hombre contemporáneo. Su arte, como su vida, es una amalgama de ternura y brutalidad al mismo tiempo.

Este artista estadounidense se hizo famoso gracias a sus graffitis y su pintura. En su faceta menos conocida, Basquiat también incursionó en el dibujo, la música e incluso la poesía. Fue, quizás, uno de los primeros representantes de ese híbrido que es el artista contemporáneo, que ya no se vuelve célebre por su virtuosismo, sino por la multiplicidad de significados que conforma su obra.

No pienso en el arte cuando estoy trabajando. Trato de pensar en la vida”.

-Jean-Michel Basquiat-

Jean-Michel Basquiat vivió tan solo 27 años, pero a pesar de su prematura muerte, logró convertirse en un referente del arte contemporáneo. Tuvo una existencia errante, vivaz y trágica. El eje que lo definió fue la rebeldía frente al mundo, un cierto malestar que jamás lo abandonó y que quedó plasmado en cada uno de sus graffitis, pinturas, poesías y temas musicales.

Cuadro de Jean Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat, hijo de inmigrantes

Jean-Michel Basquiat nació el 20 de diciembre de 1960 en Brooklyn, Nueva York (EEUU). Era hijo de Gerard Basquiat, un contador haitiano y de Matilde Andrades, una diseñadora gráfica puertorriqueña, que ejerció una importante influencia en su obra. Tuvo dos hermanas, ambas menores que él. Este origen le marcaría para siempre y, muy pronto, entraría en contacto con las nuevas formas de arte urbano que se estaban gestando a su alrededor, especialmente, en aquellos barrios más marginales de la ciudad.

Desde muy pequeño, Jean-Michel mostró un gran interés en el dibujo. Su padre le llevaba papel de la empresa y el niño lo llenaba con bocetos que copiaba de los diccionarios que había en su casa. Su madre se percató de ese temprano interés y se esforzó por alentarlo. Lo llevaba frecuentemente a los grandes museos de la ciudad y también le inculcó el gusto por la lectura. Muy pronto, el pequeño Basquiat se convirtió en un lector voraz.

Posteriormente, Jean-Michel Basquiat se interesó mucho por el cine y los dibujos animados. En particular, se sentía una profunda fascinación por las películas de Alfred Hitchcock. Cuando tenía 8 años, fue atropellado por un vehículo y estuvo hospitalizado durante un mes. Para ayudarle a sobrellevar la convalecencia, su madre le obsequió un manual de anatomía de Henry Gray. Este libro tuvo una influencia decisiva en su obra.

Los años tormentosos

La vida de Jean-Michel Basquiat se tornó tormentosa a partir de los 11 años. Sus padres se separaron y él se quedó viviendo con su padre, ya que la madre sufría de una severa afección depresiva. A los 16 años, huyó por primera vez de su casa, pero posteriormente regresó. En este momento, Basquiat es enviado a una escuela especializada para niños superdotados. Allí, conocerá a su primer gran compañero de trabajo artístico, Al Díaz.

Desde la década de los sesenta, Nueva York y, en concreto, algunos barrios marginales como el Bronx, estaba experimentando el florecimiento de un nuevo tipo de arte. El arte ya no era exclusivo de los museos, sino que se gestaba en las calles, en los rincones. Los jóvenes de barrios marginales encontraron su forma de expresarse en las paredes de la ciudad, tiñéndolas de reivindicación y, sobre todo, de arte.

En su adolescencia, Basquiat comienza a incursionar formalmente en el graffiti, pero también entra en contacto con las drogas. Se involucra estrechamente con los artistas callejeros. Junto a su amigo Al, se dedican a llenar los muros de Nueva York con sus graffitis, especialmente, en la zona de Soho. Sus graffitis se caracterizaban por tener mensajes poéticos y extraños símbolos.

Basquiat y Al Díaz firmaban los grafitis con la sigla SAMO, que significaba SAMe Old shit, es decir, “la misma mierda de siempre”. Por aquel entonces, incursiona en el teatro y en la música. También huye por segunda vez de su casa y se pasa más de dos semanas consumiendo ácido. Basquiat fue expulsado de su escuela y, a partir de este momento, decide emprender una vida en solitario, dejando su casa y los estudios.

Pintura de Basquiat

Una obra de trascendencia

De esa cultura suburbana y de su condición de negro, con raíces latinas, nacen muchas de sus obras. Pronto llama la atención de la crítica, que comienza a hablar de los graffitis firmados por SAMO. Poco después, forma parte del primer grupo de graffiteros que expusieron en un museo de los Estados Unidos. El arte urbano ya no era exclusivo de las calles, sino que era algo digno de ocupar su lugar en los museos.

Comienza entonces una etapa en la que el éxito se combinaba con una adicción cada vez más severa a las drogas. En total, Basquiat realizó más de 100 exposiciones colectivas y 40 individuales. Ha sido el artista más joven de la historia en ser invitado por la prestigiosa feria Documenta y por el Museo Kestner-Gesellschaft de Hannover. Entabló una gran amistad con varios grandes artistas, en especial, con Andy Warhol, que trabajó varios años con él.

Jean-Michel Basquiat fue un gran viajero. Todavía no había llegado de un periplo que ya se estaba embarcando en otro. Las drogas y un fuerte instinto autodestructivo marcaron su vida. Dilapidaba el dinero comprando ropa cara, cocaína y heroína. También fue víctima de varios robos.

En 1988, hizo un viaje a Hawái, con el fin de desintoxicarse. El 1 de agosto volvió a Nueva York y declaró haber dejado sus adicciones. El 12 de agosto del mismo año murió como consecuencia de una sobredosis.

Una vida llena de vaivenes, de inestabilidades que, por desgracia, terminó de forma prematura. Sin embargo, hoy en día, el nombre de Jean-Michel Basquiat sigue siendo sinónimo de innovación, de arte callejero… Y, sobre todo, de cómo ese arte urbano puede ser celebrado y digno de admirar en un museo; aunque esto, de alguna manera, conlleve la pérdida de lo efímero y, en cierto modo, también de lo urbano.

Por esta razón, no estuvo exento de críticas, pues algunos artistas coetáneos lo veían como un fenómeno de masas, como alguien que se había vendido. El arte callejero no está pensado para los museos, sino para las calles y, para muchos, ahí debería residir hasta su desaparición, sin intervenir en su conservación.

Sea como sea, y sin importar el punto de vista que tengamos acerca de este tipo de arte, de lo que no cabe duda es de que Jean-Michel Basquiar logró reivindicar y dar voz a un movimiento que, hasta ese momento, era considerado de mal gusto y totalmente marginal.

  • Hugo, V. El miedo a la musa: arte y droga en la segunda mitad del siglo XX: Andy Warhol y la Factory, Jean-Michel Basquiat, Damien Hirst [1].