La bella historia del elefante encadenado

Edith Sánchez · 4 agosto, 2018

La historia del elefante encadenado nos cuenta que en una pequeña población vivía un niño muy juguetón, curioso y divertido. Sus padres tenían una granja y él consideraba a todos los animales como sus amigos. Las gallinas, los patos, los cerdos y las vacas eran sus compañeros de juego. A todos los había bautizado y les hablaba como si pudieran entenderle.

Un día llegó a ese pueblo un gigantesco circo. El niño de la historia del elefante encadenado nunca había visto un circo. Los chicos en la escuela no hacían más que comentar el acontecimiento. Tras las clases, todos iban a mirar cómo levantaban la carpa y cómo disponían todo para realizar su primera función.

El pequeño le pidió a sus padres que lo llevaran a ver el circo. Se moría de ganas por observar a los malabaristas, a los payasos y, por supuesto, a los domadores. Había notado que llevaban consigo animales colosales y misteriosos. Un tigre, un león, un elefante y varias cebras. Todo un banquete para el chico.

Cuando el apego no tiene más razón que el hábito y no aparecen propósitos que den sentido y trascendencia, es el momento de soltar”.

-Sergio Sinay-

Una tarde de circo

Los padres del niño accedieron a llevarlo. El pequeño estaba totalmente emocionado. Casi no pudo dormir en la noche del sábado, sabiendo que al día siguiente vería el tan anhelado espectáculo que lo tenía intrigado. Con las primeras luces se levantó de su cama. Estuvo listo en un dos por tres. Era como si las horas no pasaran, hasta que por fin llegó el momento.

ilustración representando la historia del elefante encadenado

Al niño le compraron palomitas de maíz y algodón de azúcar. Disfrutaba de sus golosinas, pero más de ver el espectáculo, que le parecía de otro mundo. Le encantaron los trapecistas y, por supuesto, los números con animales. El león era tan dócil que saludaba al público. Las cebras eran tan ágiles, que corrían en círculos perfectos sin perder el ritmo. Y el elefante era tan simpático que se paraba en dos patas y bromeaba con los payasos.

El pequeño quedó tan fascinado que al final de la función quiso ir a la trastienda para ver a los artistas y, por supuesto, a los maravillosos animales. Así lo hizo. Paseó con sus padres por el lugar y al fondo vio que las fieras estaban en jaulas. El elefante, sin embargo, estaba al aire libre. El chico se acercó y vio que una de sus patas estaba atada, con una enorme cadena, a una estaca que había en el piso. El animal no se movía, sino que permanecía allí pacientemente.

Una intriga en la historia del elefante encadenado

Dice la historia del elefante encadenado que el niño se fue a su casa pensativo. No le había gustado ver a los animales en sus jaulas. Sin embargo, lo que más le había impactado era el elefante. Estaba libre, pero a la vez permanecía atado. Aunque la cadena era gruesa, a leguas se notaba que el elefante podía deshacerse de ella cuando quisiera. Al fin y al cabo era un gigantesco animal.

El niño le preguntó a sus padres por qué el elefante estaba atado con cadenas. Estos le respondieron “Para que no huya”. ¿Para que no huya? ¡Podía huir cuando quisiera! Una cadena y una pequeña estaca no eran un obstáculo para él. Entonces, “¿Por qué no huye?”, preguntó el chico. Los padres levantaron los hombros y no le contestaron nada.

El niño continuó con la inquietud y al día siguiente le hizo la misma pregunta a su profesora de ciencias naturales. Ella le dio una respuesta contundente: “No huye porque está amaestrado”. Y le explicó qué era el amaestramiento.

Las razones para no huir

El niño de la historia del elefante encadenado comprendió entonces que por más grande que fuera el animal, también había existido un tiempo en el que era pequeño. Era en ese entonces cuanto le habían atado una de sus patas a una cadena y a una pequeña estaca. El chico imaginó cuánto habría luchado el elefante bebé por liberarse de esa atadura, sin conseguirlo.

ilustración representando la historia del elefante encadenado

El pequeño cayó en la cuenta de que el elefante no había logrado percatarse de que había crecido y que era un formidable animal. En la mente de él solo había quedado el recuerdo de esa lucha feroz contra una cadena y una estaca que no cedían. Por eso, aunque ahora pudiera liberarse, ya no lo intentaba. Era más fuerte el recuerdo de ese imposible del pasado, que la posibilidad real del presente.

La historia del elefante encadenado se parece a la de muchas personas que se quedan atadas a una mala experiencia del ayer. Nunca vuelven a intentarlo porque es más fuerte el recuerdo de un mal pasado, que las posibilidades reales de un presente que podría cambiarlo todo.