La familia de mi pareja no me acepta

14 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces ocurre: la familia de nuestra pareja no nos quiere e intenta incluso, poner al hijo o la hija en nuestra contra. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias? Lo analizamos a continuación.
 

Encontrar el amor es algo sensacional. No obstante, a veces nos olvidamos de que si bien podemos elegir a la persona que formará parte de nuestra vida, no podemos hacer lo mismo con las personas que le acompañan. Así, cuando la familia de mi pareja no me acepta es común que pasemos de la euforia y la felicidad a esa inquietud no planeada, a esas situaciones tan incómodas como estresantes.

¿Qué podemos hacer en estos casos? Lo primero es entender que cada núcleo familiar es un mundo, tiene sus dinámicas, sus secretismos, virtudes y también sus procesos insalubres. Hay padres y madres que ven con malos ojos a toda pareja que sus hijos traigan a casa; sin excepción. Por tanto, lo mejor en todos los casos es no personalizar ni caer en la preocupación excesiva al decirnos que «hay algo malo en nosotros» porque no es así.

En realidad, este tipo de situaciones son tan viejas como el propio tiempo. Siempre se han dado y siempre se darán. No obstante, eso no quita la propia complejidad y el desafío que supone para nuestra relación de pareja. Porque al fin y al cabo, hay algo evidente: no podemos separar a la persona amada de sus lazos familiares ni tampoco es recomendable pedirle que elija.

 

Comprendamos por tanto qué sería lo más adecuado en estas circunstancias.

Chica apática representando cuando La familia de mi pareja no me acepta

La familia de mi pareja no me acepta ¿qué podemos hacer?

Cuando iniciamos una relación casi damos por sentado que todo avanzará de manera correcta. El amor siempre nos da ese sentimiento de positividad que, de algún modo, nos hace fuertes y nos inocula un optimismo férreo. Sin embargo, algo que uno casi nunca espera es ver que la familia de mi pareja no me acepta.

Estas situaciones no solo nos generan incredulidad y frustración a nosotros mismos. El hijo o la hija de esa familia que pone muros y objeciones a la nueva pareja elegida, sufre inmensamente. De hecho, es muy probable que esa situación no le sea nueva y que lo haya vivido con anterioridad. Esa negativa y ese desagrado familiar lo obliga, de pronto, a situarse entre dos bandos, en dos lados que le son importantes y a los que está obligado a escuchar.

 

Veamos por tanto cómo deberíamos actuar en la medida de lo posible.

No hay nada malo en ti, no te responsabilices a ti por la situación

El hecho de no gustar a alguien no significa que hay algo negativo en tu persona. No sitúes por tanto la atención en ti, no quieras mostrar algo que no eres ni te obsesiones con encontrar la manera de gustar o de hallar su aceptación. Todo eso no acarrea más que sufrimientos sin sentido.

En realidad, en gran parte de los casos el auténtico problema está, simplemente, en que el hijo o la hija tenga pareja, sea quien sea. Hay padres que no aceptan que sus hijos crezcan. Otras veces, pueden darse factores algo distintos como desear que los hijos tengan parejas de un nivel socioeconómico alto, que tengan cierta afinidad política, cierta religión, que sean de la misma raza o cultura…

Todo ello son elementos que no hacen más que alzar muros injustificables, esos de los que nosotros no somos responsables.

Encuentros informales para poder interactuar con normalidad

 

Para tomar contacto con alguien y mejorar las relaciones no hacen faltan citas planeadas y formales como una cena. En ocasiones, los encuentros informales dan pie a otro tipo de interacción más cercana, espontánea y auténtica. Así, un modo de lograr que nos puedan conocer y cambiar la idea que tengan de nosotros es favoreciendo otro tipo de circunstancias.

Situaciones como acompañar a nuestra pareja a entregar algo a sus padres, pedir a estos que nos acompañen a comprar algo, invitarlos a un almuerzo informal… Todo ello son intentos que vale la pena promover no solo para romper el hielo y acercar lazos. Con estos encuentros podremos ver si hay posibilidad de acercamiento o si por el contrario, su idea sobre nosotros no va a cambiar.

En este último caso, deberemos dar paso a otras claves.

Lo más importante: contar con el apoyo de la pareja y estar de acuerdo en cada situación

Si la familia de mi pareja no me acepta lo último que debemos hacer es echar en cara al ser amado el tipo de padres o madres que tiene. No podemos bajo ninguna circunstancia criticar a su entorno familiar ni amenazarlo con ultimátumsdel tipo «o tus padres o yo». Se trataría más bien de aprender aceptar esa situación llegando a acuerdos entre los dos.

 

¿De qué manera? Contando con el apoyo constante e indiscutible de nuestra pareja. Es necesario mantener una buena comunicación y dejar claros cuáles van a ser nuestros límites:

  • No podemos permitir que la influencia de la familia de nuestra pareja afecte a nuestra relación.
  • Si se interponen de cualquier forma posible, nuestra pareja será la encargada de defendernos estableciendo límites firmes con sus padres.
  • Habrá cosas que sean tolerables y que deberemos aceptar (mi pareja irá en ocasiones a visitar a su familia sin nosotros). Sin embargo, habrá otras dimensiones en las que no podemos ceder (chantajes, manipulaciones, amenazas). Si en algún momento no sentimos el respaldo de la pareja, la relación puede empezar a fallar. 
Escena para simbolizar cuando la familia de mi pareja no me acepta
 

Cuando mi pareja no me acepta: recuerda, la salud psicológica es lo primero

Señalábamos al inicio que no es recomendable plantear ultimátums a nuestra pareja, obligándola a elegir entre nosotros o ellos. Ahora bien, hay situaciones patológicas en las que los hijos deben ser conscientes de que lo que están viviendo no es normal. Barbara Oudekerk, psicóloga de la Universidad de Virginia en Charlottesville, realizó un estudio muy interesante que nos plantea algo importante.

El impacto de tener unos padres controladores y sobreprotectores es inmenso. Los hijos adultos de padres controladores no siempre encuentran la felicidad en sus relaciones. En esas circunstancias, es importante hacerle ver a nuestra pareja esa implicación. Porque, efectivamente, hay casos en los que sí es recomendable poner distancia con tal de recuperar la salud, el bienestar y la felicidad.

Si nuestra pareja no da el paso, si elige seguir reforzando ese vínculo dañino que pone muros y dificulta tener una relación sana y madura, seremos nosotros quienes deberemos elegir. Nuestro equilibrio psicológico y emocional también es importante.

 
  • Oudekerk, Barbara (2013) The Cascading Development of Autonomy and Relatedness From Adolescence to Adulthood. National Institute of Child Health and Human Development and the National Institute of Mental Health. https://doi.org/10.1111/cdev.12313