La intervención psicológica con refugiados y migrantes

17 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Diferentes expertos coinciden en que los movimientos migratorios actuales de refugiados y el trato que reciben es quizás el reflejo más fiel de la crisis de valores que asola a los países desarrollados. Por otro lado, este tipo de movimientos implica pérdidas frente a las que la sociedad de acogida parece, en muchos casos, ajena o indiferente.
 

El 13 de diciembre tuvo lugar la VI Jornada de Excelencia e Innovación en Psicología en la Universidad Cardenal Cisneros de Madrid. En este contexto, se realizó una mesa redonda para hablar de los aspectos más importantes de la intervención psicológica con refugiados y migrantes. Se contó con la participación de distinguidos profesionales como Cristina Larroy, Manuel García Ramírez o Inmaculada Hernández Navas.

Este artículo busca transmitir las conclusiones sobre las líneas más importantes del debate. Se destacó la influencia de las guerras, en este caso se analizó de manera especial la guerra en Siria, en los movimientos migratorios históricos más importantes.

Esto ha ocurrido, no obstante, sobre todo en Europa, que no acaba de dar una respuesta de acogida decidida y eficaz a un pueblo que ha perdido a más de cuatrocientos setenta mil personas.

Madre e hijo refugiados

La pérdida del sistema cultural

Cristina Larroy habla del choque de sistemas culturales del migrante. El sistema cultural no solo implica valores, también un nuevo idioma, unas nuevas costumbres e incluso contextos cotidianos totalmente distintos. Larroy habla por ello de los 7 duelos del migrante o refugiado.

 

Por sus experiencias y la situación que vive, seguramente el migrante ya haya iniciado un proceso de duelo por la pérdida de algún ser querido, compañero, hijo o amigo.

No obstante, Larroy advierte que el migrante no solo se enfrente al duelo por la pérdida de una vida humana, también se tiene que enfrentar a la pérdida de su propia vida.

Los 7 duelos del migrante

De esta manera, la persona refugiada, migrante o solicitante de asilo puede llegar a tener 7 duelos más. Estos duelos son por:

  • La familia: aunque ningún miembro del seno familiar haya fallecido, muchos se dejan atrás, en el país de origen; o muchas familias se dividen de manera forzosa en el camino.
  • Grupo étnico: el migrante pierde a su grupo étnico; a las personas que forman parte de su cultura. Por ello, muchas veces hay sensación de pérdida de identidad dentro de un grupo.
  • Lengua: cuando el idioma del migrante difiere mucho del idioma del país acogedor, la persona pierde la capacidad de expresión y matices. Conocer palabras básicas de una lengua es una cosa, y saber utilizarla para expresar malestar, alegría, hacer bromas, buscar ayuda o transmitir necesidades, es otra.
 
  • Separación de la cultura: los propios usos y hábitos que se veían como costumbres dentro de la cultura de origen ahora se pierden. No hay contacto con la literatura, la política o el arte del lugar de origen, y no solo hay separación del domicilio o la familia, pero de un sistema mucho más grande.
  • Tierra: fuera del país entendido como cultura, la persona pierde el contacto con el contexto cotidiano al que estaba acostumbrado. Sus vecinos, la panadería a la que siempre acudía los martes, las bibliotecas o los parques, forman parte de la tierra de origen y de todo lo que se pierde.
  • Status: debido a la situación, muchas personas que ostentaban un status dentro de su comunidad lo pierden al llegar al país al que se migra. Migrantes con altos niveles de profesionalización, como dentistas o médicos, se encuentran en la tesitura de tener que aprender otro oficio para poder sobrevivir, a veces nada relacionado con su profesión anterior.
  • Riesgos físicos: a su vez, también hay un choque con la situación física en la que se encuentra la persona: proceso de envejecimiento más rápido por el estrés, heridas, pérdida de peso.

¿Qué se trabaja con la persona migrante o refugiada?

Hay algunos aspectos muy relevantes dentro de la intervención psicológica con refugiados y migrantes. Larroy encuentra especialmente importante realizar un trabajo con:

 
  • La adaptación: la adaptación del migrante está marcada por la incertidumbre. Hay pensamientos catastrofistas, respuestas de hiperactividad, ansiedad, somatizaciones expresadas en cefaleas, inquietud, incapacidad para tomar decisiones y situaciones violentas.
  • Duelo: se tienen que trabajar los 7 duelos y los duelos por la muerte de parejas, hijos… En el duelo pueden aparecer alucinaciones visuales, falta de apetito, aislamiento, enfado, culpa por saberse superviviente cuando otros no lo han sido…
  • Reacciones traumáticas: re-experimentaciones, pesadillas, conductas evitativas frente a estímulos que puedan estimular recuerdos de la vida anterior…

Reconocer al migrante como influyente

Manuel García Ramírez pone el foco de atención en la justicia social respecto al migrante. Mucho más importante en una intervención con refugiados y migrantes, hay que poner el punto de mira en la persona no solo como su condición actual de desplazado, pero también como personas.

La justicia social habla de no solo dar asistencia a las personas refugiadas, porque la asistencia no es suficiente. La opresión que sienten las personas en calidad de migrantes es la intersección de muchas opresiones. El migrante no es solo migrante, sino que también es niño, es mujer, es huérfano.

Por otro lado, García Ramírez insiste en la importancia de que sea la propia persona quien tome las decisiones. En una situación en la que parece que no se tiene ningún control; y que los grandes cambios vitales están sujetos a decisiones de terceros, es de vital importancia que se dé un proceso de empoderamiento, que aumente los sentimientos de autoeficacia y que los migrantes se sientan no solo asistidos, pero influyentes y reconocidos.

 
Refugiados

Esperando asilo

En lo referido a la intervención psicológica con refugiados y migrantes, Inmaculada Hernández Navas habla del traumático proceso de esperar asilo.

Hernández Navas pone el foco de atención en las emociones que surgen en cada momento del proceso de petición de asilo, y como estas tienen que ser sostenidas y trabajadas en la intervención terapéutica. Algunas de esas emociones son:

  • Confusión: a la llegada al país existe una enorme confusión acerca del futuro, no solo de uno, pero también de los familiares en esa nueva tierra.
  • Relajación: cuando se inicia el proceso de espera de asilo, el migrante puede sentirse tranquilo porque ya está en proceso de tramitación. No obstante, este período de relajación es peligroso, porque el asilo ni es seguro ni es un proceso rápido.
 
  • Falsa estabilidad: Hernández Navas informa que, si a los seis meses de solicitar asilo aún no ha habido respuesta, se concede al migrante un permiso especial de trabajo. Este comienza a recomponer su vida, a trabajar, a poder valerse por sí mismo sin la ayuda de recursos. Lo malo es que pueden pasarse, con este permiso temporal, años.
  • Desconcierto: una vez que ya han comenzado a integrar su nueva vida, a reconstruir todo lo que se rompió y a disfrutar de un ya no tan nuevo país, los migrantes pueden encontrarse con una respuesta positiva o negativa. En la negativa, las personas ya han hecho su vida, y conocer que no pueden quedarse es un proceso que tiene que cuidarse en la intervención psicológica con refugiados y migrantes.

La intervención psicológica con refugiados y migrantes presenta retos diferentes a la intervención psicológica al uso. En parte, esto es así porque la población migrante es especialmente proclive a experimentar procesos traumáticos.

Por ello, el objetivo no solo es asistir, sino también fomentar un crecimiento postraumático para que puedan reconstruir una rutina en la que se vuelvan a sentir que controlan una buena parte de lo que les ocurre.