Las deudas emocionales con los que ya no están…

Edith Sánchez·
09 Enero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
09 Enero, 2020
Las deudas emocionales con los que ya no están tienen que ver con esa sensación de haber causado un daño que ya no podemos reparar. Hablamos, en muchos casos, de una culpa que nace de un sesgo inconsciente y que en realidad no aporta nada valioso.
 

La muerte de alguien amado con frecuencia nos deja la sensación de deuda con esa persona; una sensación que, por otro lado, lejos de ser patológica, es en muchos casos una prueba de nuestro buen funcionamiento mental. Sin embargo, hay ocasiones en las que esas supuestas deudas emocionales se convierten en un verdadero lastre, que no nos deja ni superar el duelo, ni mucho menos avanzar.

Las personas somos capaces de experimentar la sensación de que tenemos deudas emocionales, tanto con personas vivas como con personas que ya no están. Lo complicado es que saldar nuestras deudas con aquellos que ya no viven es, cuanto menos, complicado. Antes, podíamos sentirnos en deuda, pero había un después. Ahora no.

Las deudas emocionales con los que ya no están pueden llegar a atormentarnos mucho, sin que haya bases para ello. Las relaciones humanas son en esencia imperfectas y siempre habrá algo que falte o sobre en ellas. No existe ninguna situación en la que no haya algún cabo suelto. Por lo mismo, no deberíamos alimentar esas deudas imaginarias.

¿Cómo superar ese sentimiento? Estas son algunas claves al respecto.

El duelo puede ser una carga, pero también un ancla. Te acostumbras a su peso, cómo te mantiene en su lugar”.

-Sarah Dessen-

Joven triste
 

Acepta la imperfección de la vida

La muerte nos sorprende a todos con problemas por superar, metas por cumplir y experiencias sin vivir. Llega cuando llega y solo en contadas ocasiones existe la posibilidad de despedirnos cerrando todos los asuntos pendientes.

Lo mismo pasa con quienes sobreviven a esa persona que ya no está. La muerte puede generarnos culpa porque estamos vivos y esa persona que amamos ya no lo está. Es una ventaja que a veces no logramos asimilar y esta culpa muchas veces toma la forma de un largo inventario de deudas emocionales.

Pensamos que dejamos de decir o de hacer algo que hubiésemos querido decir o hacer con esa persona. Sin embargo, rara vez conseguimos en esos momentos la distancia suficiente como para ver las cosas con perspectiva.

Por otro lado, es probable que esa persona también se marchase con situaciones que hubiese querido resolver, ponerles un final o una continuación diferente.

Las deudas emocionales vs. Los aportes personales

Una de las claves para superar el duelo por la muerte de alguien es enfocarnos más en lo positivo que hay en lo vivido. De manera espontánea tendemos a mirar todo aquello que esa persona nos proporcionaba y que ya nunca más recibiremos. También tendemos a pensar en todas sus virtudes y sus buenas acciones.

Lamentablemente, no siempre hacemos eso con nosotros mismos. Y si lo hacemos, muchas veces terminamos sintiendo que teníamos más deudas emocionales de las que teníamos anotadas. Esto es un sesgo que aparece porque nos parece inadecuado ese supuesto egoísmo.

 

Pese a todo, si nos tomamos la cosas con un poco más de tranquilidad, es probable que nos demos cuenta de que seguramente también le hicimos bien a esa persona. Con quienes amamos, si no dimos más, muchas veces fue porque no teníamos más para dar.

Ninguno de nosotros es una persona ideal, ni tampoco lo era quien se fue. Mejor es recordar lo positivo de parte y parte.

Chica triste pensando en el maltrato psicológico

El sufrimiento y la proyección al futuro

Muchas veces también alimentamos y enfatizamos en las supuestas deudas emocionales con los que ya se fueron, porque en el fondo pensamos que el sufrimiento es una demostración de amor. De alguna manera construimos la idea de que ahora nuestro amor debe expresarse como sufrimiento; lo contrario sería una muestra de desamor.

Esa es otra falacia. Es obvio que sintamos pena por la imposibilidad de volver a ver o a compartir con esa persona que ya no está. Sin embargo, esto no significa que el sufrimiento sea lo único que debamos experimentar. El amor se da en vida y ese nunca muere, y lo cierto es que no necesita de ese tipo de expresiones para demostrar que es auténtico.

Por lo mismo, vale la pena hacer el ejercicio de imaginarnos lo que querría para nosotros ese ser querido. ¿Estaría satisfecho al vernos agobiados por el dolor y sin posibilidad de experimentar otro sentimiento? ¿Se sentiría complacido o complacida al ver que nos cuesta mucho seguir adelante sin su presencia? Probablemente no.

 

A veces ayuda pedir perdón por aquello que hicimos o dejamos de hacer. Un perdón simbólico a través de una carta o algún ritual personal. Si nutrimos la idea de que tenemos deudas emocionales que deben ser saldadas, no solo vamos a entorpecer el proceso de duelo, sino que tampoco llevaremos a cabo algo útil.

Vargas Solano, R. E. (2003). Duelo y pérdida. Medicina Legal de Costa Rica, 20(2), 47-52.