“Lo tengo todo, debería estar feliz”, un sentimiento con origen en la infancia

"Lo tengo todo, pero no soy feliz, nada me satisface". Este sentimiento muchas veces se origina en la infancia y si no lo elaboramos adecuadamente, obstaculizará nuestro desarrollo vital.
“Lo tengo todo, debería estar feliz”, un sentimiento con origen en la infancia
Raquel Aldana

Escrito y verificado por la psicóloga Raquel Aldana.

Última actualización: 03 septiembre, 2022

Lo tengo todo, pero me siento una persona desgraciada. ¿Por qué no puedo ser feliz? ¿De dónde viene esta insatisfacción? ¿Cuál es el origen de esta tristeza? A pesar de tener a mi lado muchas personas, ¿por qué siento de manera tan intensa la soledad? ¿Qué me impide cauterizar mis miedos?

Estos interrogantes son frecuentes en las personas que acuden a consulta porque no pueden deshacerse de la culpabilidad, la soledad o la insatisfacción. Lo que no saben estas personas es que estos sentimientos tienen, en gran parte de los casos, su origen en la infancia.

Resulta confuso para quienes tienen seres queridos y personas cercanas, y también para quienes tienen trabajo, familia y estabilidad. Sin embargo, son verbalizaciones mucho más comunes de lo que creemos. Veamos qué hay detrás de ellas.

“La aceptación social, sentirte querido, tiene tanto poder porque mantiene a raya los sentimientos de soledad”.

-Rollo May-

Mujer preocupada pensando
Hay sentimientos de culpabilidad que arrastramos desde la infancia.

¿Qué hay detrás de este sentimiento de culpabilidad?

Solemos estar hablando de personas que tienen una vida funcional y son competentes en las diferentes áreas de su vida. El problema es que sienten que lo tienen todo, pero al mismo tiempo arrastran un sufrimiento que no pueden entender ni conceptualizar.

En este contexto, puede costar incluso reconocerse en ese sufrimiento. “Si no me falta nada, ¿por qué siento este malestar?”. Una confusión se da con frecuencia en personas que en su infancia o adolescencia vieron cubiertas gran parte de sus necesidades físicas, pero no las emocionales.

Asimismo, pudieron convivir con discursos de este tipo por parte de sus figuras de apego principales -por norma, los padres-. De este modo, ante peticiones de atención emocional o en situaciones de acercamiento, podían recibir respuestas del tipo “estoy todo el día trabajando para que no te falte de nada, no seas tan egoísta”. 

Según desarrollaron los padres de la teoría del apego (Ainsworth, 1969; Bowlby, 1990), cuando somos niños acabamos mimetizándonos con el estilo de apego o de vinculación de nuestros padres. Por ende, aprendemos por aprendizaje vicario o imitativo en qué fijarnos o a qué dar importancia cuando integramos aquello que observamos o nuestro entorno nos inculca.

Dentro de esta dinámica, en la infancia, estas personas aprenden a desconectarse de las necesidades afectivas, buscando el bienestar psicológico a través de lo material, de la productividad tóxica o de aquello que les gratifica socialmente por alguna razón.

Mujer haciendo terapia
El síntoma por el que estas personas suelen acudir a consulta psicológica suele estar asociado con la dificultad para vincularse, para identificar y expresar sus sentimientos y necesidades o para alejarse del enfado o del resentimiento.

Lo tengo todo, pero…

Lo tengo todo, pero… ¿Qué es tenerlo todo? Esa es la primera parte que hay que revisar. Nos autoafirmamos que lo tenemos todo para tratar de rebajar la intensidad del dolor; sin embargo, la naturaleza es sabia y no genera sentimientos de la nada ni sin función alguna. Cuando el malestar reina en nuestra vida, necesitamos elaborarlo y resolver aquello que nos angustia o disgusta. 

La soledad emocional requiere ser observada. La clarificación de estos sentimientos nos permitirá entender y reorientar nuestra vida hacia los valores que deseemos. Para ello, la persona debe dar el paso de abrir la mente y comprender que una dedicación excesiva al trabajo o la necesidad de consecución de algunas metas no pueden completar su vida.

Si echamos la vista hacia atrás y observamos cuidadosamente, podemos examinar si en nuestra historia familiar o social se ha valorado el éxito académico o laboral por encima de todo lo demás. Si esto se conformó de esta manera, probablemente disminuyó la atención hacia las complejas necesidades de ser valorados por algo más que por nuestros logros o nuestra dedicación a los demás.

A veces, para crear o recuperar un patrón de vida saludable, debemos acudir a profesionales de la salud mental que puedan guiarnos. Identificar la necesidad de ser apoyados cuando recorremos caminos poco amables en nuestro trayecto es fundamental. No olvidemos que la relación con los demás comienza teniendo una sana relación en primera persona.

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  • Ainsworth, M.D. (1969). Object relations, dependency, and attachment: a theoretical review of the infant-mother relationship. Child Development, 40, 969-1025.
  • Bowlby, J. (1990). El vínculo afectivo (2ª ed.). Buenos Aires: Paidós.