Me compadezco de mí mismo

Cristina Roda Rivera · 14 mayo, 2015

Lo que queremos explicar con esta entrada nada tiene que ver con una dramática canción o con una frase que se asocia al victimismo. Para gran parte de la cultura oriental, la compasión es una virtud grandiosa, aplicada tanto para los demás como para uno mismo.

No sólo eso, en el ámbito puramente científico, la British Journal of Clinical Psychology ya ha consagrado cuatro artículos dedicados a la Tetrapia centrada en la Compasión (CFT), a la vista de los buenísimos resultados aportados.

Autocompasión vs Culpa 

Ya lo señalaba Dyer en su libros “Mis zonas erróneas”, la culpa junto a la preocupación por el futuro son los dos sentimientos más inútiles que existen, nos apartan totalmente del presente.

“No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres.Es el remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana” (Robert Jones)

¿Tiene el sentimiento de culpa una sobreestimación de bien en nuestra sociedad?

La respuesta es un sí rotundo. Se nos ha hecho creer desde pequeños que el “sentirse culpable” arregla algo del agravio o del mal que hayamos provocado. Pero a lo único que nos conduce es a una telaraña de resentimientos, de pensamientos negativos, de sobregeneralizar esa acción a toda nuestra vida, lo que condiciona nuestra relación con nuestro yo y con los demás.

Por tanto , que utilidad tiene sentirse culpable….¿Quién sale ganando?

Pues deberíamos echar un vistazo fuera para saber que la culpa es arrojada por personas resentidas que no saben relacionarse con los demás, si no es por medio de la coacción y de la hipocresía.

Tampoco es nuevo saber que los agentes publicitarios nos hacen sentir culpables por lo poco sanos y esbeltos que somos. Que ciertos movimientos religiosos (no todos afortunadamente) abducen a millones de personas “muy culpables” por sus acciones y están encantados, o eso parece, por ayudarles (o reclutarles).

autocompasion

En lugar de culpabilizarte, compadécete; pero no de una forma victimista. Compadécete de ese niño, de esa joven desinformada, de ese padre saturado, que alguna vez se equivocó. Pero por ese momento concreto, su vida no “se ha ido al carajo”.

No venimos con instrucciones, así que dirígete a ti mismo y háblate, a solas, despacito, con amor. Háblate de lo mal que te sentiste , de lo mal que lo estabas pasando en esa época, que gracias a ello has madurado, que esa lección te ha hecho más humano y perfecto.

Mírate a ti mismo con perspectiva, con una mirada dulce y picarona, y dí : “Estoy orgulloso de ti, de como reaccionaste, de la fortaleza con la que actuaste. No sé si yo ahora lo haría igual de bien que tú. Saliste triunfante, y es eso los que NOS ha hecho mejor persona. Ambos, tú del pasado y yo del presente, sabemos todo por lo que hemos vivido y sufrido, nadie tiene derecho a juzgarnos, así que no lo hagamos nosotros mismos”.

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La autocompasión es sanadora, porque te pone en contacto con tu parte bondadosa, a través de una experiencia negativa que resultó ser reveladora para tu “yo actual”. Conlleva la consciencia de que tenemos limitaciones y que por lo tanto, somos falibles en muchas ocasiones.

La autocompasión preserva nuestra autoestima, nos ayuda a ser empáticos y nos protege de los sentimientos negativos cuando las cosas no salen como imaginábamos.

Integra todo esto y sigue tu camino, aunque siempre aprende. Recuerda las palabras del psicólogo Carl Gustav Jung:

“Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmIca a que los reproduzca tantas veces como sea necesario,para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido.

Lo que aceptas te transforma. Lo que niegas , te somete”

Así que aprende, y sigue tu camino sin culpa.