Memento: la importancia de recordar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 31 marzo, 2018
Leah Padalino · 31 marzo, 2018

Memento es una película del año 2000 dirigida por Christopher Nolan, como en el caso de Origen  y otras películas del cineasta, Memento hunde sus raíces en la psicología. Es una película que convierte al espectador en partícipe de la enfermedad que sufre el protagonista.

En Memento, el protagonista padece amnesia anterógrada, es decir, un tipo de amnesia que le impide almacenar nuevos recuerdos. Pero no solo eso, sino que padece un trastorno de estrés postraumático que, unido a la amnesia, dificulta enormemente su día a día.

Leonard, el protagonista, era un hombre casado que trabajaba para una empresa de seguros investigando posibles fraudes; toda su vida era normal hasta que presenció la violación y asesinato de su esposa. A partir de ese momento, sufre un trauma y un golpe en la cabeza que harán que su vida cambie radicalmente; incapaz de almacenar nuevos recuerdos, la única idea que ronda en su mente es la de encontrar al asesino de su esposa y vengarse.

Memento es un thriller psicológico que nos sitúa en el punto de vista del protagonista, pues la película está rodada del revés: comienza con el desenlace y, poco a poco, iremos atando cabos hasta descubrir qué llevó a ese final. Las escenas se alternan entre el blanco y negro y el color, siendo las de color pertenecientes a escenas del pasado, mientras las escenas en blanco y negro van “hacia delante”. Al principio, estas escenas y este orden alterado puede confundirnos, puede que no entendamos nada, pero lo que realmente se busca en la película es que el espectador haga el esfuerzo de construir recuerdos a partir de la nada, tal y como hace Leonard.

El propio título Memento significa en latín ‘recuerdo o recuerda’, por lo que se hace explícita la necesidad de recordar y la incapacidad del protagonista. ¿Cómo sería una vida sin nuevos recuerdos?

Hombre y mujer en una cafetería

Leonard es capaz de recordar toda su vida anterior al hecho traumático, también cómo realizar cualquier acción cotidiana, pero no puede recordar a una persona con la que habló hace unos días o unos minutos. Por ello, su cuerpo está cubierto de tatuajes que implican recordar, que le ayudan a unir las piezas en su mente. A su vez, siempre va acompañado de notas y una cámara de fotos, para saber si conoce a la persona que tiene delante o no.

Este ejercicio de ir enlazando presente con pasado, de unir las piezas del puzle y tratar de entender ese final que se nos presentaba en la primera escena será el que hagamos los espectadores que, igual que el protagonista, no tenemos conocimiento ni recuerdos de la historia que estamos presenciando. La alternancia de escenas y colores, las notas del protagonista y la reconstrucción de los hechos harán que, poco a poco, todo vaya cobrando sentido.

“Tengo que creer en un mundo fuera de mi propia mente. Tengo que creer que mis acciones todavía tienen un significado, aún cuando yo no puedo recordarlas”.

-Memento-

Memoria, identidad y conocimiento

¿Qué son los recuerdos? ¿Qué es la memoria? Sin duda, responder a estas preguntas puede parecer muy sencillo, pero si tratamos de abordarlas en profundidad, en seguida, nos daremos cuenta de que no es tan fácil como parecía al principio. Si pensamos en la historia de la filosofía, nos damos cuenta de que para muchos pensadores el conocimiento ha estado profundamente vinculado al recuerdo. Platón, por ejemplo, nos hablaba de la anamensis, es decir, una reminiscencia o rememoración que trae al presente los recuerdos del pasado.

Platón creía en un alma inmortal que provenía del mundo de las ideas y que, accidentalmente, quedó atrapada en nuestro cuerpo humano y mortal sin poder recordar el pasado. Sin embargo, ante algunas situaciones aparece la reminiscencia, esa parte inmortal recupera ciertos recuerdos del pasado.

El saber, el conocimiento filosófico, sería como un viaje de ida y vuelta, como cruzar el río de la vida, llegar a la muerte y después volver con esa sabiduría; dejar a un lado ese mundo sensible y material y alcanzar esa rememoración del mundo de las ideas.

La teoría de la reminiscencia ha sido profundamente tratada a lo largo de la filosofía, del mismo modo, la vinculación conocimiento-recuerdo ha sido una de las bases para muchos pensadores. La percepción es un estímulo y, mediante la anamensis, nuestra alma inmortal accede al recuerdo anterior, al del mundo de las ideas. 

“Todos necesitamos recuerdos para saber quiénes somos”.

-Memento-

Leonard leyendo

Si pasamos a un plano más cotidiano, más familiar, observaremos que los recuerdos que almacenamos no son totalmente objetivos. Un mismo hecho vivido por dos personas distintas presentará diferencias en su rememoración, pues la subjetividad juega un importante papel en nuestros recuerdos. De esto ya habló Ortega y Gasset, el perspectivismo sostiente que toda percepción es subjetiva, nosotros con nuestra percepción le damos sentido a las cosas, por tanto, el conocimiento irá ligado a un punto de vista.

Siguiendo esta línea, podemos decir que los recuerdos son propios, personales y subjetivos. Mis recuerdos son míos, de mi experiencia y no se pueden comunicar. Del mismo modo, nuestras experiencias conforman el “yo”, forman parte de nuestra identidad. No es de extrañar que muchas personas, tras sufrir una fuerte pérdida de memoria, hayan cambiado radicalmente su personalidad, su “yo”. Si no recuerdo nada de mi pasado, ¿sigo siendo yo?

En Memento, lo paradójico es que el sujeto sabe perfectamente quién es, conoce su pasado, conoce todo acerca de su “yo”, pero es incapaz de recordar nada nuevo. Y ese mismo juego es el que se plantea al espectador, igual que en la película: no almacenar nuevos recuerdos puede hacernos entrar en una especie de bucle infinito, donde repetimos todo una y otra vez.

Memento, vivir sin recuerdos

El último recuerdo de Leonard es un hecho traumático, un hecho que ha acabado con su vida tal y como la conocía. Por ello, debe aprender a almacenar, de algún modo, esos nuevos recuerdos; lo hace a través de tatuajes que le ayudan a realizar un ejercicio de conexión, de notas y de fotografías de las personas y lugares que conoce.

Fotos de la película Memento

Todos necesitamos un porqué para vivir y Leonard lo ha perdido, ya no puede seguir con su trabajo, ha perdido a su esposa y su vida ha dado un giro realmente dramático, su nuevo porqué será la venganza, una especie de intento de “recuperar” su anterior vida y todo lo que le han robado. Nadie puede devolverle la memoria, nadie puede devolverle a su mujer, pero puede quitarle la vida a quien le quitó todo y, de algún modo, volver a vivir en paz.

Lo que se nos plantea es que, si Leonard no puede almacenar nuevos recuerdos, ¿cómo sabrá que su plan ha tenido éxito? ¿Podrá volver a ser feliz si no recuerda que se vengó de quienes le robaron todo? Leonard establece una rutina, debe ser muy cuidadoso y metódico para poder almacenar nueva información fuera de su mente, almacenándola de forma artificial, como cuando guardamos algo en un ordenador o en una memoria externa.

Su vida girará en torno a su enfermedad y a su afán de venganza, algo que no sorprende porque el último recuerdo que tiene es el momento más trágico de su vida. Es un recuerdo subjetivo, cargado de emociones y la importancia de ese recuerdo hará que todo sea una pesadilla, no puede almacenar nada nuevo, pero tampoco logra “borrar” el hecho más trágico.

Memento pone una verdad ante nuestros ojos, pero no logramos percibirla porque la información se nos da fragmentada, cifrada y como si nosotros tampoco pudiésemos recordar. Todo un ejercicio que nos invita a reflexionar acerca de las percepciones y los recuerdos.

“Los recuerdos desvirtúan. Son una interpretación, no un registro”.

-Memento-