Miedo a los caballos o hipofobia

23 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Aunque los caballos no nos rodean en el día a día, hay personas que les tienen un miedo extremo. La hipofobia, o miedo a los caballos, se puede tratar mediante terapia cognitivo-conductual.

Tener miedo es una respuesta natural que, en un sentido evolutivo, nos ha ayudado a salvarnos de ciertos peligros. Por ello, es común sentir respeto por algunos animales. El miedo a los caballos no parece muy común, pero hay personas que ante estas criaturas sienten un miedo intenso que puede terminar incluso en crisis de ansiedad. En este último caso, se hablaría de hipofobia.

Estos animales, que para muchos son seres bellos, nobles y símbolo de fuerza, no suelen rodearnos en el día a día. Por ello, la falta de previsibilidad y de conocimiento sobre los mismos puede generar un miedo intenso. No obstante, las fobias son miedos irracionales que no tienen por qué ver con una amenaza real.

Mujer superando su miedo a los caballos

¿Cuáles son los síntomas?

Como en cualquier fobia, el miedo a los caballos genera una respuesta de ansiedad. Los síntomas más comunes son sudores, temblor, dolor de cabeza, náuseas, mareos, taquicardia, hiperventilación o, incluso, vómitos. Para que se considere que la persona tiene hipofobia es necesario que esos síntomas, además del miedo exagerado, se hayan experimentado durante al menos seis meses.

Estos síntomas suelen producirse en presencia del animal, o bien sólo con pensar en ellos. Es decir, puede ser que una persona con un miedo intenso a los caballos se vea muy afectada sólo con observar una imagen de caballos. E, incluso, escuchando una historia de algún conocido relacionándose con ellos. Según la experiencia de cada uno, el miedo será mayor o menor a diferentes estímulos.

Como no es habitual encontrarse caballos en el día a día, esta fobia no suele influir demasiado en la vida de quien la padece. No obstante, la persona intentará evitar todas las circunstancias en las que quepa la posibilidad de encontrarse con un caballo. Por ejemplo, el miedo puede extenderse a otras experiencias, como ver una figura de un caballo en un tiovivo y, por tanto, no acudir a un parque de atracciones.

El origen

Por norma, las fobias se desarrollan a partir de experiencias traumáticas relacionadas con el objeto del miedo. En este caso, por ejemplo, puede ser por una caída o golpe de un caballo. Esta experiencia no tiene por qué haberse vivido en primera persona. El miedo puede tener origen en el relato del suceso o en la propia presencia como observador del mismo.

Como sucede en otras fobias, puede que el miedo a los caballos sea heredado. Esto quiere decir que una persona puede sufrir de hipofobia porque aprendió de su padre o de su madre que los caballos representaban un peligro. Así, desde pequeños habrían desarrollado una conducta de evitación y una idea de peligro ante los caballos.

En ocasiones, las fobias también surgen por un problema o trastorno de ansiedad previo que puede generalizar a otros estímulos el miedo y la sensación de peligro. Otra hipótesis es que, en un sentido filogenético, se haya heredado el miedo a determinados animales por supervivencia, a pesar de que otras tantas personas no lo perciban así.

Tres caballos

¿Cómo se trata el miedo a los caballos?

Como en cualquier otra fobia, en la intervención suelen implementarse tres líneas de actuación. La reestructuración cognitiva, la desensibilización sistemática y las técnicas de relajación. La primera va enfocada a configurar las creencias sobre los caballos de forma más adaptativa y, a veces, realista.

Por otro lado, la desensibilización sistemática se centra en ir exponiendo a la persona al estímulo de la fobia poco a poco. En primer lugar, se haría una lista sobre todos los posibles sucesos relacionados con los caballos que le dan miedo al paciente. Posteriormente, se ordena según el grado de ansiedad que genera. Una vez terminada, acompañándose del entrenamiento en técnicas de relajación, se irá exponiendo a la persona a los estímulos en función de cómo se sitúen en una escala de intensidad emocional.

Así, si lo último en la lista era pensar en un establo lleno de caballos, se trabajará este pensamiento mientras se realiza la relajación para disminuir la ansiedad. Una vez se supere y el paciente pueda pensar en ello sin sentir miedo, se pasará al siguiente. Así sucesivamente.

Esta técnica es muy eficaz ya que se basa en elementos que el propio paciente ha elegido y puede conseguir que, finalmente, sea capaz de acercarse a un caballo y tocarlo, o incluso montar en él.

En cualquier caso, para superar el miedo a los caballos o a otro animal, lo más adecuado es acudir a un profesional de la psicología. La intervención no sólo disminuirá considerablemente o terminará con el miedo, sino que también dotará al paciente de recursos frente a otras fobias.

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