Los niños con mayor autocontrol se convierten en adultos felices

Educar en el control de impulsos a los niños desde edades tempranas les permitirá convertirse en adultos que regulan mejor su conducta, que se relacionan mejor y trabajan de manera más adecuada para lograr sus metas.
Los niños con mayor autocontrol se convierten en adultos felices
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 16 noviembre, 2021.

Última actualización: 16 noviembre, 2021

Los niños con mayor autocontrol no solo son pequeños más maduros, sino que además es más probable que terminen siendo adultos felices. Lo cierto es que, en ocasiones, descuidamos la gran relevancia que tiene para la mente infantil desarrollar el control de impulsos. Esta habilidad compleja revierte en absolutamente todas las áreas del ser humano.

Asimismo, hay otro hecho no menos interesante. El autocontrol es una dimensión que empieza a desarrollarse desde el primer año de vida hasta los 26 – 30 años. La corteza prefrontal humana no finaliza su desarrollo hasta bien entrada la veintena. Esto significa que la regulación de los impulsos es posiblemente, el área con una maduración más lenta.

Algo así tiene, como bien podemos imaginar, múltiples connotaciones. Si no empezamos a educar a los niños desde edades tempranas en esta habilidad, llegarán a la adolescencia con serios problemas de conducta y regulación emocional. Iniciarlos hoy en el correcto autocontrol es invertir en su calidad de vida.

La salud personal está relacionada con el autocontrol, el autocontrol trae consigo felicidad, juventud renovada y larga vida”. 

-Maria Montessori-

Niña jugando con un camión y un coche representando a los niños con mayor autocontrol

¿Por qué los niños con mayor autocontrol se convierten en adultos felices?

La mayoría hemos oído hablar del experimento del malvavisco realizado en la Universidad de Stanford en 1972. Aquella investigación consistía en comprender el autocontrol infantil mediante una sencilla prueba. Se le ofrecía a los niños el poder elegir entre una recompensa pequeña pero inmediata, o dos recompensas pequeñas si lograban no comerse ese malvavisco durante un tiempo determinado.

En aquella época se dijo que, más que la propia fuerza de voluntad, lo que regulaba el autocontrol era el origen social y económico. En un nuevo estudio del 2020, realizado en colaboración con varias universidades como la de Harvard y Columbia, esta conclusión fue refutada. Ahora mismo sabemos que el control de los impulsos es parte del proceso de maduración y del desarrollo cerebral.

La educación temprana y el papel de los progenitores para favorecer su regulación es clave. Y aquí no importa el origen social o la economía, importa el compromiso con la educación de los propios hijos. De este modo, si tenemos un niño de 3 años que golpea a otros y al que no se le dice nada, lo seguirá haciendo en primaria y secundaria.

Si no educamos su resistencia a la frustración, se convertirá en un adolescente siempre enfadado (e infeliz) porque no logra tener todo lo que desea. La capacidad de gestionar los impulsos, emociones y conductas conforma los cimientos del bienestar psicológico de todo niño.

El control de impulsos nos permite enlentecer el envejecimiento cerebral

En un estudio muy reciente publicado en la revista PNAS y realizado en colaboración con las universidades de Michigan, Duke, la Universidad de Oslo, el King’s College London y otras de gran relevancia revelaron una serie de datos muy interesantes sobre este tema. 

  • En primer lugar, se concluyó en el hecho de que los niños con mayor autocontrol se convierten en adultos más satisfechos y con una mejor calidad de vida.
  • Asimismo, pudo verse algo muy destacable: el control de impulsos reduce el deterioro cognitivo relacionado con la edad. Algo que pudo apreciarse es que las personas de 45 años apenas evidenciaban signos del clásico inicio del envejecimiento cerebral.
  • Ahora bien, ¿a qué puede deberse esa mejor salud cerebral? Los investigadores lo asociaron al estilo de vida. El autocontrol favorece sobre todo el poder tomar decisiones más reflexivas. Algo así impacta en la vida laboral, financiera y relacional. Regular la conducta y las emociones revierte de manera directa en toda área cotidiana, como las relaciones afectivas y también en el modo que resolvemos los problemas.

El autocontrol forma parte de las funciones ejecutivas, es decir, procesos que tienen como finalidad regular la propia conducta. Asimismo, es interesante saber que esta dimensión comparte la misma región cerebral que la empatía.

niños felices representando a los niños con mayor autocontrol

Los niños con mayor autocontrol son más empáticos

El dato sin duda es fascinante. Sabemos que la misma parte del cerebro que nos permite ponernos en el lugar de los demás (empatizar) también nos ayuda a regular los impulsos. Esto lo vemos también en los niños con mayor autocontrol. Cuando les educamos desde edades tempranas en esta competencia se relacionan mucho mejor con su entorno social.

Se integran de manera más madura y feliz en sus entornos y con sus iguales, pueden ponerse en el lugar del otro y contener emociones, como la envida, la rabia o la frustración. Esos factores son pilares para la buena salud psicológica, motores para la resolución de los problemas, para llegar a acuerdos, ser respetuosos, favorecer la convivencia, etc.

“Considero más valiente el que vence sus deseos que el que vence a sus enemigos; porque la victoria más difícil es sobre uno mismo”.

-Aristóteles-

Por último, y no menos importante, solo cabe tener presente que el autocontrol no tiene nada que ver con la inteligencia o el origen socioeconómico, como destacaban en el estudio del 72 en la Universidad de Stanford. Los niños con mayor autocontrol son la consecuencia de una educación comprometida en este factor. Asimismo, recordemos, dicha variable debe trabajarse y regularse a diario, aún en la edad adulta.

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