Nirvana: el estado de liberación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 9 septiembre, 2018
Ana Elisabet Amarilla · 9 septiembre, 2018

Nirvana es considerado como un estado de liberación del sufrimiento o dukkha y como parte del ciclo de renacimientos en la filosofía shramánica. Es uno de los conceptos más importantes para el budismo, el jainismo y el hinduismo, el cual solamente puede ser alcanzado mediante diferentes prácticas o técnicas espirituales.

De este modo, quien logre el estado de Nirvana estará absolutamente libre de todo sufrimiento. El ser alcanza el estado de Nirvana tras un arduo esfuerzo a través de un largo recorrido espiritual, en donde finalmente se encuentra libre de cualquier clase de atadura.

Hay, monjes, una condición donde no hay tierra, ni agua, ni aire, ni luz, ni espacio, ni límites, ni tiempo sin límites, ni ningún tipo de ser, ni ideas, ni falta de ideas, ni este mundo, ni aquel mundo, ni sol ni luna. A eso, monjes, yo lo denomino ni ir ni venir, ni un levantarse ni un fenecer, ni muerte, ni nacimiento ni efecto, ni cambio, ni detenimiento: ese es el fin del sufrimiento”.

-Siddhartha Gautama-

¿Por qué es importante el estado de Nirvana en el budismo?

El estado de Nirvana resulta ser sumamente importante en el budismo porque rompe con el ciclo de Samsara. Dicho ciclo perpetúa el sufrimiento por medio de la reencarnación y con experiencias frutos del karma.

A través del estado de Nirvana se logra una liberación absoluta debido a que el ciclo de vida y de muerte finaliza. De esta manera, las deudas kármicas son absolutamente saldadas, quedando depurado cualquier clase de sufrimiento.

Escultura de Buda sobre una montaña rodeado de nubes

El Nirvana es la última instancia de liberación alcanzado por quienes practican el budismo, hinduismo y jainismo. Se podría decir que alcanzar el Nirvana abre la puerta a una paz integral, ajena a cualquier tipo de circunstancia externa.

Asimismo, en líneas generales también se utiliza el término para designar a quien ha logrado superarse a sí mismo o bien a alguna circunstancia particularmente complicada. Cualquier clase de situación o sentimiento negativo que genere malestar puede ser un obstáculo para sentir bienestar; por lo tanto, por medio del Nirvana se puede liberar el alma y encontrar plenitud con la existencia.

¿Cómo alcanzar el estado de liberación?

El camino hacia el Nirvana es un proceso personal para descubrir la verdad absoluta, el cual no resulta ser un sitio al que hay que llegar. De este modo, para conseguir el estado de liberación total el ser debe renunciar a todo apego y a los deseos materiales, pues se considera que este apego solamente puede traer sufrimiento.

Un ser es absolutamente libre cuando lo que alguna vez lo ha atado, como son los sentimientos negativos, queda superado. Entonces se experimenta un momento de dicha y ya no es necesario que se produzca el ciclo de vida y de muerte, pues todas las deudas kármicas se liquidan automáticamente.

Sin embargo, no se puede definir al Nirvana en sí mismo, pues sería delimitarlo a las concepciones mundanas o culturales. Alcanzarlo implica un proceso de meditación para analizar completamente el cuerpo y la mente, elementos que a su vez carecen de independencia.

El Nirvana desde una concepción psicológica

Desde un punto de vista psicológico, el Nirvana correspondería con un estado de calma, de conciliación con uno mismo, en donde el conflicto de deja de ser un peso. Hablaríamos de un estado en el que la tensión queda reducida a su máxima expresión. Una ausencia de tensión psíquica que no mermaría los reflejos sensoriales y que además daría estabilidad emocional.

Perfil de una mente espiritual

En sí, el Nirvana está lejos de ser un concepto psicológico, en el sentido que es dibujado de manera original desde una perspectiva de fe, cuando la psicología no deja de ser una ciencia. Sin embargo, sí es un buen reflejo en su definición de un estado al que sí podemos aspirar, un punto de partida positivo sobre el que recargar energías y edificar cambios.

Al mismo tiempo, nos propone una reflexión muy interesante sobre el papel motivador y “frustrador” que pueden jugar los deseos dependiendo de nuestro estado emocional. Un deseo puede ser la piedra que nos termine de hundir cuando somos pesimistas y también puede ser una fuente más de energía e inspiración cuando somos optimistas.