Orfeo y Eurídice, un mito de amor

Edith Sánchez · 6 noviembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 6 noviembre, 2019
El mito de Orfeo y Eurídice nos recuerda que el amor persiste por encima de todo, incluso de la propia muerte. Cuando alguien ama verdaderamente es capaz de ir hasta el infierno para estar en compañía de aquel a quien ama.

El mito de Orfeo y Eurídice nos habla del amor que es capaz de ir más allá de la muerte. Se cuenta que Orfeo era un ser muy especial, hijo de Apolo, dios de la música y de las artes, y de Calíope, también conocida como Clío, musa de la poesía. Ese origen le otorgó a Orfeo un don especial, el de la música.

Orfeo aprendió a hacer música de mano del propio Apolo, su padre. Llegó a desarrollar tal maestría que el mismo Apolo le entregó su propia lira, en símbolo de amor paternal. Esta había sido elaborada por Hermes con el caparazón de una tortuga. Se dice que Orfeo lograba interpretar las más bellas melodías que se hubiesen escuchado sobre la Tierra.

Era tan grande su talento, que dioses y mortales se conmovían hasta las lágrimas cuando le escuchaban. Incluso las criaturas más fieras se convertían en mansas criaturas cuando su música las «embrujaba». También era muy enamoradizo, hasta que conoció a la ninfa Eurídice.

Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”.

-Rabindranath Tagore-

Estatua de Orfeo

Orfeo y Eurídice

Orfeo llevaba una vida disipada y aventurera. Por eso, se ofreció a acompañar a los argonautas en su travesía para encontrar el vellocino de oro. Se cuenta que salvó esa expedición cuando las sirenas comenzaron a tratar de confundir a los marineros con su canto. El mismo los extasiaba y los llevaba a arrojarse al mar, donde eran devorados por esos seres.

En esta ocasión, Orfeo se valió de su talento. Cuando las sirenas comenzaron a cantar, él hizo lo propio junto con su lira. Su música era mucho más hermosa que la de ellas y logró ahogar su sonido. Solo uno de los marineros sucumbió al encanto de las sirenas y terminó muerto.

Tras esa expedición, Orfeo y Eurídice se reunieron. Ella era una ninfa muy hermosa. Un día, Orfeo vio su figura reflejada en el agua y de inmediato sintió que se moría de amor por ella. Finalmente logró que ella le correspondiera. Eurídice se enamoró apasionadamente de él y los dos se casaron. Vivían un amor apasionado y totalmente correspondido.

La pérdida de Eurídice

Pese a que Orfeo y Eurídice vivían muy felices en su palacio, ella no olvidaba que era una ninfa. Por eso no podía dejar de ir a los bosques para estar en medio de la naturaleza, que le era tan familiar. Una tarde fue al bosque, como era su costumbre y vio a un cazador persiguiendo a un indefenso cervatillo. Ella le ayudó a escapar, lo que desató la ira del cazador.

El hombre dijo que le perdonaría la ofensa, siempre y cuando aceptara darle un beso. Ella se negó. Orfeo y Eurídice eran una pareja feliz y ella no iba a arriesgar esa felicidad solo por miedo. El cazador quiso forzarla y entonces ella echó a correr. En su huida, pisó la cabeza de una serpiente que estaba dormida y esta la mordió. La ninfa murió en el acto.

Cuando supo de la muerte de su esposa, Orfeo entró en desesperación. Luego, decidió ir al inframundo para rescatar a su esposa de la muerte. Valiéndose de su lira y de su hermoso canto, logró que Caronte, el barquero, y el Can Cervero, guardián de la entrada del inframundo, lo condujeran hasta donde estaba Perséfone, la reina del infierno. Ella también quedó conmovida con la música.

Puerta al inframundo

Juntos para siempre

Al final, Perséfene accedió a que Orfeo se llevara a su amada nuevamente a la vida. Sin embargo, le puso una condición. Durante el trayecto, Orfeo debía ir adelante y Eurídice detrás. No podía volverse para mirarla hasta que la luz del Sol no los cubriera por completo, fuera del inframundo. Orfeo aceptó, pero no confiaba del todo en que Perséfone le siguiera. Temía que tras él fuera un demonio y no su amada esposa.

Cuando por fin salió de la gruta, no resistió y volteó a mirar. A Eurídice le faltaba solamente que el Sol cubriera uno de sus pies. Aun así, desapareció ante sus ojos y quedó muerta para siempre. Orfeo entró en una gran pena y logró hacer una música que hacía llorar a los dioses, incluso. Las Bacantes eran unos seres veleidosos que se enamoraron de él, pero Orfeo no cedió a sus intentos de seducción.

En venganza, las Bacantes lo mataron y esparcieron sus restos por todas partes. Sin embargo, esto permitió que Orfeo y Eurídice volvieran a reunirse en el inframundo. Esta vez estarían juntos para siempre. Desde allí, aún se escuchan bellas melodías que flotan por praderas y bosquecillos.

Delgado, R. G. (2003). Interpretaciones alegóricas del mito de Orfeo y Eurídice por Fulgencio y Boecio y su pervivencia en la Patrologia Latina. Myrtia, 10, 17-33.