Personas que siempre piden favores: ¿por qué lo hacen?

07 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
«Yo lo haría por ti, venga, hazme este favor». Este tipo de frases son muy comunes entre las personas que no dudan en pedirnos cosas de manera casi continuada. Son demandas en las que, a menudo, aparece el chantaje emocional. ¿Por qué lo hacen?

“Venga, si no te cuesta nada… ¿haces esto por mí?”. Las personas que siempre piden favores nunca dejan de sorprendernos. Tienen mil recursos, cientos de excusas y un millón de halagos para lograr que cedamos, para conseguir aquello que desean de nosotros. Si conoces o tienes muy cerca a alguien que actúa de este modo, te habrás preguntado muchas veces por qué son así.

Nos lo preguntamos básicamente por dos razones. La primera es evidente: pedir un favor nunca es fácil, al menos para gran parte de las personas. Cuando lo hacemos es porque no tenemos más remedio y hemos llegado al límite. Por eso, nos descoloca ver cómo abundan los que no tienen apuro ninguno en hacer de la demanda directa o indirecta su estilo de vida.

Asimismo, hay otra cuestión: este tipo de situaciones acaban poniéndonos en la cuerda floja. Esa donde tiemblan las relaciones y nos replanteamos si se estarán aprovechando de forma descarada de nuestro buen hacer. Es quedar suspendidos en un escenario en el que tarde o temprano tenemos que alzar límites, muros que no siempre son bienvenidos.

¿Qué define a este tipo de personalidad «abonada» a la demanda excesiva? Lo analizamos.

Chico arrodillado ante un amigo representando a las personas que siempre piden favores

Personas que siempre piden favores: la persona detrás de la sonrisa

Hay quien pide favores porque lo necesita y cuando lo hacen se percibe en su expresión la necesidad, la vulnerabilidad e incluso la sombra de la timidez. Porque hacerlo no es fácil, el orgullo queda a un lado y se desnudan las emociones. Ahora bien, las personas que siempre piden favores y que las tenemos cada dos por tres encima de nosotros llegan con otra expresión.

Sus demandas se acompañan de tibias sonrisas, como la del niño de tres años que pide un juguete. A menudo, los doctorados en el arte y el contrabando de los favores lo hacen poniéndonos prisa, porque ha pasado algo de última hora y necesitan eso de nosotros de manera inminente. De ese modo, nos colocan entre la espada y la pared haciendo casi imposible que de nuestra boca salga un «no».

Este patrón comportamental ya nos da más de una pisa para entender qué hay detrás.

Los narcisistas: si me quieres, me concedes

La personalidad narcisista abunda en exceso en nuestra cotidianidad. Son muchas las personas que, sin llegar a presentar como tal un trastorno de la personalidad narcisista, evidencian rasgos y comportamientos que dificultan la convivencia. Así, una de las características más comunes es esa en la que obtener de los demás lo que uno desea.

No obstante, lo hacen de manera sofisticada. Apelan al “con lo que yo te quiero seguro que vas a hacer esto por mí» o el clásico «yo lo haría por ti”. El chantaje emocional es el motor que mueve gran parte de sus demandas, esas en las que podemos caer durante un tiempo concreto hasta que ya no podemos más.

Cuando la relación es más estrecha: menos reticencias para hacer demandas

Nuestra pareja, nuestra madre, nuestro hermano o una mejor amiga… En ocasiones, la cercanía hace que caigan las reticencias y las mesuras, hasta el punto de dar por sentado que haremos lo que sea por ellos. Sin embargo, debemos tenerlo claro: ni el amor, ni un mismo código genético obliga a nadie a quedar supeditado a lo que esa persona desee de nosotros.

Hay límites y los límites hacen que toda relación sea saludable. No por querer mucho a alguien podemos darlo todo a cada instante.

La falta de empatía y el egoísmo en las personas que siempre piden favores

Hay personas con falta de empatía, de las que no son capaces de captar que ese favor que nos piden, no nos va bien cumplirlo. Son perfiles que solo miran por su propio bien, de las que solo buscan cubrir su necesidad inmediata, su capricho momentáneo.

El egoísmo está presente en nuestra sociedad y puede estar muy cerca de nosotros, sobre todo, en las personas que siempre piden favores.

Cuando no sé resolver mis propios problemas y dependo de los demás

A menudo, podemos encontrar otro factor detrás de este comportamiento que es necesario tener presente. Hay quien no ha aprendido a responsabilizarse aún de su propia vida. Como bien sabemos, aquello que define nuestra madurez, competencia y resolución es el ser capaces de solucionar por nosotros mismos los desafíos que surgen en el día a día; sean pequeños o grandes.

Hay personas que aún no han aprendido a ser responsables de sí mismos. Por ello, podemos tener al clásico amigo, compañero de trabajo, vecino o incluso familiar que espera que seamos nosotros quienes les solucionemos cualquier problema. Basta con que lo hagamos una vez para que dependan de nosotros para casi todo.

Mujer con las manos juntas representando a las personas que siempre piden favores

¿Cómo tratar a quien no deja de pedirnos cosas?

Quien más y quien menos se ha visto en algún momento en esta situación. Podemos, por ejemplo, tener a un compañero de trabajo que se ha habituado en exceso a pedirnos esto y lo otro, a dar por sentado incluso que no nos cuesta nada cubrirle las espaldas, hacer lo que nos piden y salvarlo en esa necesidad de última hora.

La primera recomendación en este tema es que hagamos siempre lo que nos dicte el corazón. Hay que llevar a cabo lo que nos haga sentir bien, lo que nos complazca, lo que sintamos. Si llega un momento en el que empezamos a sentir el pinchazo de la inquietud, del «se están aprovechando de mí» o eso que me piden no me va bien, hay decirlo y hay que actuar.

Las personas que siempre piden favores necesitan límites y cuando antes les digamos en voz alta «no, lo que me pides no voy a hacerlo» será mucho mejor. Así, cuando quien nos demanda un favor es un familiar o una persona muy cercana, debemos hablar con sinceridad.

No por decir que no a una demanda los queremos menos. Se trata simplemente de mantener la integridad, de respetar espacios de entender que una relación también necesita reciprocidad. Amar es ser sincero en todo momento y si hay algo que no nos apetece hacer, hay que decirlo y debemos ser respetados por ello.

Son situaciones complejas que debemos aprender a manejar lo antes posible para poder convivir y proteger a su vez, nuestra autoestima.