¿Por qué cuando estamos tristes nos duele el pecho?

La tristeza no solo se actúa como una pesada losa sobre nosotros, sino que a veces da paso a un dolor en el pecho, consiguiendo que nos cueste respirar.
¿Por qué cuando estamos tristes nos duele el pecho?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 07 abril, 2022

El dolor emocional es una herida invisible de origen no físico. Y a pesar de ello, impacta, lastra, pesa y causa malestar. Tanto es así que muchos se preguntan por qué cuando estamos tristes nos duele el pecho. Es como tener una daga invisible justo en el centro, una losa que ahoga y que nos presiona cada vez que respiramos.

Es como si el cerebro quisiera recordarnos que la tristeza está ahí, como si fuese un programa que se ha instalado en nuestra mente. Esta emoción se adhiere al cuerpo como una segunda piel que vuelve nuestros movimientos más pesados. Nos obliga a la quietud, a esa inmovilidad que invita a hacerse un ovillo y a introducirse en los recovecos profundos y solitarios de la introspección y la reflexión.

Lo llamativo es que ese es precisamente el objetivo de ese estado psicofísico. Que nos detengamos, que lo dejemos todo, que como astronautas exploremos la vastedad infinita de esa realidad interna para comprenderla, para adaptarnos mejor a lo que nos rodea. Las molestias físicas y hasta el dolor corporal también cumplen su metódica finalidad

“No puedes evitar que las aves de la tristeza pasen por encima de tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu cabello”. 

-Proverbio chino-

chica pensando por qué cuando estamos tristes nos duele el pecho

La razón por la que te duele el pecho cuando estás triste

El desencadenante natural de la tristeza es siempre la pérdida. Ahora bien, no nos referimos solo a perder a alguien o a experimentar una ruptura. Estamos tristes cuando algo que nos era significativo ya no está —un trabajo, por ejemplo—, cuando lo que queremos no llega o lo que dábamos por sentado cambia. Una decepción también es una pérdida, porque aquello que nos daba sentido deja de estar presente.

Este tipo de dolor emocional nos obliga a transitar por el vacío de diferentes tipos de ausencias y sinsentidos. Esto, a su vez, nos genera diferentes grados de sufrimiento. Paul Ekman, pionero en el estudio de las emociones, indica que la tristeza se vive en diferentes grados: desde el simple desconcierto, hasta la angustia y la desesperación.

No es difícil deducir que esta emoción tenga unos correlatos psicofísicos significativos. Por lo general, cuanto más elevado es nuestro sufrimiento emocional en esa escala de intensidad de la tristeza, mayores son los síntomas. El estrés es el principal responsable de que nos duela el pecho cuando estamos tristes. Lo analizamos.

La tristeza es una emoción que tiene como finalidad que reflexionemos y desarrollemos estrategias de afrontamiento ante situaciones de pérdida o decepción.

Cuando el cerebro interpreta el dolor emocional como una amenaza

El dolor en el pecho aparece, por lo general, cuando nuestro sufrimiento es intenso o mantenido en el tiempo. Es común que este efecto psicofísico de elevada intensidad aparezca en los duelos. Perder a alguien o sufrir una ruptura afectiva son dos desencadenantes habituales. También los periodos de crisis en las transiciones, así como las decepciones más dolorosas.

  • Lo que sucede en estos casos es lo siguiente. El cuerpo interpreta esa experiencia emocional intensa y persistente como una amenaza y, en consecuencia, desarrolla una respuesta de estrés.
  • Esa respuesta de estrés libera hormonas como el cortisol y la adrenalina. La tensión arterial se eleva y el cerebro decide enviar mayores niveles de oxígeno a los músculos y no tanto al corazón o los pulmones. Lo hace en un intento por facilitar la conducta de ataque o huida.
  • En consecuencia, experimentamos cierta sensación de ahogo o presión debido a esas alteraciones hormonales y fisiológicas.

El síndrome del corazón roto, las emociones llevadas al límite

Al preguntarnos por qué cuando estamos tristes nos duele el pecho es interesante hablar de un síndrome cardíaco. Fue en 1991 cuando cardiólogos de Hiroshima (Japón) alertaron de una cardiopatía que se manifestaba sobre todo en mujeres. La llamaron síndrome del corazón roto y consiste en una disfunción ventricular izquierda (temporal) ocasionada por el estrés emocional.

Investigaciones, como las realizadas en la Universidad de Utrecht, hablan de esta afección cardíaca. Lo que se aprendió con el descubrimiento de esta condición es que la tristeza intensa, la angustia y el sufrimiento pueden ocasionar una miocardiopatía de estrés reversible.

Ante situaciones de tristeza persistente, el organismo desarrolla una respuesta de estrés liberando adrenalina, noradrenalina y cortisol. Estas hormonas actúan acelerando el corazón, reduciendo los niveles de oxígeno y elevando los niveles de catecolaminas. Esto genera sensación de presión y ahogo. En casos extremos, puede ocurrir una cardiopatía puntual, pero reversible y sin gravedad.

Mujer haciendo un corazón con sus manos representando Por qué cuando estamos tristes nos duele el pecho

¿Qué podemos hacer cuando la tristeza se vuelve dolorosa?

La tristeza no solo se traduce en presión en el pecho. Hace que nuestros músculos pesen como el plomo, reduce nuestros niveles de atención y altera nuestro apetito. ¿Qué podemos hacer en estas situaciones en que esta emoción se convierte casi en un pesado traje que nos hunde hasta el lecho marino de nuestro sufrimiento?

Lo primero es desactivar la intolerancia hacia las emociones de valencia negativa. Bien es cierto que a nadie le agrada sentirlas. Que duelen, distorsionan, entumecen y detienen nuestra vida convirtiéndonos en alguien que no nos agrada. Sin embargo, toda emoción quiere que le demos presencia y no que la ocultemos debajo de nuestra cama, en el rincón más oscuro de nuestra mente.

Busquemos a alguien que nos escuche sin juzgar, desahoguemos el dolor, la ausencia y la frustración hablando. Tracemos soluciones innovadoras y no alimentemos la preocupación que inmoviliza y oxida aún más las penas. Aceptemos lo que no se puede cambiar y cambiemos lo que requiere una nueva formulación existencial.

Al fin y al cabo, la tristeza solo quiere que hablemos con nosotros mismos, y ese ejercicio, apagará pesares y nos permitirá respirar de nuevo; sin dolor.

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