Procrastinación: “ya lo haré mañana”

Sara Clemente · 1 diciembre, 2017

¿Cuántas veces tenemos algo importante que hacer y lo postergamos hasta tal punto que finalmente no lo llevamos a cabo? ¿Piensas que tu dejadez está justificada? ¿Crees que no tiene solución? Te explicamos en qué consiste la procrastinación, cuáles son sus repercusiones y cómo combatirla.

La procrastinación es un hábito del comportamiento relacionado con el querer y la voluntad de actuar. Se refiere a la acción de retrasar o posponer situaciones o actividades que tenemos pendientes y que deben ser atendidas. Profundicemos.

Ya lo haré mañana… O el mes que viene

Imaginad que tienes que realizar un informe para uno de tus mejores clientes. El jefe te está metiendo mucha prisa, porque de ello depende el cierre de un acuerdo muy importante. Lo más coherente es que trates de realizarlo cuanto antes. Pero, la procrastinación te tienta a posponerlo. De hecho, realizas antes un sinfín de pequeñas tareas, superfluas y aplazables, dejando para el final de semana el gran informe.

Otro ejemplo. Te han robado el bolso y dentro llevas, entre otros enseres, el DNI, el carnet de conducir y numerosas tarjetas de crédito. Normalmente, te urge ir a poner una denuncia, cancelar tus tarjetas de crédito y pedir hora para recuperar tus carnets. No hacer esto sería además de una conducta algo negligente, una manera de procrastinar.

Hombre bostezando

Consecuencias de la procrastinación

Procrastinar se suele utilizar comúnmente para referirse a la sensación de ansiedad causada por no tener fuerza de voluntad para finalizar una tarea que tenemos pendiente. ¡Es pura impotencia y frustración!

En los casos anteriores, se está aplazando indefinidamente un contratiempo, a sabiendas de que es una situación realmente urgente y que debe ser resuelta sin demora. Esa no resolución genera cierto agobio. Retrasar el deber no se traduce en una reducción de la angustia, el enfado o la preocupación que podamos sentir. Más bien todo lo contrario.

Estos malestares irán aumentando a medida que pase el tiempo y no se solucione el conflicto. La persona sabe que tiene pendiente algo importante y que si no lo afronta, va a perjudicarle. Además, si este comportamiento se produce de manera continuada, puede convertirse en un hábito muy difícil de cambiar y verdaderamente dañino.

Los procrastinadores viven durante largo tiempo en una especie de aletargamiento. Se encuentran sumidos en actividades intrascendentes, mientras que otras tareas que han de hacer, las dejan para el último momento o para nunca.

Razones de posponer sine die

Cuando retrasamos tareas o situaciones urgentes lo hacemos por dos razones: porque la hemos sustituido por otra actividad que nos resulta más agradable o irrelevante; o, simplemente, porque preferimos no hacer nada.

Si la justificación es que nos apremia otra tarea, entonces estaremos siendo víctimas del “aquí, ya y ahora”. Existe una tendencia en la actualidad a tomar como urgente lo vigente, lo que va surgiendo en el día a día. Con ello, se retrasan grandes proyectos con recompensas o beneficios mejores a largo plazo.

Si preferimos no hacer nada, entonces estaremos convirtiéndonos en nuestros propios enemigos. Aunque es bueno descansar de vez en cuando, caer en la pereza, en el abatimiento, en la desgana o en el pasotismo juega significativamente en nuestra contra. Procrastinar es un enemigo de la productividad y no te permite aprovechar tu potencial.

Mujer sin hacer nada pensando en la procrastinación

Estrategias para combatir la procrastinación

Algunas sencillas pautas que pueden menguar tu nivel de procastinación pasan por hacerte un par de preguntas clave:

  • Si tarde o temprano lo voy a tener que hacer, ¿qué consigo demorándolo?
  • ¿Es algo que me afecta solamente a mí o que involucra a muchas más personas?

Una vez respondidas, probablemente hayas cambiado tu actitud. Pero igual aún necesitas más estrategias para combatirla.

  • Regla de los 2 minutos: se basa en la idea de que si tardas más de 2 minutos en planificar una acción, tienes que dejar de planificarla y hacerla.
  • Vence tu resistencia: una vez dado el primer paso, tu reticencia o miedo a hacerla desaparece.
  • Gestiona tu energía, no tanto tu tiempo: si estás cansado o enfadado, las probabilidades de abandonar la tarea o de empezarla se incrementan. Y, con ella, aumenta tu procrastinación.
  • Divide y vencerás: segmentar el trabajo en pequeñas tareas o pasos concretos ayuda a ver el final cada vez más cerca.
  • Establece recompensas: una vez alcanzado tu objetivo, es bueno que te concedas algún capricho. Haz algo que te relaje, que te calme o que te apetezca.

Procrastinación positiva

Existen algunas teorías que hablan de procrastinación positiva para referirse a la buena intención que existe detrás de la actitud negativa de los procrastinadores. Es un planteamiento instrumental que aboga por la forma de actuar de las personas para obtener un beneficio. Por ejemplo, para evitar hacer tareas que nos resultan aburridas, tediosas o demasiado mecánicas, con el fin de no generar enfrentamientos o situaciones violentas o dolorosas.

En este sentido, para las personas que son muy perfeccionistas, la procrastinación puede ser incluso una virtud. Al no querer realizar algo con prisa y atropelladamente para que el resultado sea óptimo, deciden atrasar la tarea. Y no la empiezan hasta que no se aseguran de tener el tiempo suficiente para acabarla perfecta.

Otros autores hablan de la pereza productiva. La definen como aquella que motiva a las personas a buscar trucos, soluciones o atajos cognitivos para hacer una tarea con el mínimo esfuerzo.

Evadir la responsabilidad o refugiarse en tareas superfluas puede convertirte en un procrastinador crónico. Pon solución y trata de abandonar esta actitud. Aboga por solucionar los problemas o las tareas más complejas primero. ¡Verás cómo te sientes mejor contigo mismo!