¿Qué cosas destruyen nuestra autoestima?

Yamila Papa · 15 enero, 2015

 

Si hay algo que suele “pender de un hilo” es la autoestima o el amor propio. Diferentes palabras, acciones o situaciones hacen que sus niveles disminuyan bruscamente.

Y el problema radica en que después es difícil volver a equilibrarlos. Por ello, es bueno que prestes atención a los peores enemigos de la autoestima para que trates de evitarlos.

Nuestros hábitos pueden ser positivos o negativos. Eso seguro ya lo sabrás. Sin embargo, a veces no nos damos cuenta de la diferencia o de la huella que nos dejan (para bien o para mal). Si hay algo que hacemos desde hace mucho tiempo, quizás sea más difícil eliminarlo de la noche a la mañana.

Por lo tanto es esencial que, como primera medida para proteger nuestra autoestima, seamos conscientes de que tenemos ciertas costumbres que ponen en peligro la salud de nuestra autoestima. No importa si hace años o décadas que las cumples “a rajatabla”, si es algo que heredaste de tus padres o si ya has nacido con ello.

Tienes la oportunidad de cambiar la forma de pensar y de actuar a partir de ahora si deseas mejorar tu autoestima. ¡Si te lo propones, lo puedes hacer!

El primero de los hábitos que reducen tu amor propio es algo tan frecuente como negativo: descalificarse. “Yo no puedo hacer eso”, “no tengo la capacidad”, “no puedo”, “no valgo nada”, “¿cómo se va a enamorar de mi?” y la lista continua. Si te repites a menudo que no sirves y que tienes cualidades de perdedor, no conseguirás cosas buenas.

Estarás automáticamente cerrando todas las puertas y hasta las ventanas que dejan ingresar el éxito, el amor, la felicidad o la plenitud. Es verdad que todos tenemos defectos y virtudes, debes empezar a pensar más en las últimas que en las primeras.

En segundo lugar, un “archi enemigo” del autoestima es actuar como si fuéramos una víctima. Puede ser del sistema, de la vida, del universo, de la familia, de la pareja, lo mismo da. Ante los problemas y dificultades (que todos tenemos), existen diversas maneras de actuar.

Si depositas la responsabilidad en un tercero, sea una cosa o una persona, para sentirte mejor contigo mismo, déjame decirte que no estás ayudándote en lo absoluto. Sino todo lo contrario. Empieza a tomar las riendas de tu vida y a hacerte cargo de tus errores, por más graves que sean.

En los tiempos que corren, la competencia es “el pan de cada día”, sobre todo en los ámbitos profesionales. Si a esto le sumamos que para mantener el trabajo tenemos que ser los mejores y rendir al 100%, no es extraño entonces que nos auto exijamos demasiado. Las personas con tendencias perfeccionistas suelen ser las que tienen la autoestima más baja, porque nada de lo que hacen o dicen cumple con sus expectativas.

Nunca se enorgullecen de lo que logran, ni siquiera se alegran de haber conseguido “la tan ansiada perfección”. Aunque sean los primeros de la clase o los preferidos del jefe por buen desempeño, no son felices, creen que siempre les falta un paso más, una nueva vuelta de tuerca.

Por otra parte, nos quita la autoestima un hábito muy instaurado en la sociedad actual: las comparaciones. “Mi amiga tiene el cabello más bonito”, “mi colega vende más”, “mi vecino tiene un coche más nuevo”, “mi hermano gana más dinero que yo”. Nos la pasamos comparando y eso no nos hace bien. Cada uno tiene lo que le ha tocado, lo que puede o lo que se merece.

Si realmente quieres comparar algo, hazlo con los resultados y las maneras de actuar. Si tanto te gusta el cabello de tu amiga, pregúntale qué schampú usa; si deseas conseguir más ventas, habla con tu colega; si te encanta el coche de tu vecino, analiza la manera en que gasta su dinero; si tu hermano tiene un sueldo más alto que el tuyo, pídele consejos para conseguir un puesto mejor.

Y por último, aunque no por eso menos importante, no debemos olvidarnos de un hábito que destruye al autoestima, pero también otras cosas, como por ejemplo, la relación que tenemos con los demás (y con nosotros mismos): centrarnos en los errores.

No importa que hayas logrado el objetivo, que conseguiste aquello que tanto querías, siempre verás el medio vaso vacío. Te has sacado una buena calificación en un examen, pero te centras en lo que te equivocaste. Es obvio que cometeremos muchos errores a lo largo de la vida y que éstos nos ayudarán a no volver a repetirlos. Sin embargo, vale la pena centrarnos en lo bonito, en los logros, en la felicidad.