Qué es la paranoia y por qué nos hace daño

Edith Sánchez · 27 mayo, 2019
La paranoia es un estado mental y emocional complejo, del que se habla desde la época de Hipócrates. La psiquiatría convirtió este concepto en un complemento de otros trastornos, mientras que el psicoanálisis lo aborda como una entidad independiente.

La paranoia se ha interpretado de una manera diferente en la psiquiatría y en el psicoanálisis. El concepto surgió inicialmente en psiquiatría y, en principio, se le asumió simplemente como una forma de demencia.

Con el tiempo, la psiquiatría descartó este concepto como una entidad diagnóstica; en parte, porque la paranoia comenzó a formar parte de algunos trastornos mentales, en particular de la esquizofrenia. Así, dejó de ser una entidad aparte y se transformó casi en un síntoma de otras patologías. Actualmente, lo que más se le parece, según el DSM, es el “síndrome delirante”.

En el psicoanálisis ocurrió algo muy diferente. En principio, Sigmund Freud la abordó como una forma de neurosis derivada de la obsesión. Más adelante, particularmente con el caso Schreber, comprendió que se trataba de una psicosis. Lacan, por su parte, hizo su tesis de doctorado a partir del caso Aimée: una paranoia curada.

… “aquello que es abolido adentro retorna desde el exterior”.

-Sigmund Freud-

Algo de historia

La palabra paranoia proviene de la raíz griega “para”, que significa “al lado de” o “a lo largo de”; y de la palabra “noev”, que significa pensar o comprender. Así que por su etimiología, la paranoia es algo así como “tener un pensamiento paralelo”. El primero en hablar de ella fue Hipócrates.

Mujer con alucinaciones

Durante mucho tiempo se empleó la palabra paranoia como sinónimo de locura. El alemán Kahlbaum es el primero en hablar de ella como una entidad diferenciada, en 1863. Kraft-Ebing desarrolló un poco más el concepto y en 1879 la definió como una “alienación mental que concierne sobre todo al juicio y al razonamiento”.

Hubo otros intentos de describir esta problemática, pero finalmente se impuso el concepto de Kraepelin, en 1889. A partir de ese momento, tomó el significado de un tipo de trastorno en el que hay ideas delirantes, sin otra psicopatología significativa. En el DSM estuvo presente hasta 1987, cuando se sustituyó por el “Trastorno delirante” o el “Trastorno paranoide”.

La paranoia en el psicoanálisis

Sigmund Freud habló inicialmente de la paranoia, sin llegar a conceptualizarla completamente, en su obra Las neuropsicosis de defensa (1894). El psicoanálisis freudiano se ocupó principalmente de las neurosis. Freud asoció la paranoia con el mecanismo de proyección inicialmente; luego, no avanzó en ello de forma concluyente.

Neisser definió un aspecto fundamental de la forma en la que el psicoanálisis aborda el fenómeno paranoico. Señaló que este es, en esencia, “una manera singular de interpretar. El paranoico siente que todo lo que observa y escucha, de una u otra manera, se refiere a él.

Jacques Lacan, por su parte, profundizó mucho más en el tema. En un texto de 1958, en el que se refiere al caso Schreber, abordado por Freud, Lacan definió la paranoia como la “identificación de un goce en el lugar del otro”.

Lacan es críptico y no se le entiende fácilmente. Digamos simplemente que su afirmación equivale a la consigna de la paranoia: “El Otro goza de mí. Jacques Lacan lo dice literalmente de esta manera: “Él mismo [el paranoico] se ofrece como soporte para que dios o el Otro goce de su ser pasivizado”.

Mujer agobiada

Dilucidando el concepto de paranoia

Paranoico en psicoanálisis no es solamente una persona desconfiada, como se acostumbra a pensar en la cultura popular. El afectado por este problema parte de dos presupuestos: uno, que alguna suerte de “maldad” o “crueldad” se ha desatado y él sería la víctima de aquella. Y dos, que lo que ocurre en el mundo de alguna forma tiene que ver con él.

El paranoico interpreta el mundo desde esos dos presupuestos y sobre la base de un delirio. El delirio es una historia poco razonable. En la paranoia, esa historia tiene que ver con una forma de maldad que quiere convertir a la persona en víctima. “Los espíritus perversos se apoderan de mi mente”, por ejemplo. O los marcianos o el diablo.

En ese estado, una persona interpreta los hechos a partir de la historia a la que su mente le ha dado vida. Así, perder un objeto, por ejemplo, sería prueba de que esos espíritus, marcianos o demonios, o lo que sea, están jugando con él o atormentándolo.

Como lo señala Lacan, aparece la consigna: “El Otro goza de mí”. Y frente a esto, se siente completamente “pasivizado”. Le atribuye lo que pasa en su vida: “No fui yo, fue el Otro. Esta creencia y este delirio abarcan desde situaciones relativamente simples, como la celotipia, hasta estados que llevan a consecuencias más graves, como en el caso Aimée.

  • Freud, S. (1911). Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente. Obras completas, 12, 1-73.