Que te quiera ahora no significa que te quiera dentro de un rato

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 9 septiembre, 2015
Edith Sánchez · 2 diciembre, 2014

 

Los sentimientos son elaboraciones complejas en las que influyen la razón, las emociones, la voluntad y toda la personalidad en general de cada uno de nosotros.

Un sentimiento es el producto de un largo proceso. Tiene un ciclo de vida más largo que el de una emoción o una percepción, pero no es inalterable. Puede cambiar en función del tiempo o de las circunstancias.

Los sentimientos hacen que haya una disposición específica hacia una persona, una situación o cualquier tipo de realidad.

Los sentimientos son una forma de condensación de las emociones y determinan la actitud y el estado emocional de cada ser humano.

“Vivimos sólo de nuestros pobres, bellos, y magníficos sentimientos, y cada sentimiento que lastimamos es una estrella que apagamos”

-Herman Hesse-

¿“Querer” es un sentimiento?

 

La palabra “querer” encierra un dejo de ambigüedad. Se emplea para expresar aquello que se desea, pero también forma parte de un idioma fronterizo con el amor.

Cuando se le dice a alguien que se le quiere, no es claro si se habla de que se le necesita, se le desea o se le ama.

Del mismo modo, en el terreno emocional el “querer” puede resultar paradójico. Normalmente corresponde a una fase de amor en la que hay gusto, atracción, deseo y una predisposición hacia la unión. Pero no es un sentimiento como tal, sino más bien un afecto.

Pareja besándose en el río

El querer tiene una existencia inestable y también impredecible. Forma parte del amor, pero no es aún amor.

Por eso su destino es la transformación: bien puede convertirse en un sentimiento genuino y profundo, o bien puede desaparecer. Es como un amor que no ha alcanzado la mayoría de edad.

Por eso es radicalmente cierto lo que está indicado en el título de este texto: que te quiera ahora, no significa que te quiera dentro de un rato.

Para que el “querer” tome un rumbo más definitivo, hace falta un plus de tiempo, de situaciones compartidas, de decantación. Su existencia no garantiza permanencia. Que se experimente hoy, no significa que esté vigente a la mañana siguiente.

 

Del querer al amar

 

Uno de los rasgos más definitivos del amor es que exige la toma de decisiones. El amor es eso fundamentalmente: una decisión.

Y toda decisión se toma solamente después de haber sopesado la realidad en diferentes formas y de haber llegado a una conclusión en la que se equilibra el deseo, la voluntad y la convicción.

“Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta”

-Sam Keen-

Pareja enamorada agarrada de la mano

Lo que define a un sentimiento es precisamente todo ese proceso que va desde una simple percepción, hasta la conformación de una realidad subjetiva que involucra la razón y la voluntad.

Por eso no se puede afirmar “que te ame ahora no significa que te ame dentro de un rato”.

El amor tiene en su esencia la vocación de permanecer. Eso, por supuesto, no garantiza que se perpetúe eternamente, pero sí supone la conquista de una cierta estabilidad que le da alguna perdurabilidad en el tiempo.

Mientras que el querer se mueve en las aguas de un destino incierto, el amar sí tiene un norte: perdurar. También tiene un propósito, jamás cumplido, pero siempre perseguido: fusionarse con el otro, complementarse, ser uno.

Las emociones y los sentimientos humanos son cambiantes, pero entre más sólidamente estén cimentados y más tiempo de maduración les preceda, más perdurables se tornan.

Imagen cortesía de elad abraham