Reactancia psicológica durante la cuarentena

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
La reactancia psicológica es un fenómeno muy presente en cualquier situación en la que el entorno cambia las circunstancias o las normas. Así, hoy queremos preguntarnos, en este contexto psicológico, cómo podemos explicar nuestras reacciones ante las restricciones con las que tenemos que convivir.
 

Las restricciones impuestas por la situación actual tienen el objetivo de frenar la propagación del coronavirus. A pesar de la gravedad de la situación, persiste el goteo de noticias sobre denuncias a personas que incumplen las medidas. ¿Unos pocos irresponsables o víctimas de la reactancia psicológica?

Tras haber seguido la evolución de la epidemia en China, el día 31 de enero de 2020 recibíamos la noticia del primer caso (importado) de coronavirus en España. Esta noticia se siguió con relativa calma, hasta que el número de contagios aumentó llegando al punto de obligar al gobierno a establecer medidas de confinamiento.

Se decretó el cierre de centros educativos y lugares de ocio y se obligó a la suspensión de eventos. Además, se solicitó a las empresas que facilitaran el teletrabajo a sus empleados. Sin embargo, estas medidas no dieron resultado.

El día 14 de marzo de 2020 se declaró el Estado de Alarma Sanitaria en España. Se intensificaron las medidas para limitar el riesgo de extensión del virus, por lo que se instó a los ciudadanos a no salir de sus hogares, salvo para adquirir bienes de primera necesidad, para acudir a trabajar (en caso de no poder hacerlo desde casa), para el cuidado de personas mayores y/o en situación de dependencia o en caso de emergencia.

 

Mujer que sufre los efectos psicológicos de la cuarentena

¿Cómo reaccionó la gente ante las medidas? Primeros indicios de reactancia psicológica

Estas medidas han tenido distintas respuestas por parte de la sociedad. La primera fue salir a arrasar en los supermercados, como ya había ocurrido con las mascarillas, los guantes y los geles hidroalcohólicos.

Esto pudo suceder por miedo a un aislamiento total, por evitar acudir a lugares muy concurridos más adelante (cuando el riesgo de contagio fuera mayor) o por temor al desabasteciddffmiento.

La segunda respuesta, y más preocupante, fue la toma a la ligera de estas medidas, especialmente en los primeros momentos, cuando eran menos restrictivas.

Con motivo de la suspensión de las clases, las discotecas organizaron fiestas y los jóvenes abarrotaron bares y terrazas para disfrutar del buen tiempo. Los parques se llenaron de niños, muchos a cargo de sus abuelos (grupo de riesgo).

La población trabajadora, aprovechando el teletrabajo, y los estudiantes por el cierre de sus centros, regresaron a sus ciudades y pueblos de origen. Incluso familias enteras, tomándose este periodo como unas vacaciones, marcharon a sus segundas residencias.

 

¿Por qué incumplimos la cuarentena?

Brehm estudia las consecuencias de limitar la libertad de los sujetos y acuña el término «reactancia psicológica». La reactancia es una reacción de tipo motivacional o emocional que surge cuando el individuo ve limitada o amenazada su libertad, con el fin de recuperar esa libertad de acción.

Decharms, por su parte, explica que la necesidad de elegir libremente la conducta (la necesidad de autodeterminación), es una motivación primaria y, por tanto, al verse coartada, se produce esta reactancia psicológica. Ésta depende de varios factores:

  • De la expectativa de libertad. Es decir, a mayor sensación de libertad, mayor reactancia psicológica ante las limitaciones. Nadie pensó que nos fueran a prohibir salir de casa.
  • La importancia de la libertad. Si esta es importante para el sujeto, su limitación causará mayor reactancia psicológica. Y es que ¿qué puede haber mejor que salir a cenar un viernes con amigos después de una semana dura?
  • De la fuerza de la amenaza. A mayor fuerza, mayor reactancia psicológica. Podemos soportar que nos suspendan eventos, pero no que nos prohíban salir a la calle.
  • De la proporción de libertades amenazadas, Es decir, a mayor número de conductas previamente percibidas como libres y ahora limitadas, mayor reactancia psicológica. No solo no nos dejan ir a trabajar, tampoco podemos ir al cine o a tomar un café a una cafetería.
  • De la legitimidad de la fuente de limitación. La legitimidad suele reducir la reactancia psicológica, pero en algunos casos tiene efectos contradictorios, tal como se vio con las primeras medidas y las quejas hacia el gobierno por su gestión.
 

Hombre pensando muy serio

¿De qué manera respondemos para restaurar la libertad perdida?

Aquí van algunas formas comunes:

  • Restauración directa. Esto es, hacer exactamente aquello que se ha prohibido o, por lo menos, emitir conductas asociadas. Un ejemplo claro es la gente que, ante el cierre de bares, se reunió en las calles para el aperitivo a pesar de la prohibición.
  • Restauración indirecta. Es decir, llevar a cabo conductas equivalentes o realizar comportamientos que demuestren que se es capaz de hacer aquello que se ha prohibido. Un ejemplo podría ser la persona que, ante la prohibición de salir a pasear, va todos los días al supermercado que está a 3 km para darse ese paseo.
  • Respuestas subjetivas. Esto explica por qué una conducta prohibida, casi inevitablemente se va a percibir como más atractiva y valiosa. Es el clásico «nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes» o, mejor dicho, «siempre supiste que lo tenías, pero nunca pensaste que lo podías perder». Y es que nunca se valora lo suficiente una reunión con amigos hasta que se te prohíbe.
  • Hostilidad y agresividad hacia la fuente limitadora. Que surjan, o no, depende de los factores anteriormente explicados. Además, la privación de libertad siempre se acompaña de malestar.
 

Esta situación pasará, y todo volverá a la normalidad. De momento, por todos los que ahora no pueden hacerlo, luchemos contra nuestra reactancia psicológica y quedémonos en casa. Porque entre todos podemos frenar la curva, y, hoy, quedarse en casa salva vidas.