Relaciones afectivas con personas inseguras ¿cómo son?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 7 marzo, 2019
Decía Borges que el peor de los pecados es no ser feliz. Por eso debemos entender cómo son las relaciones afectivas con personas inseguras, esas cuya baja autoestima deriva en unos celos obsesivos, en querer hacernos cautivos de sus miedos y desconfianzas obsesivas.

Las relaciones afectivas con personas inseguras pueden dejar un poso amargo, incluso doloroso. Son esos perfiles que viven con la duda constante, con una baja autoestima que les carcome. No se creen «los te quiero», no les valen las palabras porque aquello que prefieren y necesitan son las pruebas de amor y, sobre todo, los sacrificios.

Cuando el miedo manda sobre todo nuestro universo personal, todo va a la deriva. Puede que no lo notemos hoy, puede que no lo percibamos mañana, pero la inseguridad da forma a grandes francotiradores emocionales.

Define a personas que se atrincheran tras sus sombras, sus dudas y desconfianzas mirando el mundo desde la barrera. No se exponen, no se arriesgan pero esperan a su vez que los demás, de algún modo, se ajusten a sus perspectivas y necesidades vitales.

Por otro lado, sabemos que cada uno de nosotros presentamos también ciertas inseguridades. Es algo normal. Todos tenemos esquinas que pulir, cabos sueltos que ajustar, piezas que encajar para ser un poco más solventes en nuestro día a día. Sin embargo, en materia afectiva, la inseguridad puede ser tremendamente peligrosa.

Sentir, pensar y actuar a través del canal del miedo, de la falta de certidumbre y la baja autoestima nos puede conducir a crear vínculos realmente dañinos; también a experimentar determinados trastornos psicológicos dependiendo de las características personales de cada uno.

«Quien tiene miedo tiene desgracia».

-Proverbio Kurdo-
Mujer triste que sufre por las relaciones afectivas con personas inseguras

Relaciones afectivas con personas inseguras: origen y características

Decía el escritor israelí Jonathan Safran Foer en su novela Tan fuerte, tan cerca que «tengo tanto miedo a perder aquello que amo que me niego a amar nada». En un primer momento, la afirmación puede parecer compartida y acertada. Siempre será mejor no amar que someter al otro al imperio constante del miedo y el temor a la pérdida. No obstante, lo ideal y necesario es no vetarnos el sentir, no negarnos el amor y trabajar ese tejido roto deshilachado por los miedos.

Ahora bien, ¿cómo son las relaciones afectivas con personas inseguras? Siempre hay diferencias interindividuales. Dejándolas a un lado, y asumiendo el error que de ello se deriva, podemos decir que las siguientes características se dan con frecuencia.

Mírame mejor de lo que me veo yo

La persona insegura no busca que su pareja sea su espejo. Necesita algo más, algo más maquiavélico, complejo y desgastante. El ser amado tiene la obligación de ser ese foco que engrandece y potencia las virtudes de la persona insegura. Es su sustento emocional y debe nutrirlo a diario de refuerzos positivos, de imágenes, palabras y gestos que puedan validar al otro tal y como necesita.

Este ejercicio podrá darse los primeros meses, puede que incluso durante unos años. No obstante, tal tarea llega a ser agotadora. Sobre todo porque quien se esfuerza en iluminar, engrandecer y abrillantar las sombras del otro, al final, queda él mismo relegado a la indiferencia y la extenuación emocional.

El inseguro que se victimiza y el inseguro que se vuelve tirano

En las relaciones afectivas con personas inseguras pueden sucederse también dos realidades. La persona insegura suele usar dos tácticas para controlar a su pareja.

  • La primera es victimizarse. Dar a entender al otro que no está haciendo suficiente, que le está fallando. Nos harán creer que somos egoístas, tergiversará cualquier hecho, palabra o matiz para culpabilizarnos de su infelicidad, de su malestar.
  • Por otro lado, quien sufre un claro sentimiento de inferioridad puede hacer uso de una estrategia muy clásica: esforzarse por alcanzar la superioridad. Este fenómeno fue estudiado en su día por Alfred Adler. Tal y como nos explicó este conocido psicólogo social, la persona sufre una clara división entre el yo real (es decir, débil) y el ideal (es decir, el superior).
  • Por ello, no dudará en intentar engrandecerse y para ello, nada mejor que intentando «empequeñecer» a la pareja. Al someterla, infravarlorarla o despreciando sus logros y virtudes la persona insegura adquiere poder y fortaleza.
Chico triste en una ventana representando las relaciones afectivas con personas inseguras

El origen de la inseguridad emocional

Estudios como el llevado a cabo por Jeffry A Simpson, de la Universidad de Minesotta, Estados Unidos, nos señalan que el origen de la inseguridad afectiva está en el estilo de apego con el que fuimos criados. Esta es sin duda una teoría muy recurrente que nos habla de las consecuencias que puede tener para nuestra personalidad, una crianza basado en el rechazo, en la negligencia, en esas necesidades básicas y emocionales no atendidas y descuidadas.

Este tipo de apego acaba contaminado por el miedo, de ahí que en la edad adulta aparezca esa inseguridad, esa necesidad constante por sentir la validación de la que uno careció en la infancia.

¿Qué hacer cuando en nuestra relación está presente la inseguridad?

Las relaciones afectivas con personas inseguras no son fáciles. Puede que ahora mismo estemos pasando por ello. Es posible incluso, que nosotros mismos seamos esa persona insegura, aquejada de miedos, con la duda constante y la sensación permanente de que vamos a ser abandonados.

Daniel J. Siegel doctor de la Universidad de Harvard, señala que una relación es hacer una ensalada de frutas, pero nunca un batido. Es decir, nunca deberemos renunciar a nuestras partes esenciales para «diluirnos» por completo en la otra persona. No lo haremos ni le pediremos tampoco al ser amado que lo haga.

La baja autoestima y la inseguridad deben tratarse. Hay que tratar las ideas irracionales, las desconfianzas y esos vacíos que impiden nuestro crecimiento, nuestra fortaleza psicológica y solvencia emocional. Algo así puede conseguirse mediante terapia psicológica.

En el amor no hay que exigir sacrificios, hay que trabajar los compromisos. Y para hacerlo, hay que ser valientes, maduros y decididos. Pensemos en ello, el amor es algo que siempre vale la pena y como dijo Borges, el peor pecado de todos es irse de este mundo sin haber sido verdaderamente feliz en algún momento.

  • Simpson, J. A., & Rholes, W. S. (2017, February 1). Adult attachment, stress, and romantic relationships. Current Opinion in Psychology. Elsevier B.V. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2016.04.006