La belleza del optimismo

Yamila Papa · 10 abril, 2014

Se trata de dos cosas diferentes aunque no lo parezca. Es que el optimismo no conduce en todos los casos a la alegría expresa sino que inunda de paz interior el cuerpo y la mente de esa persona. Esto es lo que luego proporciona una belleza serena, que ilumina el rostro, pero también el alma. Hay muchas ocasiones que pueden alegrarnos la vida como la llegada de un hijo, el casamiento, encontrar el amor o graduarnos, sin embargo, eso no quier decir que la persona sea optimista, sólo está disfrutando de ese instante de felicidad que le fue otorgado (o que se ha merecido).

La diferencia se nota siempre cuando la vida precisamente, no nos sonríe. En el momento en que ocurre alguna tragedia, desgracia o mala noticia es donde sale a relucir la personalidad de un optimista o aparece la del pesimista que algunas veces ríe si las cosas le salen bien. Un optimista ante esta situación estará triste, porque no es un robot, pero no se verá desesperado, ya que podrá vencer el desaliento o el abandono, dos características relacionadas a la fealdad (tanto externa como interna).

También podemos decir que existen dos tipos de personas: los que confían en ellos mismos y en los demás y los que viven desconfiando de todo el mundo, inclusive de sus propias capacidades o actitudes. Las primeras son agradables, amenas, da gusto hablar con ellas, son serenas, nos caen bien, tienen una bella personalidad más allá de su aspecto físico. Las segundas todo lo contrario, no nos dan ganas de ponernos a charlar, nos repelen sin saber por qué, creemos que lo que dicen es falso, etc.

¿Ser optimista es lo mismo que ser ingenuo?

Muchos suelen confundir estas dos cuestiones porque se dice que los demasiado optimistas no ven las cosas como realmente son. Si una persona es optimista por ser adinerada, guapa, con un buen empleo o formación, estará viviendo en una realidad “inventada”. Como se dijo anteriormente, si algo malo les ocurre en su vida perfecta, es probable que dejen de ser de esa manera, pasarán a sentirse abatidos, defraudados, solos, etc.

Pero volviendo al hecho de comparar entre el optimismo y la ingenuidad, debemos decir que pueden tener relación o no. Tal vez veas a alguien demasiado confiado del futuro o de lo que ocurrirá en su empleo y creas que es muy ingenuo, que no ve las cosas en perspectiva, que vive en una nube, etc. Es que su confianza es tan grande que hace dudar hasta al más pesimista del mundo. Y eso no quiere decir que sean ingenuos o inocentes, sino que ven las cosas con otro cristal.

Ahora bien, pecará de ingenuo aquél optimista en demasía que crea que el médico siempre le va a decir que está sano o que lo va a curar de todas las enfermedades sin importar cuán grave sea, por ejemplo. Sería entonces más realista pensar que el doctor es estupendo y que le ofrecerá el mejor tratamiento que hay a su alcance y que la recuperación dependerá de varios factores.

Optimismo vs Pesimismo

Una persona optimista es aquella que sabe esperar, que piensa, que desea y que actúa en consecuencia para que todo pueda cumplirse. Siempre imagina lo mejor pero a la vez sabe aceptar lo peor o lo inesperado. Tiene más capacidad de acción en los reveses de la vida porque puede ver el lado positivo donde los demás sólo observan desolación, miedo, tristeza, pocas oportunidades, etc.

Ser optimista cuando “la vida es color de rosas” es demasiado sencillo, porque esa época de bienaventuranza puede acabarse y con ella barrer con el sentimiento. Un optimista con todas las letras es aquél que aún luego de haber fracasado más de una vez se sigue levantando y mirando hacia adelante, con la frente en alto y aprendiendo de cada experiencia. Sabe relacionar lo que le ocurre con lo que puede llegar a pasar mañana.

Por el contrario, el pesimismo aparece en muchas personas debido a dos cuestiones fundamentales: la primera, porque tienen una dificultad para ver la realidad de las situaciones o no lo pueden resolver como quisieran y la segunda, porque existe un problema interno donde siempre se analiza con una vara negativa, crítica, de queja, de disconformidad, etc.

Ver la realidad en una situación es algo bastante complicado y no todos tienen la capacidad de lograrlo. Siempre aparece esa carga subjetiva que no nos permite analizar correctamente lo que nos pasa, el enfoque personal casi nunca puede ser objetivo y no esperamos que lo sea. Sin embargo, el optimista podrá ver el medio vaso lleno y el pesimista el medio vaso vacío, tan sencillo y práctico como eso.

La belleza del optimista se refleja en su rostro o en su cuerpo, también en su manera de hablar o de dirigirse a los demás. Irradia una positividad maravillosa, que hace que todo el mundo se sienta a gusto a su lado. No es estética, sino actitud. Practica el optimismo aún en los peores momentos de tu vida y disfrutarás de todo tipo de beneficios, tanto internos como externos.