Un suspiro es el aire que nos sobra por alguien que nos falta

Valeria Sabater · 5 agosto, 2016

Dicen que un suspiro es el aire que nos sobra por esa persona que nos falta. Es un acto cotidiano que parece permitirnos desahogar el pinchazo de las penas, como quien deja escapar los pesos del alma intentando hallar un alivio, un consuelo fugaz cuando estas duelen demasiado.

Ahora bien… ¿son realmente los suspiros la catarsis fisiológica de nuestros problemas emocionales? Solo en parte. Las personas suspiramos cuando nos sentimos estresadas, frustradas o cuando la tristeza nos atenaza con su velo ceniciento. Es entonces cuando nuestro subconsciente, casi en un acto reflejo, parece buscar ese botón de reinicio para oxigenarnos, para liberarnos momentáneamente del dolor.

Dicen que los suspiros son la respuesta a todas esas preguntas que han quedado en el aire y que hay suspiros que encierran más amor que cualquier beso. Sin embargo, si las personas suspiramos es por una razón muy concreta: para no morir.

Podríamos asumir por tanto que las personas llevamos a cabo este acto biológico como simple desahogo emocional. Sin embargo, no siempre es así, de hecho, si el ser humano no suspirara, moriría. Porque un suspiro es un tipo de respiración muy concreta que llevamos a cabo durante todo el día y de forma involuntaria.

En cada bocanada de aire que dejamos escapar de forma sonora, reiniciamos el ciclo de la vida. Es algo tan curioso como hermoso que deseamos compartir contigo.

pulmones

El  suspiro involuntario, el aliento vital

Hay suspiros voluntarios y suspiros involuntarios. Estos último conforman en realidad todo un soporte vital para la salud y el mantenimiento de nuestros pulmones. La forma en que funciona y se orquesta este reflejo en nuestro organismo obedece a toda una secuencia fascinante de pasos que merece la pena conocer.

Según un trabajo llevado a cabo en la “Escuela de Medicina” de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), nuestro cerebro “elige” qué tipo de respiración necesitamos en cada momento. Ahora bien, quienes llevan a cabo esta delicada tarea son dos tipos de neuronas muy concretas alojadas en el tallo cerebral, y a las cuales los científicos han denominado familiarmente como “botones de suspiros”.

Este dato es muy curioso: hay momentos en que nuestros alveolos se colapsan. Cuando esto ocurre, la capacidad de nuestros pulmones para intercambiar oxígeno por dióxido de carbono se ve seriamente comprometida. ¿Solución? Es entonces cuando entran en acción los “botones de suspiros”, dando la orden de suspirar para poder abrir esos alveolos, permitiendo así que entre doble del volumen convencional de aire de una respiración normal.

Es un mecanismo de supervivencia que llevamos a cabo sin darnos cuenta unas doce veces cada hora. Increíble y maravilloso, no hay duda.

corazón-amor-propio

Los suspiros emocionales: aquello que nos falta

Karl Teigen es un célebre científico de la Universidad de Psicología de Oslo, premiado precisamente por sus estudios alrededor de los llamados “suspiros emocionales”. A lo largo del 2010 llevó a cabo diversas investigaciones donde pudo demostrar lo siguiente:

  • Las personas somos muy receptivas a los suspiros ajenos. Empatizamos casi al instante ante quien deja escapar un profundo suspiro.
  • No obstante, y aquí llega lo más interesante, esta “conexión” es tan intensa porque asociamos generalmente este acto al dolor emocional.
  • Los suspiros voluntarios son interpretados por nuestro cerebro como un desahogo ante la frustración, la decepción, la pena, la derrota, por alguien que nos falta o por el anhelo. De ahí, que casi al instante preguntemos aquello de “¿qué te pasa, qué piensas, qué te preocupa?”

Las personas empatizamos mucho más ante el dolor ajeno que ante los instantes de felicidad. Es un mecanismo instintivo y sutil que le ha servido desde siempre a nuestra especie para sobrevivir como grupo social. Porque saber leer necesidades es vital para poder conferir apoyo.

manos entrelazadas

Suspirar para reiniciarnos mental y físicamente

Sabemos ya que los suspiros son vitales para mantener nuestro ciclo de la vida en los pulmones. Una conexión íntima y perfecta entre nuestro cerebro y el sistema respiratorio. Ahora bien, según un trabajo llevado a cabo en la Universidad de Lovaina, si a lo largo del día buscáramos diversos momentos para relajarnos y sencillamente, suspirar, notaríamos grandes beneficios.

Este dato no es nuevo ni extraño. La ciencia de la respiración lenta y profunda enhebra sin duda muchas técnicas de relajación, de yoga y de ejercicios relacionados con el Mindfulness. Según los autores de este trabajo, sería interesante que pusiéramos en práctica lo siguiente:

  • Buscar un lugar tranquilo donde descansar mentalmente.
  • Sentarnos con la espalda erguida.
  • Llevar el pecho hacia delante y descansar nuestras manos sobre el regazo.
  • Coger aire profundamente por la nariz hasta contar 4 segundos. Retenerlo cuatros segundos más y, seguidamente, lanzar un largo y sonoro suspiro que dure 7 segundos.

Este sencillo ejercicio además de favorecer la relajación, nos permite estar más presentes, mejorar nuestras capacidades cognitivas y apagar el molesto ruido mental.

Así pues, y como podemos ver, un suspiro encierra sin duda fascinantes dimensiones que definen lo que somos, cómo funcionamos, lo que sentimos y hasta cómo interactuamos con los entornos que nos envuelven. No dudes en suspirar cada día y a cada instante para reiniciar el maravilloso ciclo de la vida y la felicidad.

mujer yoga