Ted Bundy, el psicópata perfecto

Autor confeso de los asesinatos de más de 30 mujeres (nunca se llegó a determinar el número total de víctimas), fue conocido por su sadismo, crueldad y maldad.
Ted Bundy, el psicópata perfecto
Vanessa Viqueira

Escrito y verificado por la psicóloga Vanessa Viqueira el 07 marzo, 2021.

Última actualización: 07 marzo, 2021

Con un brazo en cabestrillo, solicitaba ayuda a alguna mujer para que le ayudase a cargar algún objeto en su coche. La mujer no lo dudaba, la apariencia de Ted Bundy era la de un hombre vulnerable, muy agradable y simpático, ¿por qué no iba a fiarse de él? Lo cierto es que las mujeres que caían en su trampa y amablemente accedían a ayudarle, desaparecían y finalmente eran encontradas muertas.

Ted Bundy era un lobo con piel de cordero, nadie sospecharía jamás de él. Pero esta historia se repitió muchas veces, demasiadas en tan poco tiempo. Tal es así que Ted Bundy es conocido como uno de los mayores asesinos en serie de los Estados Unidos.

Infancia

Theodore Robert Cowell nació en Burlington, una localidad estadounidense situada en Vermont, el 24 de noviembre de 1946. Hijo de una madre adolescente, Eleanor Cowell, y de un padre desconocido, la vida de Ted no fue fácil desde su nacimiento, motivo de vergüenza para la familia.

Fue criado por sus abuelos, quienes le hicieron creer que su madre era en realidad su hermana, un rechazo que Ted jamás superaría. Según declaraciones de Ted, creció en un entorno violento, pues su abuelo maltrataba a su abuela.

En 1950, se mudó con su madre a Washington, quien un año más tarde contraería matrimonio con John Bundy, quien adoptó al pequeño Ted ofreciéndole su apellido por el que sería conocido en todo el mundo. A pesar de sus intentos, Ted confesaría que jamás consiguió mantener una buena vinculación afectiva con su padre adoptivo.

Además de una infancia complicada, marcada por un rechazo continuado y un contexto violento y poco estable, Ted Bundy mostraba una personalidad retraída y poco sociable. Asimismo, a esa edad manifestaba rasgos de lo hoy consideraríamos trastorno de conducta (DSM-V), conocido en su anterior versión como trastorno disocial, en muchos casos, un indicador de un futuro trastorno de la personalidad antisocial (coloquialmente psicopatía), diagnosticado en personas adultas.

Vida adulta

Ted Bundy comenzó a estudiar Psicología en la Universidad de Puget Sound. En esa época (1967), se enamoró de una compañera, Stephanie Brooks, quien finalmente decidiría poner punto final a su relación dos años más tarde, indicando como motivos principales la inmadurez de Ted y la ausencia de objetivos claros en la vida. Ted tampoco superaría este hecho, se llegó a obsesionar con ella, enviándole frecuentes cartas intentando reconquistarla.

Decidió abandonar sus estudios para comenzar a desempeñar diferentes trabajos, en los que no permanecía mucho tiempo. En 1969, conoció a Elizabeth Kloepfer, con la que mantuvo una relación de cinco años y también retomó sus estudios, graduándose tiempo después.

En 1973, ingresa en la Universidad de Washington, donde comienza sus estudios de Derecho. Definido como un estudiante brillante, también por esa época comenzó a participar activamente en la política, realizando en ese mismo periodo labores comunitarias (llegó a ser voluntario en una línea telefónica que ayudaba a mujeres agredidas sexualmente).

Un asesino en serie anda suelto

A pesar de que no existen pruebas que lo corroboren, se cree que Ted Bundy comenzó a asesinar mucho antes del año 1974, época en la que era visto como un ciudadano ejemplar y cuya vida se podría calificar de exitosa.

En 1974, se registraron los primeros delitos y asesinatos confirmados, tras golpear con una barra y agredir sexualmente a Joni Lenz, su primera víctima, quien sobrevivió pero con un daño cerebral permanente.

Poco después, llevaría a cabo los mismos actos con Lynda Ann Healy, quien no logró sobrevivir y se convirtió en la primera víctima conocida de Ted Bundy. A partir de este asesinato, comienza su escalada, y teniendo un perfil de víctima bastante definido, son numerosas las jóvenes que desaparecen.

Ted Bundy fue modificando su modus operandi, si primero actuaba en la oscuridad de la noche, pronto comprobó que las mujeres confiaban en él y así que empezó a cometer asesinatos a cualquier momento del día. Comprobó que tenía facilidad para manipular debido a su gran carisma, y además resultaba atractivo, por lo que llevar a cabo sus crímenes le resultaba más sencillo.

En el año 1975, un coche de policía dio el alto a Ted Bundy, encontrando en el mismo elementos sospechosos como palancas, esposas y cinta con las que inmovilizaba a sus víctimas. Acabaría siendo detenido e identificado por Carol DaRonch como el autor de su secuestro fallido.

Juicios y fugas

El juicio contra Ted Bundy comenzó en 1976, siendo condenado a 15 años de prisión. Sin embargo, no fue el único juicio al que tuvo que asistir, pues en su coche se encontraron restos de otras mujeres asesinadas.

En este segundo juicio, Ted Bundy decidió representarse a sí mismo como abogado, lo cual le permitía visitar la biblioteca para poder preparar su defensa, situación que aprovechó para escapar (aunque sería capturado seis días después).

Al año siguiente, volvió a fugarse. En esta ocasión, atacó a tres jóvenes de una fraternidad universitaria, de las cuales solo una logró sobrevivir, y a otra joven posteriormente.

También secuestró y asesinó a una niña de 12 años, Kimberly Leach, la última víctima de Ted Bundy. Finalmente, sería detenido en un hotel de Florida después de que la matrícula de su coche fuera reconocida.

El 24 de julio de 1979, tras seis horas y media de deliberación, el jurado lo declaró culpable y el juez lo sentenció a la pena de muerte en la silla eléctrica por los asesinatos de dos jóvenes de la fraternidad universitaria. Tras esta sentencia, continuó otra pena de muerte por el asesinato de la pequeña Kimberly Leach.

El final de Ted Bundy

Ted Bundy, autor confeso de la muerte de más de 30 mujeres entre los años 1974 y 1978, luchó hasta el último día por vivir, pues intentó retrasar todo lo posible la fecha de su ejecución (confesando asesinatos, ofreciendo pistas, colaborando en investigaciones, etc.).

Recibió numerosas cartas de fans que decían amarle y se casó con una de ellas, Carole Ann Boone, quien creía en su inocencia y con la que tendría una hija. Finalmente, fue ejecutado en la silla eléctrica en Florida el 24 de enero de 1989.

Queremos creer que podemos identificar a las personas peligrosas, pero lo más aterrador es que no podemos. Las personas no se dan cuenta de que conviven con asesinos en potencia“. Estas palabras de advertencia no fueron pronunciadas por un agente de policía o un investigador del FBI, fueron pronunciadas por Ted Bundy.

Si te interesa conocer más a fondo la mente de este asesino en serie, existe un documento visual en la plataforma Netflix “Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy”, en el que se escuchan por primera vez grabaciones extraídas de más de 100 horas de entrevistas a Ted Bundy en el corredor de la muerte.

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