Trastorno neurológico funcional (TNF): ¿en qué consiste?

Una persona con trastorno neurológico funcional puede sufrir problemas para comunicarse, caminar o incluso padecer convulsiones. Son condiciones clínicas severas que, en ocasiones, desaparecen por sí mismas al poco tiempo.
Trastorno neurológico funcional (TNF): ¿en qué consiste?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 01 febrero, 2021.

Última actualización: 01 febrero, 2021

Hay veces en que lo orgánico no lo explica todo y esto es lo que sucede con el trastorno funcional neurológico (TNF). Entendemos esta condición como las alteraciones que afectan al sistema nervioso central y que sin embargo no tienen un origen o una causa neurológica concreta. Son cuadros clínicos muy llamativos a la vez que invalidantes para quien los sufre.

Para entenderlo mejor pondremos algún ejemplo. Las personas que sufren esclerosis múltiple saben que el origen de esa dura realidad es una enfermedad autoinmunitaria que afecta al cerebro y la médula espinal (sistema nervioso central). Por su parte, quienes hayan padecido un ictus saben también que la causa de ello está en una arteria obstruida, normalmente a causa de un coágulo de sangre o un trombo.

No obstante, una parte de la población padece alteraciones del habla y el movimiento sin saber qué lo provoca, sin conocer qué ha desencadenado esa situación. Este tipo de trastornos funcionales conforman una de las causas más comunes de discapacidad neurológica.  Lo analizamos.

cerebro que evidencia Trastorno neurológico funcional

Trastorno neurológico funcional: definición, características y tratamiento

Los trastornos neurológicos funcionales eran conocidos hace unos años como trastornos conversivos. Algo que sin duda saben los médicos, neurólogos, psiquiatras y cualquier profesional del ámbito de la clínica es que son un problema recurrente en los servicios de neurología y atención primaria. Sin embargo, el mayor problema reside en hacer un buen diagnóstico.

Trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad CES de Medellín (Colombia), destacan que la incidencia está en 2,5 personas por cada 100 000 y suele aparecer entre los 20 y los 40 años. Lo más destacable del trastorno neurológico funcional es que los pacientes evidencian un tipo de características y sintomatologías de gran impacto y que no tienen un origen claro.

Las pruebas convencionales, como las resonancias magnéticas cerebrales y los electroencefalogramas, no revelan ningún problema y son, por lo general, normales. Esto ha hecho que durante décadas, dicha condición clínica despertara gran interés. Ahora sin embargo ya sabemos más cosas, como que por lo general se superpone con otros problemas como el dolor crónico y la fatiga. Conozcamos más datos.

¿Qué síntomas presenta el trastorno neurológico funcional?

Hasta no hace mucho se daba por sentado que el trastorno neurológico funcional era puramente psicológico. Es decir, que el paciente sufría algún tipo de problema mental subyacente. Sin embargo, a mediados del año 2000 los neurocientíficos ya dejaron claro que estamos ante una realidad clínica con características propias.

Es un trastorno del funcionamiento del sistema nervioso central que varía bastante de una persona a otra, y en el que es importante proceder a un correcto diagnóstico. De este modo, el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) establece los siguientes criterios para su identificación.

  • Debilidad de los miembros inferiores o de los miembros superiores.
  • Temblor funcional. Son temblores de las manos similares al párkinson.
  • Distonías: contracción de la boca hacia un lado, desviación de las manos o de los pies…
  • Aparición de convulsiones no epilépticas como desmayos.
  • Disfunción sensoriales: entumecimientos, hormigueos o dolores en el rostro, el pecho, la cadera… Estas molestias aparecen solo en un lado del cuerpo. Asimismo, también aparecen alteraciones en la visión, el oído, etc.
  •  Alteraciones funcionales del habla, como problemas para articular las palabras, tartamudeos, disfonías, etc.

Para realizar el diagnóstico el DSM-V establece que dichos síntomas no se puedan explicar por una enfermedad neurológica, una afección o un trastorno de salud mental.

¿Cuáles son las causas?

A día de hoy se desconocen las causas exactas que están detrás del  trastorno neurológico funcional (TNF). Sin embargo, se ha podido observar que existen factores predisponentes que elevan el riesgo de aparición de estos problemas. Son los siguientes:

  • Sufrir dolor crónico.
  • Padecer un trastorno de estrés postraumático no tratado durante varios años.
  • Haber padecido alguna enfermedad infecciosa.
  • Padecer migrañas.
  • Tener antecedentes de abandono o abuso sexual o físico en la infancia, etc.

Lo que se ha visto es que esta serie de alteraciones tienen un impacto sobre el sistema nervioso central, lo paralizan, alteran su correcto funcionamiento en alguna área. Esto explica esa sintomatología tan amplia y difusa.  Tampoco podemos obviar el impacto que tiene para la persona, la cual evidencia de pronto problemas en la movilidad o la comunicación sin entender muy por qué.

Una vez acuden a atención primaria, se les remite a los servicios de neurología. Es aquí donde se debe proceder al correcto diagnóstico y a su intervención.

Mujer que sufre Trastorno neurológico funcional

¿Cómo se tratan los trastornos neurológicos funcionales?

Lo primero que debemos saber sobre el trastorno neurológico funcional es que es reversible. ¿Qué significa esto? Que por lo general, los síntomas descritos acaban desapareciendo por sí mismos al cabo del tiempo. Por tanto, el mecanismo a la hora de tratar esta condición clínica es la rehabilitación neuropsicológica.

Esto implica, por ejemplo, focalizarse en esos patrones de movimiento anormales y disfuncionales para volver a facilitar un movimiento normal a través de la fisioterapia. Lo positivo es que no hay ninguna lesión ni alteración orgánica. Es como si el cerebro (usando la metáfora del ordenador) tuviera un fallo en el sistema y tuviéramos que volver a instalar el programa que falla.

Por ello, además de la terapia física o del habla, es recomendable complementar la estrategia con terapia psicológica para abordar las necesidades particulares de cada paciente. Con ello, nos aseguramos que esas alteraciones neurológicas no vuelvan a aparecer.

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