Trastorno neurológico funcional (TNF): ¿en qué consiste?

Una persona con trastorno neurológico funcional puede sufrir problemas para comunicarse, caminar o incluso padecer convulsiones. Son condiciones clínicas severas que, en ocasiones, desaparecen por sí mismas al poco tiempo.
Trastorno neurológico funcional (TNF): ¿en qué consiste?
Leonardo Biolatto

Revisado y aprobado por el médico Leonardo Biolatto.

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 16 abril, 2024

Hay veces en que lo orgánico no lo explica todo y esto es lo que sucede con el trastorno neurológico funcional (TNF). Entendemos esta condición como las alteraciones que afectan al sistema nervioso central y que, sin embargo, no tienen un origen o una causa neurológica concreta.

Son cuadros clínicos muy llamativos, a la vez que invalidantes para quien los sufren.

Para entenderlo mejor pondremos algún ejemplo. Las personas que sufren esclerosis múltiple saben que el origen de esa dura realidad es una enfermedad autoinmunitaria que afecta a la mielina de su cerebro y médula espinal. Por su parte, quienes hayan padecido un ictus, sabrán, también, que la causa de ello es una arteria obstruida o rota.

No obstante, parte de la población padece alteraciones del habla y del movimiento sin saber qué las provoca. No conocen qué ha desencadenado esa situación ni tienen un diagnóstico preciso.

Este tipo de trastornos funcionales conforman uno de los motivos más comunes de consulta y de discapacidad neurológica. Lo analizamos.

Cerebro que evidencia un trastorno neurológico funcional

Trastorno neurológico funcional: definición y características

Los trastornos neurológicos funcionales eran conocidos hace unos años como trastornos conversivos, como relatan en la Revista Colombiana de Psiquiatría. Algo que sin duda saben los médicos, neurólogos, psiquiatras y cualquier profesional del ámbito de la clínica es que son un problema recurrente en los servicios de neurología y atención primaria.

Sin embargo, el mayor desafío reside en hacer un buen diagnóstico.

El mismo trabajo de investigación, ya citado, realizado por la Universidad CES de Medellín (Colombia), destaca que la incidencia ronda las 2,5 personas por cada 100 000. Y suele aparecer entre los 20 y los 40 años.

Lo más destacable del trastorno neurológico funcional es que los pacientes evidencian sintomatologías de gran impacto sin un origen claro. Las pruebas convencionales, como las resonancias magnéticas cerebrales y los electroencefalogramas, no revelan ningún problema y son, por lo general, normales.

Esto ha llevado a que, durante décadas, dicha condición clínica despertara gran interés. Ahora sabemos más cosas, como que se superpone con otros problemas, como el dolor crónico y la fatiga. Conozcamos más datos.

¿Qué síntomas presenta el trastorno neurológico funcional?

Hasta no hace mucho se daba por sentado que el trastorno neurológico funcional era puramente psicológico. Es decir, que el paciente sufría algún tipo de problema mental subyacente. Sin embargo, a mediados del año 2000, los neurocientíficos dejaron en claro que estamos ante una realidad con características propias.

Es un trastorno del funcionamiento del sistema nervioso central que varía bastante de una persona a otra. A tal punto, que una reciente publicación de la revista The Lancet, propone una clasificación en distintos tipos.

Por su parte, el DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) establece los siguientes criterios para su identificación:

  • Debilidad de los miembros inferiores o de los miembros superiores.
  • Temblor funcional. Sobre todo de las manos, similares a los del párkinson.
  • Distonías: contracción de la boca hacia un lado, desviación de las manos o de los pies.
  • Aparición de convulsiones no epilépticas con desmayos.
  • Disfunciones sensoriales: entumecimientos, hormigueos o dolores en el rostro, el pecho, la cadera. Estas molestias aparecen solo en un lado del cuerpo. Asimismo, también hay alteraciones en la visión o el oído.
  •  Alteraciones funcionales del habla, como problemas para articular las palabras, tartamudeos, disfonías, etc.

Para realizar el diagnóstico, el DSM-V establece que dichos síntomas no se puedan explicar por una enfermedad neurológica, una afección o un trastorno de salud mental.

¿Cuáles son las causas?

A día de hoy, se desconocen las causas exactas que están detrás del trastorno neurológico funcional o TNF. Sin embargo, se ha podido observar que existen factores predisponentes que elevan su riesgo de aparición, como comentan los autores Fobian y Elliot:

  • Sufrir dolor crónico.
  • Tener diagnóstico de migraña.
  • Poseer antecedentes de abandono o abuso sexual o físico en la infancia.
  • Haber tenido alguna enfermedad infecciosa vinculada al sistema nervioso.
  • Padecer un trastorno de estrés postraumático no tratado durante varios años.

Lo que se ha visto es que esta serie de alteraciones tienen un impacto sobre el sistema nervioso central, alterando su correcto funcionamiento en algunas de sus áreas. Esto explica la sintomatología tan amplia y difusa.

Tampoco podemos obviar el impacto que tiene para la persona. Una vez acude a atención primaria, se le remite a los servicios de neurología. Es aquí donde se debe proceder al correcto diagnóstico y a su intervención.

Mujer que sufre Trastorno neurológico funcional

¿Cómo se tratan los trastornos neurológicos funcionales?

Lo primero que debemos saber sobre el trastorno neurológico funcional es que es reversible. ¿Qué significa esto? Implica que, por lo general, los síntomas descritos acaban desapareciendo por sí mismos. Por lo tanto, el mecanismo a la hora de tratar esta condición clínica es la rehabilitación neuropsicológica.

Esto implica, por ejemplo, focalizarse en esos patrones de movimiento anormales y disfuncionales para volver a facilitar un movimiento adecuado a través de la fisioterapia. Lo positivo es que no hay ninguna lesión ni alteración orgánica. Es como si el cerebro (usando la metáfora del ordenador) tuviera un fallo en el sistema y tuviéramos que volver a instalar el programa que falla.

Por ello, además de la terapia física o del habla, es recomendable complementar la estrategia con terapia psicológica para abordar las necesidades particulares de cada paciente. Con ello pretendemos que las alteraciones neurológicas no vuelvan a aparecer.


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