¿Utilizas a los demás sin darte cuenta?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 febrero, 2015
Raquel Lemos Rodríguez · 27 febrero, 2015

A menudo amamos las cosas y usamos a las personas,

cuando deberíamos estar usando las cosas y amando a las personas.

Abraham Lincoln

 

Criticamos a aquellos que utilizan a las demás personas para su propio beneficio. ¿Es esto egoísta? ¿Es bueno o malo? ¿Acaso nosotros no lo hacemos? A veces sí, pero inconscientemente.

Manipular o usar a alguien está mal visto, pues esa persona que es manipulada resulta (la mayoría de las veces) dañada. Es un usar y tirar, ahora me sirves, ahora ya no y desaparezco. En un juicio de valor esto no está bien, pero debemos pensar si no hemos hecho alguna vez algo similar.

He aquí los ejemplos que, a lo mejor, te resultan familiares.

 

Dentro de la pareja

 

Muchas personas utilizan a su pareja, haciéndola creer que la quieren cuando realmente no es así. ¿Cuándo sucede esto?

En un reciente divorcio

Imaginemos que estamos divorciados y nuestra pareja ya ha encontrado a otra persona. En nuestro fuero interno, podemos sentirnos descolocados e incluso humillados por no haber rehecho nuestra vida antes. Por eso, nuestra parte no consciente desea también encontrar a alguien, al primero que nos brinde atención sin verdaderamente estar enamorados.

Los que no saben estar solos

Hay personas que son dependientes de otras. No saben vivir solas. Esto es fruto de un miedo interior a quedarse solos en el mundo, miedo a la soledad. De aquí que conozcamos a muchas que no saben vivir sin pareja. Cuando terminan una relación, rápidamente encuentran a otra persona que ocupe su lugar. ¿Es esto amor? No. Esto es mentirse a uno mismo y al otro.

 

En el trabajo

 

Cuando estamos en un ambiente laboral, podemos usar a las personas de nuestro alrededor con el fin de lograr nuestros objetivos. ¿Cómo hacemos esto?

Crear dependencia

En un grupo de trabajo, provocamos que este no pueda hacer nada sin ti. De alguna manera, te haces el indispensable del grupo. De esta manera, puedes controlar a los demás. Con solo esto, ya los estás utilizando. Provocas que estén a tu merced, que sin ti no sean nada.

La responsabilidad la tiene otro

Nosotros nunca seremos responsable de un error. Intentaremos buscar a otra persona, hacerla culpable de un error que, en el caso de estar en un grupo de trabajo, es de todos.

 

Con nuestros amigos

 

Suena mal decir que también usamos a nuestros amigos. Pero así es, y lo hacemos más de lo que pensamos. De hecho, en las secciones anteriores cabe la posibilidad de que no suceda o nunca haya sucedido, pero con los amigos es diferente. Veremos porqué.

Fingir escuchar

Ya nos vamos entendiendo, ¿Verdad? Quién, en algún momento, no ha desconectado ante el discurso que un amigo nos está soltando. Quien más o quien menos lo ha hecho. Estamos cansados, es algo repetido o no nos interesa.

¿Cuál es el problema? Que nosotros desconectamos ante el discurso de nuestro amigo pero nosotros queremos ser escuchados. Usamos a nuestro compañero como oyente de nuestras palabras, pero cuando él necesita ser escuchado, desconectamos.

Hablar sin comprometerse

Una solución muy habitual, si no estamos seguros de poder participar en algún evento. Pero, esto también puede ser utilizado para usar a nuestros amigos según nos convenga.

Por ejemplo, utilizar palabras vagas con múltiples significados nos permite que ante cualquier dificultad que pueda sobrevenir podamos decir “no me entendisteis”.

Las pseudopreguntas

Las pseudopreguntas son aquellas preguntas que incitan a hacer algo, te dan un empujón hacia algo. Por ejemplo, las inocentes pseudopreguntas de “¿Has pensado en la posibilidad de…?” o “¿no crees que sería mejor…?”. Aunque no lo percibamos estamos incitando a nuestro amigo, le estamos dando un “consejo” que lo va a marcar, pues a partir de esto tomará una decisión.

Entonces… la respuesta a la pregunta ¿Usamos a las personas sin darnos cuenta? es . Lo hacemos, a veces sin maldad, a veces con maldad, pero lo hacemos.

No es culpa nuestra hacerlo sin ser conscientes de ello, pues es nuestra condición humana la que nos insta a valernos de otras personas para lograr nuestros objetivos, para ser beneficiados de alguna forma.

¿La consecuencia? Que la otra persona sufra, se note usada. ¿Cuántas veces no hemos sentido como kleenex? Seguro que varias.