Viajar como símbolo de estatus y no de libertad

Edith Sánchez · 13 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 13 septiembre, 2019
Viajar se ha convertido para muchos en un símbolo de estatus. Los viajes dejaron de ser una vía para explorar y descubrir, o para descansar y romper con la rutina. Algunos los ven simplemente como un medio para alardear y obtener aceptación y reconocimiento social.

Uno de los cambios que ha traído consigo el siglo XXI es un desaforado afán por hacer viajes de forma masiva. Viajar se ha convertido en una marca, un símbolo de estatus. Se le ha otorgado un significado similar al de poseer el teléfono móvil de moda o el coche de última generación. Parece que un selfie, junto a algún monumento reconocido, es lo máximo para muchos.

Pero, ¿realmente es lo máximo? O quizás, ¿corresponde a esas “obligaciones” que se imponen por tendencia y a las que muchos terminan sumándose porque constituye un símbolo de estatus? Es muy probable que sea así.

Viajar te hace más feliz, o más sabio, o más libre solo si no está asociado a la necesidad de mostrarte, sino a un genuino interés de descubrir otro contexto.

Las personas viajan a destinos distantes para observar, fascinadas, el tipo de gente que ignoran cuando están en casa”.

-Dagobert D. Runes-

Actualmente, el mundo de los viajes está altamente estandarizado y estratificado. La industria del turismo es una de las pocas que ejerce una abierta discriminación socioeconómica. Si vas a un supermercado no te dan un trato diferente por gastar más o menos dinero. En cambio, en el mundo turístico sí recibes limitaciones o privilegios muy definidos, de acuerdo a tu capacidad de compra.

Mujer que viaja en barco

Viajar e ir de vacaciones

Hay una gran diferencia entre irse de vacaciones y viajar como tal. Las vacaciones son un tiempo destinado al descanso. En teoría, descansas cuando desarrollas un mínimo de actividad. Mucho mejor si tienes la ocasión de desplegar esa holgazanería en un sitio paradisíaco, lleno de opciones de entretenimiento y diversión.

Así pues, el objetivo central de unas vacaciones es el descanso. Un corte con la rutina, en todos los sentidos. Al ser viajero, en cambio, lo que menos obtienes es descanso. Implica desplazarte a muchos sitios, hacer una gran planificación, enfrentarte a muchas eventualidades, etc. Ahora bien, sí que te permite apartarte de la rutina, aunque no exactamente para descansar.

Los viajes de vacaciones tienen una razón de ser muy objetiva. El viajar como modo de vida, parcial o total, es otra cosa. Implica apostar por el nomadismo e ir por el mundo en actitud de búsqueda. Quieres conocerte mejor a ti mismo, conocer mejor determinada cultura o adentrarte en determinados usos y costumbres que despiertan tu curiosidad.

Viajar como símbolo de estatus

Actualmente, ha surgido una nueva matriz de viajeros. No son los que van de vacaciones, ni los curiosos aventureros. Es una especie de híbrido, fabricado por el mercado. Su principal objetivo no es viajar, sino mostrar que viajan. Y hacerlo, particularmente, en las redes sociales. Para quienes piensan así, un viaje sin galería en redes, no es un viaje.

Uno de los aspectos más reveladores son los destinos que eligen. Generalmente se trata de los sitios “de moda” o, de alguna forma, emblemáticos. Puede que los tenga sin cuidado la arquitectura, pero necesitan ir a la Torre Eiffel o al monumento de la Sagrada Familia y tomarse una foto allí. Probablemente no darán cuenta de por qué es importante hacerlo, pero sienten una necesidad intensa de lograrlo.

A veces, gastan una cuarta parte o más de sus ingresos anuales, todo por ir a Filipinas, porque es un destino “obligado”, según miles de blogs. O como ocurrió recientemente sienten que Bali es el lugar de sus sueños con tal de tener una narrativa personal del lugar.

Mujer haciéndose un selfie

Viajar como acto de libertad

Que viajar se ha convertido en un símbolo de estatus es indudable. Una de las consecuencias es que alimenta una industria gigantesca que obtiene beneficios impresionantes de esa forma condicionada de pensar. También nutre egos débiles. A cambio, muchas veces, deja experiencias insulsas y deudas gigantescas. También un deseo de repetir el ciclo en otro destino de moda.

Lo lamentable de que esto ocurra es que quizás muchas personas se están privando de vivir verdaderas experiencias de descanso, o de aprendizaje, que sí podrían enriquecer mucho su existencia. Viajar es maravilloso cuando lo conviertes en una experiencia personal y no en obediencia ciega a los mandatos del mercado.

Viajar por alardear no es una opción inteligente, especialmente si tus ingresos no te dan para ello y no sabes responder al por qué lo haces. En últimas, si asumes un viaje de esa manera, también te deja muchos vacíos. Es posible que obtengas muchos like y corazoncitos, pero al final del día esto cuenta poco. Mejor que valores tu tiempo, tu dinero y las experiencias genuinas de la vida.

Wenge, C. O. (2007). Razones para viajar. Factótum. Revista de Filosofía, 5, 88-91.