5 grandes estrategias para resolver un conflicto

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 31 julio, 2018
Paula Díaz · 13 diciembre, 2014

Resolver un conflicto no es fácil. No lo es en primer lugar porque nadie nos ha enseñado a hacerlo y sobre todo, porque son esas situaciones tan complejas donde las emociones están siempre a flor de piel. Las diferencias, el enfado o la ansiedad nos nublan la razón y es entonces cuando percibimos que nos faltan recursos, adecuadas estrategias.

Así, tal y como nos dice Stephen Robbins, experto en comportamiento organizacional y profesor de la Universidad de San Diego, el conflicto es un proceso que se  inicia cuando una parte percibe que otra la ha afectado de manera negativa o que está a punto de afectar de manera negativa, alguno de sus intereses. Son instantes donde se enciende, por así decirlo, una pequeña alarma en nuestro cerebro.

“No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”.

-Einstein-

Si hay algo que debemos admitir es que a nadie le gustan estas situaciones. Sin embargo, manejar dichas diferencias y esas situaciones donde se cruzan nuestros intereses y aparecen voces discrepantes, es algo casi esencial en nuestro día a día. En todo entorno, ya sea el laboral, el afectivo y el familiar surgen estas dinámicas. Resolverlas del mejor modo nos ayudará a ser más competentes y a sentirnos más seguros en el día a día.

Tácticas para resolver un conflicto

¿Hay una estrategia ideal e infalible para resolver un conflicto? La respuesta es no. Cada situación implica a una serie de personajes atrapados en un problema original que ha derivado en esa situación complicada. No hay por tanto una solución para todos, un remedio para todos los males, una respuesta que sirva para cada parte enfrentada. Ahora bien, lo que sí está a nuestro alcance son una serie de estrategias de las que podemos partir.

PAreja discutiendo para resolver un conflicto

El modelo de las 5 estrategias de Kenneth Thomas y Ralph Kilmann

Los psicólogos Kenneth Thomas y Raph Kilman desarrollaron un modelo del manejo de los conflictos que a pesar de tener ya más de 50 años, se sigue aplicando. La verdad es que es útil y nos permite reflexionar sobre muchas situaciones donde se dan esas diferencias, esos desencuentros. Veamos en qué consiste este enfoque.

Formas en que no se solucionarán los conflictos y que debemos evitar

  • El modo competidor: se trata de un tipo de dinámica donde asumimos el papel de una persona asertiva pero no cooperativa. En este caso se orienta solo hacia el poder y a satisfacer los propios intereses. Quien se limita solo a competir, defenderá en exclusiva los propios derechos propios y defenderá una sola postura. Si se llega a un acuerdo será por imposición.
  • El que elude. En este caso tenemos a alguien que no es asertivo ni cooperativo. Son perfiles que optan por aplazar las reuniones, que prefieren no hablar o incluso asumir el hecho de que no hay ningún conflicto.
  • El modo complaciente. En este tipo de dinámica tendríamos a alguien que tampoco es asertivo. Sin embargo, ocurre algo aún más complejo: deja de lado sus propios intereses para satisfacer los de la otra persona. En otras palabras, se autosacrifica.

Formas que sí nos ayudarán a resolver los conflictos

  • El modo colaborador. En esta opción encontraríamos a un perfil asertivo y cooperativo. Son personas que trabajan con los demás para hallar una solución que satisfaga plenamente los objetivos de ambas partes. Para ello, analizan, contrastan intereses, valoran, exploran los desacuerdos, resuelven diferencias y aplican una gran creatividad
  • El modo de compromiso, por su parte, nos sitúa en una zona intermedia entre la asertividad y la cooperación. Cuando hay un compromiso, el objetivo se focaliza en hallar una solución oportuna que beneficie a las dos partes. En este caso no se suele llevar a cabo un trabajo tan profundo como en el modo colaborador. Se parte de las diferencias para hallar soluciones rápidas, un acuerdo temporal que nos ayude a seguir avanzando.

Los autores defienden que cuando una persona es consciente de estas categorías, puede seleccionar la estrategia que más le sea apropiada para solucionar cada nuevo enfrentamiento que se le plantee.

¿Pero cómo llevar todo esto a la práctica?

Resolver conflictos es posiblemente esa cuenta pendiente que todos arrastramos de un modo u otro. Basta que surja una situación concreta para percibir ese vacío. Así, es muy posible que nos cueste un poco aplicar de un día para otro el método propuesto por Kenneth Thomas y Raph Kilman. Sin embargo, todo es cuestión de mentalizarnos. De poner voluntad, asertividad e Inteligencia Emocional.

Para asentar las bases de ese avance, estos consejos nos pueden ser de ayuda.

  • No intentes evitar el problema. Resuélvelo. Si los vamos afrontando a medida que se originan, eliminaremos futuras causas de conflicto.
  • Comienza identificando tu propia reacción instintiva ante un conflicto. Lo puedes hacer pensando en cómo has gestionado un par de situaciones conflictivas anteriores, siendo sincero en la valoración.
  • En cuanto trabajes el anterior paso y seas consciente de como actúas, aborda las nuevas situaciones difíciles con respeto y calma mostrándote amable con la otra persona y escuchando con atención lo que tenga que decir. El hecho de que tenga una postura diferente a la tuya no significa que sea agresiva o negativa.
Mujer escuchando para resolver un conflicto

  • Expón los hechos y establece aquellos puntos en los que podríais estar de acuerdo. A continuación, explora las distintas alternativas a tu alcance, estableciendo algunos objetivos y plazos que ambos podáis acordar, trabajando para cumplirlos.
  • A medida que avancéis, se desarrollará un vínculo entre vosotros de confianza mutua, entendimiento y comprensión, facilitando la posibilidad de abordar cualquier problema que aún podáis tener para solucionar el conflicto.
  • Para resolver un conflicto, evita siempre la confrontación y concéntrate en el asunto, no en la persona. Esto evitará que un problema simple acabe en una acalorada disputa.
La vida está llena de conflictos, pero recuerda que lo que realmente nos afecta no es lo que sucede, sino cómo reaccionamos a ello.

Como último consejo a la hora de gestionar y resolver un conflicto adecuadamente, es bueno trabajarnos a nosotros mismos partiendo de las siguientes preguntas:

  • ¿Soy demasiado agresivo o demasiado débil cuando me enfrento a un conflicto?
  • ¿Necesito más conocimiento o practica en la gestión del enfado o la asertividad?

Liberarnos de las barreras, por muy pequeñas que puedan ser, es uno de los pasos necesarios para una vida emocionalmente sana. Reflexionemos en ello.