Cómo hacer de tu vida un infierno

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 8 septiembre, 2015
Bárbara Lorenzana Pérez · 29 octubre, 2014

«Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizá tenía prisa. Pero quizá la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como este le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir: "Buenos días", nuestro hombre le grita furioso: "¡Quédese usted con su martillo!".»

Este es uno de los divertidos ejemplos dados por el psicólogo, sociólogo y filósofo austriaco  Paul Watzlawick en su divertida sátira "El arte de amargarse la vida" que, aunque el año pasado cumplió su 30 aniversario, sigue conservando toda la frescura y actualidad del primer día, lo que demuestra que la pasión que sentimos por hacernos infelices a nosotros mismos sigue siendo un desafío presente y muy de moda.

¿Qué dices? -me dirá algún lector. La gente trata de ser lo más feliz posible.

Ah, ¿sí? y entonces, ¿Cómo explicamos todas las veces que no hemos sabido decir que no, todas esas veces que nos hemos empeñado en mantener una relación que nos hacía sufrir y  todos esos buenos momentos que nos hemos perdido por pensar solo en el futuro o idealizar el pasado?

Todos en mayor o menor medida hemos atentado en algún momento contra nuestra propia felicidad. Ahora bien, cómo todo en la vida, existen diferentes clases de maestría en el arte de amargarse la vida: los hay que solo son pequeños aprendices y, en cambio, otros ya han conseguido titulación oficial. Porque llevar una vida profundamente amargada es un arte especial para el que no todo el mundo vale.  Así que, si quieres ser un maestro en este arte, te aconsejo que sigas al pie de la letra los 7 pasos que vienen a continuación que te conducirán directo al infierno y harán de tu vida un desierto yermo y solitario.

7 pasos para amargarse la vida

1. Si no tienes suficiente con tus problemas, asume también los de los demás. Así tu vida estará llena de complicaciones, no importa si son reales o ficticias, lo importante es que estés lo más preocupado posible. Y no te olvides de darle toda la importancia que puedas a los sucesos negativos, esto te asegurará una buena dosis de infelicidad.

2. Recuerda: tú siempre tienes la razón. ¿Para qué vas a escuchar los consejos de la gente que te quiere? Sabes que en la vida solo existe una verdad absoluta y esa es la tuya.

 3. Cualquier pensamiento o situación es buena para que te obsesiones. Elige cualquier cosa y repítetelo una y otra vez como un mantra, cuanto más negativo sea el pensamiento que te obsesione mejor que mejor, y procura llevártelo a la cama contigo, así propiciarás una buena noche de insomnio, perfecta para estar de un humor insoportable al día siguiente y así poder amargarle la vida a los demás.

4. Ni se te ocurra disfrutar de nada del presente, es mejor dejarlo todo para mañana. Recuerda que esto es un valle de lágrimas al que hemos venido a sufrir. Y cuando pienses en el futuro nunca lo hagas con esperanza y optimismo, es mucho mejor que te tortures pensando en todo lo malo que te puede llegar a ocurrir dentro de unos años, así estarás bien preparado para cuando suceda. Piensa siempre que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer y jamás trates de probar nada nuevo. ¿Para qué? Si tu ya sabes que los cambios siempre son a peor.

5. Para mantenerte en un permanente estado de frustración no hay nada mejor que compararte contínuamente con los demás. Así que concéntrate en lo que crees que los demás tienen, no hace falta ni siquiera que sea real, y nunca pienses de forma positiva en todo lo que has logrado. Este bonito ejercicio te impedirá disfrutar de lo que tienes.

6.Tú y solo tú eres el único culpable de todo, así que ni se te pase por la cabeza perdonarte, y si no te perdonas a ti mismo, ni te molestes en perdonar a los demás.

7. La vida es algo muy serio así que evita reírte a toda costa. No hay motivos y si los encuentras procura reprimirlos porque las personas adultas y serias no se ríen. Si lo que quieres es amargarte la vida en tu boca no debería ni asomar ni una pequeña sonrisa, no digamos una carcajada.

Imagen cortesía de Lockenes