Me comprometí contigo, no con la familia política

Yamila Papa · 1 febrero, 2015

Uno puede elegir a la persona con la que pasar el resto de su vida, pero no a las personas que la acompañan. La familia política y amigos de la pareja pueden llegar a ser un problema en la relación hasta el punto de causar la ruptura. Más allá de lo que nos pueda parecer, este es un problema recurrente en muchas parejas y que hay que saber manejar y delimitar.

Así, una frase más que común que justifica las malas relaciones o la distancia que se crea con los parientes políticos es “yo no me comprometí con tu familia, sino contigo”. Sin embargo, debemos saber que cuando nos comprometemos con alguien también lo hacemos con el mundo que le rodea. No estamos obligados a congeniar con las personas de ese mundo, pero sí a tratar de mantener una relación cordial.

“Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.”

-Leon Tolstoi-

Por otro lado, que nos llevemos mal o bien depende de varios factores, porque si hay algo que todos sabemos es que cada familia es un mundo. Una cosa es vivir a cientos de kilómetros de los suegros y cuñados y algo muy diferente es compartir la misma casa o estar a dos manzanas de distancia.

Asimismo, otro factor de relevancia lo determina también la relación que tengamos con la propia familia. La Universidad de Lisboa, por ejemplo, publicó un estudio en el Journal of Family Studies  donde explicaba que por término medio las mujeres suelen establecer un vínculo más estrecho con la familia del esposo. Dicho vínculo puede ser una gran fuente de felicidad cuando es compartido y cuidado pero, por otro lado, la cercanía también aumenta la probabilidad de que se produzcan roces.

Son aspectos curiosos que evidencian una vez más esa dualidad que a veces sufrimos en esta serie de dinámicas familiares.

¿Es obligatorio elegir?

Siempre que se habla de la familia política es común visualizar los típicos roces entre una mujer y su suegra. Los estereotipos a menudo enmascaran otras realidades más profundas y reveladoras, como el hecho de que hay quien llega a una relación de pareja con un lastre ya a rastras: un historial familiar de conflictos o desavenencias. Otros, y por el contrario, pueden evidenciar un apego excesivo con la misma, lo que dificulta sin duda mantener un compromiso satisfactorio y maduro.

Suegra entrometida

La peor situación a la que nos podemos enfrentar se produce cuando la pareja o la familia presiona a la persona para que elija entre uno de los dos “bandos” que han formado. No nos atrevemos a dar una solución única para este conflicto, ya que requiere un análisis profundo de cada situación, pero sí podemos decir algunas cosas.

Aun después de este momento crítico las cosas se pueden reconducir. No es extraño que las personas que plantean la elección lo hagan como un órdago, como una forma de demandar más atención o de ganar un poco de espacio frente a la otra parte. Si lo consiguen, van a retirar su demanda sin mayores complicaciones.

Por otro lado, cuando hay sobre la mesa una elección de este tipo suele haber detrás un largo camino de disputas que no se ha sabido reconducir a tiempo. Como hemos dicho antes, se pueden dar mil situaciones, veamos a continuación cuáles son los más comunes.

Padres sobreprotectores y controladores

Barbara Oudekerk, psicóloga de la Universidad de Virginia en Charlottesville, realizó un estudio donde se demostró el impacto que pueden tener unos padres controladores y sobreprotectores en nuestras relaciones adultas es inmenso. Tanto es así, que es común que uno acabe eligiendo parejas afectivas acordes a los gustos de la familia. O por el contrario, llegan a romper o a poner distancia de ciertas personas siguiendo esos mandatos familiares invisibles pero persistentes.

Así, un hecho más que recurrente es la necesidad de esos padres de seguir desplegando una actitud  sobreprotectora, controladora y en algunos casos hasta dictatorial con sus hijos/as. Es complicado por tanto que la pareja de la persona que tiene un progenitor así se sienta cómoda. Imaginemos lo que puede suponer planear las vacaciones y que alguno de los progenitores se oponga al plan, lo manifiesta abiertamente y trata de sabotearlo utilizando estrategias psicológicas (ej: el chantaje emocional).

Por otro lado, hay que considerar que los padres entrometidos no tienen mucho efecto a menos que los hijos lo consientan. Normalmente, cuando se dan los problemas serios es cuando progenitores e hijos no han madurado. Así, uno quiere proteger y otro ser protegido. De otra forma, serán los hijos los que pongan distancia con sus padres cuando se dan cuenta de que, aunque con buenas intenciones, se están entrometiendo en su felicidad.

Asimismo, sería faltar a la verdad creer que una mala relación con la familia política es siempre culpa de esos padres y esas madres. Hay casos en los que la persona que no hace bien la cosas es la pareja. Pasa cuando hay hijos y no quiere que compartan tiempo con su familia política sin una razón justificada. O cuando hay fiestas señaladas y utiliza estrategias psicológicas poco nobles para que siempre se celebren con su familia.

¿Es posible llevarse bien con la familia política?

Salvo en raras excepciones, la respuesta es que sí. No hay un motivo a priori que nos impida llevarnos bien con la familia política, Ahora, bien es verdad, como hemos dicho antes, que hay personas que lo ponen más difíciles que otras.

Para simplificar, vamos a ponernos en el lado de una pareja que ha decidido que es el momento hacer las presentaciones familiares. Conocer a la familia política puede causar tensión porque las personas asumen que están ante un contexto de evaluación.

Esta interpretación del contexto puede desaparecer y con ella la ansiedad, o no. Hay chicos que han compartido ya bastantes veces mesa y mantel con sus “suegros” y aún siguen temiendo que en cualquier momento el padre de su pareja saque la escopeta a paseo. Entiéndase esto como un pequeño chiste, pero también como un retrato de lo que a veces sucede a menor escala.

Si esta sensación nunca desaparece es muy complicado que haya una buena relación entre pareja y “suegros” ya que a nadie le gusta estar continuamente en un contexto en el que se siente evaluado.

En esta situación la mayoría de nuestros comportamientos son artificiales, no nos sentimos nosotros mismos. En un marco como éste es muy difícil la comunicación sincera y abierta, fundamental para resolver un conflicto.

Una mala relación

Discusión con la familia política

Así, y en caso de tener una relación con la familia política algo tensa y con algún que otro enfrentamiento desavenencia de por medio, lo ideal sería resolverlo cuanto antes y no dejar que esa situación se vuelva crónica. En estos casos suceder que las dos partes terminan acumulando excesivas tensiones y a la mínima siempre acaban saltando las diferencias y los problemas. 

En situaciones como esta, la persona que está en el medio tiene un papel realmente desagradable. Por uno y otro lado tiene que escuchar cosas de personas a las que quiere que no le gustan y que le entristecen. Que la situación mejore o empeore va a depender mucho de nuestras habilidades sociales y habilidad para gestionar las diferencias.

No se trata de una obligación, de poner una linda cara cada vez que van a comer a casa o de odiarlos en secreto, sino de aprender a aceptar que esas personas estaban en la vida de tu pareja desde hace mucho tiempo.

¿Realmente es posible llevarse bien con la familia política?

Para poder responder a esta pregunta quizás sería bueno que te pongas en “la vereda contraria”. Esto quiere decir, ¿te gustaría que tu pareja te haga elegir entre tu familia o él/ella? ¿Cómo quisieras que fueran los domingos familiares, los festejos de cumpleaños o las fiestas de diciembre? ¿Qué pasaría si tu compañero/a te dice que no soporta a tus padres?

Es bueno ser objetivos y asumir que todos tenemos cualidades y defectos. No podemos pretender que los demás cambien si nosotros no lo hacemos primero. Entonces, si la familia de tu pareja no es la “ideal”, aprende a identificar aquellas cosas que son positivas (todos tenemos algo que destacar).

Además, si realmente amas a tu pareja tal vez deberías saber que para cuidar ese vínculo hay que saber afrontar adversidades. Hacerlo del mejor modo nos ayudará sin duda a crecer en nuestra relación y a avanzar con mayor solvencia.

 ¿Qué cosas puedo hacer para llevarme mejor con mi familia política?

¿Podemos aceptar a la familia de nuestra pareja hasta tal punto que parezca que nos hemos “casado” con ellos? Los extremos nunca son buenos. Ni que estén presentes hasta en nuestra alcoba ni que no los veamos nunca. Más allá del afecto que tengas por ellos, la pareja debe estar lo suficientemente “impermeabilizada” para no dejar que terceras personas se entrometan en las decisiones y la vida de pareja.

Sin embargo, existen algunos consejos para que puedas llevarte bien con ellos y que no todo sea una batalla campal, una discusión, o un silencio tenso así como tampoco una mala tarde o noche:

Pon límites

En primer lugar, deberías establecer ciertos límites. Saber qué es lo que puedes aceptar y lo que no cuando visitas a la familia de tu pareja o ellos van a tu casa. Deja claro desde el principio cuáles son esas barreras infranqueables.

¿Con quién hablarás sobre este tema? Es con tu pareja, por supuesto, con quien debes marcar esos límites. Puede que tengas la suficiente confianza como para charlar directamente con las personas implicadas, pero eso no siempre es una buena idea. Algunos pueden ser bastante susceptibles y generar problemas adicionales. Ten cuidado.

No obligues a elegir

Gran familia

No pongas a tu pareja “entre la espada y la pared”, obligándolo a decidir entre su familia o tú. Todos tenemos derecho a mantener nuestros vínculos. Además, los padres son los padres y eso no se cambia por nada.

Si la situación e vuelve insostenible no compartáis tiempo juntos, pero no obligues a tu pareja a renunciar a ellos salvo que le estén haciendo daño.

Ponte en su lugar

Otra manera para llevarse bien con la familia política es pensar en quién tenemos al lado, no en nosotros mismos todo el tiempo. Esto quiere decir, que si tienes que ir a comer con tus suegros, hazlo por la felicidad de tu pareja. Será un detalle que probablemente valorará.

Intenta ser tú mismo

No seas alguien artificial en la medida de lo posible. Tus “suegros” no dejan de ser personas con intereses, necesidades y muchas ganas de que a su hija/o le suceda lo mejor.

Si eres tú mismo, tu pareja te reconocerá más en los momentos que pases con tu familia política y desprenderá una mayor sensación de felicidad. Si eres una persona alegre y en ese momento eres la más amargada del planeta, es complicado que tu pareja te reconozca como la persona de la que está enamorado y, por extensión, que se lo trasmita a sus padres. Intentemos por tanto trabajar cada uno de estos aspectos.