Este corto nos enseña los valores de la infancia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 17 octubre, 2015
Rafa Aragón · 16 octubre, 2015

¿Recuerdas cuáles son los valores de tu infancia? Reflexiona y libérate por un momento de tus preocupaciones, obligaciones y tensiones. En la inocencia de nuestra infancia residen valores que dan un mayor sentido a nuestras vidas. Valores esenciales que hemos descuidado y olvidado.

El ritmo frenético en el que vivimos de forma casi constante, nos ha llevado a cargar con muchas responsabilidades y obligaciones que deterioran nuestras vidas, nos impiden hacer lo que nos gusta realmente, y limitan todos nuestros sueños e ilusiones. Dejándonos en un estado de insatisfacción y vacío existencial.

¿Estamos dedicando nuestro tiempo realmente a lo que necesitamos, a lo que queremos y a lo que da sentido a nuestras vidas?

Son muchas las preguntas sobre las que habría que reflexionar, para acabar comprendiendo que necesitamos un cambio de perspectiva. Evitamos comúnmente cuestionar lo que hacemos, porque nos centramos en lo que debemos y tenemos que hacer; como si no tuviésemos otras opciones.

Niña con los brazos cruzados

Vivir es mucho más que respirar

¿Hemos aprendido a descubrir y sentir nuestra felicidad? Cuando éramos niños, de forma totalmente espontánea y natural, disponíamos de los recursos para maravillarnos ante cualquier acontecimiento que nos regalara la naturaleza: ver a los insectos corretear, observar durante horas la lluvia, perder la noción del tiempo explorando, descubriendo y jugando.

Toda la capacidad para disfrutar y vivir con ilusión nuestra felicidad la aprendimos en nuestra infancia. Y por desgracia, se va desaprendiendo. Nos hemos ido desprendiendo de esta hermosa capacidad; sustituyéndola por aquello que creemos que es mejor para nuestras vidas adultas.

Pero, ¿realmente el camino que seguimos es lo mejor para nosotros? Nos hemos ido adaptando muchas veces a las expectativas de los demás, a lo que nos han dicho que es lo mejor para nuestro futuro. Nos lo hemos creído y no lo hemos cuestionado.

Hemos trazado un camino lleno de imposiciones perdiendo nuestra auténtica capacidad y esencia para ser felices

Recuperar los valores de nuestra infancia

Al cuestionarnos nuestras vidas, estamos, a su vez, replanteándonos nuestro camino: hacia dónde nos queremos dirigir, cómo queremos emprender este trayecto. ¿Nos estamos olvidando de nuestra felicidad? Ya hemos dado el primer paso para recuperarla, reflexionemos…

Adulto-aprendiendo-a-vivir

Ser adulto conlleva muchas responsabilidades y obligaciones, es cierto, pero seguramente les estemos dando demasiada importancia, y toda nuestra atención y energía esté volcada en asuntos que no forman parte de nuestro potencial creativo. Perdiendo nuestra capacidad para reinventarnos, descubrirnos y asombrarnos; con la belleza que nos rodea y forma parte de nuestro mundo del que nos hemos apartado.

Recuperar los valores de nuestra infancia supone cuestionar la vida que llevamos, volver a recobrar la ilusión, dar más importancia a nuestras necesidades, y prestar más atención a los pequeños detalles. Aprender a disfrutar dedicando tiempo a descubrir todo lo que nos apasiona.

Descubre lo que te apasiona, dedícale una parte de tu tiempo y permitete disfrutarlo. Tu vida cobrará así un mayor sentido

Aprendamos de la infancia

Tenemos la posibilidad de recuperar valores como la inocencia, el asombro, la curiosidad, la bondad, la alegría, etc. Si observamos con atención, y reflexionamos, podemos aprender de los niños y niñas; su espontaneidad y dedicación hacia lo que les gusta. De su tendencia a hacer de todo un juego y algo con lo que disfrutar.

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras.”
-Jean Jacques Rousseau-

Este estupendo corto donde aparece el diálogo entre un padre y su hija, nos muestra lo mucho que influimos en nuestros hijos e hijas, en que se conviertan en pequeños adultos y pierdan demasiado pronto su infancia. Cuando en realidad somos los adultos los que tendríamos que hacer el esfuerzo, por contagiarnos y aprender de su sabiduría.

Nadie mejor que los niños y niñas para enseñarnos a disfrutar del momento presente, de aprender a hacer las cosas jugando y de encontrar la satisfacción en todo lo que hacemos.

“Si tu vida no te permite cada día: Jugar, bailar, vivir… Cambia de vida.”

¡Que disfrutéis de este encantador corto y de su maravillosa reflexión!