Cuatro pasos para cultivar una buena amistad

Yamila Papa · 4 junio, 2015

“El que busca un amigo sin defectos, se queda sin amigos”

Proverbio turco

 

A medida que pasan los años, parece que cada vez se hace más difícil forjar una buena amistad, como si los niños fueran los únicos capaces de tener amigos. Más allá de las características de cada persona, sea más o menos tímida, no suele ser muy simple para los adultos hacer amistades.

Socializar en los tiempos que corren parece, justamente un “juego de niños”. En pocos minutos tenemos la capacidad de contactar a personas de todas partes del mundo, vernos a través de una cámara, llamarles por teléfono, escribirles un mensaje que le llega al instante gracias a las redes sociales o Internet.

Sin embargo, los adultos son cada vez más solitarios, según las estadísticas. Se dice que la mejor etapa para hacer amistades duraderas y verdaderas es en la infancia, cuando estamos en la escuela. Luego, con el correr del tiempo, se nos hace un poco cuesta arriba el hecho de forjar amistades que sean reales y que vayan más allá de compartir un escritorio, una clase en la Universidad o tener un amigo en común.

Una buena manera de saber si alguien es un amigo o un compañero es analizando la calidad del tiempo que compartimos con esa persona y lo que compartimos con ella.

Por ejemplo, trabaja con alguien muchas horas al día no significa que esa persona sea tu amiga. Por otro lado, no es menos cierto que tendemos a hacernos amigos de las personas con las que pasamos más tiempo.

Existen amigos que se quedan atrás cuando cerramos una etapa, como por ejemplo, de los años de Universidad, otros que aparecen en un momento en particular y no se van más de nuestras vidas y los que por cuestiones de la vida, han dejado de estar a nuestro lado.

¿Quieres forjar una amistad verdadera y que dure muchos años? ¡No importa si ya has dejado de ser un niño! Lo bueno es que podrás ser más consciente del proceso y disfrutarlo.

Amistad

Pasos para hacer amigos

 

1.Conoce el nombre: la presentación es muy importante. Él tiene que saber tu nombre y tú el de él. Por ejemplo, “Hola, soy María. ¿Cómo te llamas?”. O “Me llamo David, ¿y tú?”. Es necesario que te aprendas su nombre y se lo digas cada vez que hablan.

“¿A qué salón de belleza vas, Marta?” o “¿De qué equipo eres, Alberto?” (son sólo ejemplos, no quiere decir que a todas las mujeres les guste ir al salón ni a todos los hombres el fútbol). Recuerda no preguntar algo demasiado íntimo al principio, para no generar malas sensaciones.

2. Aprende sobre sus gustos e intereses: no olvides el consejo de la línea anterior. Puede que tengan más cosas en común de lo que ambos creen. Ya por empezar, están en el mismo sitio y eso ya es algo en lo que se parecen.

Las preguntas tienen que ser muy casuales, para que no se sienta interrogado o intimidado. Además, sería bueno que consultes cosas en relación a lo que está ocurriendo en ese momento. Por ejemplo, si están en la sala de descanso o en la hora del almuerzo, no le preguntes qué música escucha porque no tiene nada que ver, sino algo relacionado a la comida.

3. Comparte una actividad: esto quiere decir, hacer algo con la otra persona. Si has empezado a entablar conversación con un joven que va siempre a hacer ejercicio al parque a la misma hora que tu, ¿por qué no comparten una rutina? Pueden hacer cada uno sus repeticiones y series, pero el hecho de estar cerca, ya es compartir.

4. Haz algo por el otro: de esta manera, se convertirá en tu amigo, oficialmente. ¿Qué quiere decir “hacer algo”? Por ejemplo, volviendo al caso de los deportistas en el parque, puedes ir hasta la tienda de enfrente y comprar una botella de agua para cada uno.

Puedes llevarle el periódico sobre el equipo de fútbol favorito de Alberto o avisarle a Marta que en el salón de belleza hay un descuento por pagar con tarjeta de crédito. Pequeños gestos, que forjan una gran amistad.