Cuidados afectivos, el secreto para una mayor calidad de vida

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
· 25 febrero, 2019
Los cuidados afectivos son fundamentales para un desarrollo emocional saludable. Además, inciden en nuestra esfera social y física. De ahí la importancia de dedicarlos a los demás... y a nosotros mismos.

Los cuidados afectivos, como otros cuidados en diferentes planos, juegan un papel muy importante en nuestro bienestar. Sin embargo, también como otros cuidados, solo solemos dedicar tiempo a ellos cuando hay algo que nos duele: una herida emocional.

Por otro lado, la calidad de vida -traducida en un bienestar a nivel físico, emocional y social- está muy asociada a la salud. Esta es solo una de las razones por las que es importante contar con una serie de cuidados afectivos, conociendo cuál es su importancia para nuestra salud en sus dimensiones: social, emocional, y física, y cuáles son los beneficios de contar con ellos en nuestras vidas.

Cuidarnos afectivamente, es estar atentos a lo más profundo de nosotros, es establecer conexiones profundas, para ser mejores cada día.

Cuidados afectivos, ¿en qué consisten?

Los cuidados afectivos son aquellos que están relacionados con nuestro mundo emocional. Se trata de las atenciones y asistencias a nuestros sentimientos, pensamientos y conductas.

Mujer abrazándose feliz por sus niveles de autoexigencia sana

Estos cuidados requieren de disposición por parte de quienes los brindan. Además, se trata de dar a quienes más queremos:

  • Cariño. Se trata de proporcionar ese sentimiento expresándolo, a través de detalles, caricias, miradas, palabras, y sonrisas.
  • Empatía. Consiste en la capacidad con la que contamos para ponernos en los zapatos del otro, así aumentamos la comprensión y valoramos su percepción.
  • Respeto. Para considerar al otro y tener claros sus límites y los nuestros.
  • Gratitud. Se trata de reconocer lo que hacen los demás y nosotros.
  • Paciencia. Es la capacidad con la que contamos para hacer frente a las situaciones sin perder la calma.

Todos estos valores son claves a la hora de cuidar afectivamente, pues la idea es validar el mundo emocional, acompañar en situaciones complicadas, y dar una perspectiva para que la persona a quien atendemos sea capaz de aprender de estos y de las situaciones que afronta.

Además, la confianza también aportará su granito de arena, así la persona podrá contar con la seguridad de tener a alguien que lo valore y le proporcione bienestar emocional.

Son cuidados afectivos porque ayudan a proteger, a moldear, y a aprender de las emociones para tener una mayor calidad de vida. Ahora bien, pueden ser para darlos a otros, para nosotros, y para la naturaleza.

Importancia de los cuidados afectivos en la salud

En un comienzo nuestros padres, seres queridos o cuidadores son quienes proporcionan estos cuidados y nosotros quienes los recibimos. De hecho, esto garantiza nuestra supervivencia, pues cuando nacemos dependemos de lo que los demás hagan por nosotros.

Posteriormente nos vamos haciendo una idea de lo que son los sentimientos, de cómo debemos actuar ante otros y nosotros mismos, comenzando nosotros también a ser administradores de cuidados. Cuidados para los demás y también para nosotros; si nuestro mundo emocional se derrumba, no podremos ayudar a levantar al de los demás.

Los cuidados afectivos incumben a la salud emocional, física y social. En la emocional, porque nos proporcionan seguridad, orientación, comprensión y apoyo para comprender el mundo emocional; en la social porque es la base para saber cómo debemos tratar al otro; en el físico, porque hay enfermedades que cursan peor acompañadas de un estado de ánimo negativo.

A lo largo de la historia de la psicología y el psicoanálisis, se ha explorado y sugerido que las carencias afectivas, pueden tener efectos en el desarrollo de los niños. A nivel emocional, sobre todo, podrían llegar a desarrollar una tendencia a establecer relaciones sociales tóxicas.

La mayoría de los estudios sobre los cuidados afectivos se han basado en los problemas psicológicos relacionados con la construcción de la identidad a lo largo del siglo XX, así lo sugirieron Bion, Anna Freud, y Winnicott. Alrededor de 1969, John Bowlby, fue más allá. Creó la teoría del apego y sugirió que la tendencia a establecer relaciones cercanas es esencial para nuestra supervivencia.

Hoy, gracias los avances en neuroimagen podemos ver la implicación en relación con nuestro cerebro. Así lo sugiere Nafissa Ghanem en su artículo «L’impact des carences afectives vus par les neurosciences», nos muestra que gracias al material que ofrece la imagen por resonancia magnética, podemos comprender cómo los mecanismos de privación emocional, es decir falta de apego, impactan nuestro cerebro.

Estos nuevos aportes neurofisiológicos confirman la importancia del cuidado afectivo para el desarrollo infantil. Además, sugieren que la maduración mental va a estar condicionada por el entorno social emocional y cultural, y se va a ir adaptando a lo largo de la vida.

Madre e hijo en la playa

Beneficios de contar con cuidados afectivos

Contar con cuidados afectivos asertivos nos proporciona una mayor calidad de vida. Veamos de manera más concreta algunos de sus beneficios:

  • Nos ayudan a comprender el mundo emocional.
  • Mejoran la comunicación.
  • Aportan seguridad.
  • Ayudan al desarrollo integral.
  • Crear conexiones con lo que nos rodea, quienes nos rodean y con nosotros.
  • Generan condiciones favorables para el aprendizaje.
  • Mayor gestión emocional.
  • Incrementa nuestro autoconocimiento.

Los cuidados afectivos abren la puerta al mundo de las emociones, paso a paso nos muestran cómo son y nos permiten desarrollarnos para establecer relaciones más sanas con los demás, con nosotros y con la naturaleza.

Podemos decir que somos fundamentales para nuestro crecimiento. Un crecimiento que en muchos casos se abrirá paso gracias a la asertividad. Sin embargo, nuestro comportamiento no solo va a depender de los cuidados afectivos en nuestros primeros años. Hay que recordar que vamos adquiriendo experiencias que también nos forman.

  • Comín, M.A. (2014). El vínculo de apego y sus consecuencias para el psiquismo humano. Logos, 2, 1-5.
  • Ghanem, N. (2016). L’impact des carences affectives vues par les neuroseciences. Revue Sciences Humaines, (46), 185-192.