El caos, un estado que favorece a los narcisistas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 2 julio, 2018
Edith Sánchez · 8 julio, 2018

El caos es uno de los grandes aliados de los narcisistas. Sin ese estado de desorden generalizado, un narcisista no puede reinar como lo desea, consciente o inconscientemente. Si hay orden, él no es nadie. Tampoco puede desplegar esos dramas a los que tanto está acostumbrado.

Recordemos que el narcisismo se caracteriza por una exaltación excesiva del yo. No es una señal de demasiado amor propio, sino un sobredimensionamiento de las expectativas frente al yo. Una fantasía de grandiosidad frente a uno mismo. Un deseo de destacar o de estar por encima de los otros.

Debemos ordenar el caos. Y no tengo duda de que el mejor y más veloz método es implantar la ley del pueblo en vez de la de la turba”.

-Gandhi-

Una dosis de narcisismo es saludable en el adulto. Ayuda a que el individuo se cohesione y se reafirme frente al mundo. Sin embargo, cuando ese pseudo amor propio es excesivo da lugar a la emergencia de un narcisismo patológico. En los casos más extremos, el narcisista se vuelve incapaz de dar valor real a los demás. Los otros son instrumentos que solo sirven de medio para autoexaltarse.

El caos y los narcisistas

Los narcisistas patológicos despliegan una serie de conductas destinadas a satisfacer ese deseo de autoexaltación. Lo que tienen en común esos comportamientos es que siembran el caos en mayor o menor medida. Es en el desorden donde consiguen “ser alguien” y tener bajo control a los demás.

hombre ante el espejo simbolizando el caos del narcisista

El caos es el sello de identidad de los jefes o líderes que dan órdenes y contraórdenes todo el tiempo. De los que implementan medidas absurdas, que en lugar de facilitar las actividades las entorpecen. Los que no se comunican claramente y dan pie a confusiones que si llegan a un buen resultado, les permiten reclamar el crédito. Y si conducen a errores, les da el margen para culpar a los demás.

Los narcisistas también promueven el caos en situaciones más cotidianas o familiares. Corresponden a esos amigos, familiares o parejas que te dicen una cosa y luego hacen otra, sin razón aparente. Te dicen que te van a ayudar y cuando los necesitas no aparecen. Aseguran que van a llegar a una hora y aparecen a otra. Juegan con tus expectativas y te quitan el equilibrio. Siembran el caos y con ello aseguran un margen de control sobre el otro.

Narcisistas y dramatismo

En el caso de los narcisistas patológicos, el caos suele ir acompañado de dramas. El jefe o el líder del que hablábamos, acompaña su desorden con shows de indignación y preocupación. Se mostrará compungido o histéricamente sorprendido por todo lo que ocurre. Como si no fuera él mismo quien condujera todo hacia resultados inciertos.

mujer enfadada y cansada de el caos

Así mismo, la persona que no aparece para cumplir con un compromiso, probablemente no va a excusarse. Al contrario, montará todo un drama. Es muy usual que terminen victimizándose. Tienen demasiadas ocupaciones.

El punto es que, en el fondo, crean situaciones que les permitan sentirse como si gobernaran el mundo. Intentan ubicarse en el centro de todo, pero no se responsabilizan de sus actos. En cambio de ello, crean escenarios para hacer un show de intensas expresiones emocionales.

El efecto sobre los demás

De una u otra manera, los narcisistas usan el caos para quebrar psicológicamente a los demás. Diseñan situaciones, la mayoría de las veces de forma inconsciente, para que los otros se llenen de ansiedad. Para que enloquezcan un poco. Si lo logran, consiguen también lo que en el fondo desean: ser determinantes en la vida de los demás, así sea de mala forma y a través de ardides.

Sin embargo, en este tipo de realidades psicológicas siempre hay una cara y un sello. En la cara está el narcisista sembrando el caos y manipulando a otros. En el sello está ese mismo narcisista siendo víctima de su propia patología. Los narcisistas son más propensos a sentirse desencantados de la vida y aburridos con la realidad. En una palabra, son más proclives a la depresión.

hombre acusado por figuras que simbolizan el caos

Esto se debe a la inautenticidad de sus acciones. Están, por así decirlo, atrapados dentro de ellos mismos. No logran establecer vínculos profundos y constructivos con los demás y dependen en exceso de los otros. Si logran manipularlos, satisfacen esa imagen de sí mismos que añoran. Si no lo logran, fácilmente experimentan sentimientos de inferioridad, de falta de interés en la vida y de frustración.