El cine, fábrica de emociones

Valeria Sabater · 7 octubre, 2013

El cine es hoy en día un fenómeno cultural indispensable en nuestra cotidianidad, es parte de nuestro ocio e incluso de nosotros mismos… parte de esos recuerdos que nos conforman como personas y seres sociales está a veces asociado a una película, a un instante de infancia vivido ante una pantalla de cine o televisión, donde acontecía un título cualquiera, donde un actor cualquiera, en una época cualquiera nos hacía reír o llorar, o nos sobrecogía de terror… El cine es una asombrosa fábrica de emociones inscrita en nuestra biografía, y nadie parece estar libre de su influencia.

PRIMEROS RECUERDOS, PRIMERAS PELÍCULAS 

Suele decirse que las nuevas generaciones han nacido en la era de la imagen y las tecnologías, pero de algún modo y dada la longevidad del mundo del cine, cualquier persona conserva en su memoria un conjunto de títulos, escenas o actores que le hicieron soñar en un momento dado de su infancia. Y es que el ser humano, ya desde niño, necesita representar la realidad de alguna forma y disfruta también siendo observador, el cine es pues como una ventana abierta donde se deslizan mil historias con mil personajes configurando así un singular modo de ir aprendiendo mediante el juego simbólico, una actividad lúdica de aprendizaje donde se le darán ejemplos de la bondad y la maldad, donde se le mostrarán realidades que no son habituales en su medio más próximo…

Gracias al cine le es posible al ser humanor identificarse e incluso fantasear, desarrollar su creatividad y puede que hasta iniciar algún poryecto personal: convertirse en astronauta, arqueólogo o científico, sólo porque el protagonista de una película quedó impreso en ese rincón fantástico donde se tejen los sueños de infancia.

"Blade Runner" (1982)

"Blade Runner" (1982)

FÁBRICA DE EMOCIONES, VENTANA TERAPÉUTICA 

Un acto tan cotidiano como coger nuestro sillón favorito y sentarnos ante la televisón para disfrutar de una buena película, encierra en sí mismo toda una serie de fascinantes mecanismos que tienen como finalidad algo tan sencillo como “hacernos felices”.

Deseamos ser soprendidos, ansiamos que nos hagan reír o llorar, que nos cautive esa historia representada por unos excelentes actores, y que durante hora y media o dos horas, la realidad (nuestra realidad) quede desplazada. Diversos estudios afirman que tras esta costumbre se hayan una serie de fenómenos psicológicos tales como:

– La identificación: cuando vemos en el protagonista aspectos con los que nos podemos identificar.

– La contra-idenficación: cuando nos encontramos con ese personaje antagonista que viene a representar aquello que obstaculiza nuestros deseos o los del protagonista.

– La proyección: cuando atribuimos a los personajes de una determinada película toda una serie de deseos, miedos o sueños que nos son propios, dejándonos llevar por esa chispa cautivadora de la magia del cine.

Podríamos decir pues que el cine es un escenario de emociones donde gustamos descorrer nuestra curiosa mirada de vez en cuando en un acto catártico, ahí donde entrever la maravillosa “experiencia humana y su drama”, se trata de una bella composición de imágenes capaz de adentrarse e inventar, de reproducir o investigar sobre la vida humana jugando con los odios y los amores de las personas, analizando con detenimiento los mecanismos que mueven a la especie humana.

El cine es a veces nuestro refugio y nuestro placer, una de las mejores expresiones culturales en las que el ser humano suele asociar pequeños fragmentos de su propia biografía.