La angustia emocional: el miedo indefinible que paraliza

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 28 junio, 2018
Valeria Sabater · 28 junio, 2018

La angustia emocional es como un remolino que todo lo atrapa. Nos aprisiona desde el interior llenándonos de miedo, de ansiedad, inquietud y hasta de una tristeza indefinible… Se trata de un caleidoscopio de emociones adversas que originan no solo un característico malestar psíquico, sino que además sus síntomas físicos pueden llegar a ser realmente limitantes.

Byung-Chul Han, conocido filósofo y ensayista surcoreano experto en estudios culturales, define al mundo actual como la sociedad del cansancio. Si hay algo que prolifera entre nosotros es la ansiedad y la angustia emocional. Para el doctor Han la causa de todo ello está en nuestra cultura del rendimiento, en ese virus que nos inoculan ya desde niños donde se nos intenta orientar hacia el éxito, hacia esa elevada solvencia en casi cualquier plano de nuestra existencia.

Así, además de esa presión de nuestro entorno para que destaquemos y alcancemos el triunfo, se nos introduce de forma muy temprana en la cultura del multitaskingHay que hacer muchas cosas a la vez y en poco tiempo. Es la ley de una selva donde no todos sobreviven ni se integran con efectividad, donde es frecuente quedar atrapados en el “angst”, ese término alemán que evoca todo aquello que es angosto, opresivo y que produce sufrimiento.

“La angustia, al igual que otros estados psíquicos que producen sufrimiento, como la tristeza y el sentimiento de culpa, constituyen una pugna normativa de lo esencialmente humano”.
-Mario Benedetti-
mujer ante paraguas que sufre angustia emocional

La angustia emocional: ¿qué es lo que me pasa?

Cuando hablamos de la angustia emocional siempre surge la misma controversia. ¿Es la angustia lo mismo que la ansiedad? ¿O son dos condiciones psicológicas diferentes? Cabe decir que hasta no hace mucho se prefería dejar el término de la angustia en el plano filosófico, diferenciándolo del clínico. Ahí tenemos, por ejemplo, a Søren Kierkegaard, definiendo dicha dimensión como ese miedo que a veces experimentamos cuando nos damos cuenta de que nuestro futuro es limitado, y de que la calidad de nuestra vida depende de nuestras elecciones.

Sigmund Freud, por su parte, diferenciaba la “angustia realista” de la “angustia neurótica”, siendo esta última una condición patológica. Algo que se alejaba de esas reflexiones puramente filosóficas. Todo ello nos lleva a intuir que, en esencia, lo que hay en realidad son dos tipos de angustia, esa que podríamos denominar como existencial y otra que, por sí misma, tiene unos rasgos muy definidos y que según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) aparece, a menudo, como síntoma de diversos trastornos psicológicos.

Veamos algunas características.

  • La angustia emocional nos paraliza. Mientras que la ansiedad tiene por lo general, un componente nervioso y activador, la angustia es como un bloqueo ante la incertidumbre, hacia un algo que no podemos controlar o prever.
  • Cuando surge esta sombra, la preocupación se intensifica, se torna obsesiva, surgen los pensamientos catastróficos y la desesperación.
  • Hechos, como afrontar un examen, tener que tomar una elección, aguardar una respuesta o un acontecimiento o incluso tener que afrontar algo para lo que no nos sentimos capacitados, suele generar angustia.
  • Asimismo, existen estudios que nos señalan que hay personas con mayor predisposición a experimentar angustia. La razón de ello está en ese universo neuroquímico nuestro orquestado por las hormonas y neurotransmisores. Así, un aumento de adrenalina o una reducción del ácido gamma-aminobutírico (GABA) nos hace más o menos tendentes a experimentar este estado angustioso.
  • La angustia emocional además, cursa con abundantes síntomas físicos: mareos, problemas digestivos, presión en el pecho, cansancio, tensión muscular…
hombre que sufre angustia emocional

¿Cómo puedo tratar mi angustia emocional?

Poetas, escritores y pintores canalizaban su angustia a través del arte. Ahora bien, la mayoría de ellos experimentaban angustia existencial. Esa sensación recurrente en el ser humano, ya que rara vez nos podremos despegar del todo de ese vacío comprensible cuando ponemos la mirada en nosotros mismos y en nuestro futuro. Sin embargo, en el momento en que esa sensación, esa emoción, nos bloquee y nos arrincone en la esquina de la indefensión, deberemos actuar.

Citando una vez más a Byung-Chul Han, algo que nos recuerda es que estamos obligados a convivir con la incertidumbre. Y la incertidumbre es el detonante directo de la angustia emocional. Por tanto, quien piense que esta condición se resuelve con psicofármacos se equivoca (siempre y cuando no estemos ante un caso extremo). Lo que necesitamos es aprender a gestionar los vaivenes de esta sociedad, manejar mejor lo imprevisible, encarar con mayores recursos lo que no podemos controlar.

Para lograrlo, contamos con distintas propuestas. Enfoques como la terapia cognitivo conductual, la terapia de aceptación y compromiso o la terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT) pueden ayudarnos a ello. El beneficio de estos marcos es múltiple. Por un lado podremos reducir y trabajar nuestra ansiedad, los pensamientos negativos, las emociones adversas que nos bloquean. Por otro, llegaremos a la raíz del problema. Cambiaremos nuestra visión de lo que nos rodea para sentirnos más capacitados y responsabilizarnos de nosotros mismos en un mundo siempre complejo, siempre demandante.