La Bella y la Bestia: renovando un clásico - La Mente es Maravillosa

La Bella y la Bestia: renovando un clásico

Leah Padalino 8 diciembre, 2017 en Cine, series y psicología 0 compartidos
La Bella y la Bestia

La Bella y la Bestia es un cuento de origen francés, que guarda cierta relación con el mito de Psique y Cupido que aparece en el clásico latino El asno de oro, aunque hoy todos lo recordamos gracias a la adaptación cinematográfica de Disney de 1991.

Recientemente, se ha llevado nuevamente a la gran pantalla, esta vez en una versión no animada, de la mano de Bill Condon y con un elenco que cuenta con actores de la talla de Ewan McGregor, Ian McKellen o Emma Thompson, con Emma Watson en el papel de Bella y Dan Stevens en el de la Bestia.

Bella, la primera extraña de una larga lista

En los años 90, había un auténtico furor por las princesas Disney, la mayoría nacieron en esta década, aunque algunas eran ya veteranas como Blancanieves o Cenicienta. Lo cierto es que si ordenamos cronológicamente a las princesas hasta nuestros días, nos daremos cuenta de la gran evolución que han experimentado.

La mayoría de estas princesas, especialmente las primeras, respondían a la imagen de ama de casa ideal: eran guapas, jóvenes y disfrutaban haciendo las tareas del hogar, reflejaban la mujer ejemplar de una época. Todas ellas tienen en común un pasado oscuro (han perdido a su madre o a su padre), una situación tormentosa y un final feliz junto a su príncipe. A Disney le costó bastante tiempo darse cuenta de que debía renovar estas historias, así que, los pasos los daba poco a poco.

Bella sería la primera en desviarse un poquito (solo un poquito) del camino que habían marcado sus predecesoras. Bella era especial, físicamente, era una joven guapa, pero no una Blancanieves de belleza inalcanzable, sino que sus rasgos se asemejaban más al común de las mortales. Desde luego, la elección de su color de pelo, castaño, es una de las más significativas y, junto a sus ojos marrones, se saldría del canon de belleza.

Bella leyendo un libro

El castaño es el eterno olvidado en el mundo del cabello, pensemos por un momento en cánones de belleza; en canciones, dichos o poemas que hagan alusión a la cabellera de las mujeres; en anuncios de tintes… En fin, cuando queremos representar la belleza acudimos al pelo rubio o al negro, incluso, al pelirrojo, que es el menos común; el castaño es casi invisible.

Bella procede de una pequeña aldea francesa, un lugar donde a la gente poco o nada le interesa la lectura, algo que contrasta con Bella y su pasión por leer y con lo que se ganará el apodo de “rara”. La lectura le permite escapar un poco de su vida en la aldea, conocer otros mundos y ampliar horizontes; es una chica con muchas inquietudes y sed de conocimiento.

Como vemos, Bella es una chica inteligente, segura, que rompe un poco con los estereotipos que venía dibujando Disney… Pero, claro, no estaríamos hablando de una princesa Disney de los 90 si no tuviera un príncipe. Bella no iba a ser la excepción, ella también caería en las garras del amor y, aunque la finalidad de la película es mostrar el poder de la belleza interior, no deja de caer en el tópico de la princesa que tiene su final feliz junto a su príncipe que, aunque antes era una bestia, se convierte en un hombre guapísimo.

La Bella y la Bestia, un nuevo enfoque

La intención de la película de 1990 era buena, no cabe duda, y lo cierto es que el mensaje de que la belleza está en el interior nos lo aprendimos todos (o casi todos). Bella se enamora de la Bestia por lo que es y deja a un lado las apariencias, por tanto, creo que debemos tomar la transformación de la Bestia como una salida de su verdadero yo, como un reflejo de su belleza interior. Y es que la belleza, además de ser subjetiva, también se ve influenciada por el interior de la persona.

La verdad es que Disney está progresando en cuanto a la representación femenina en sus últimas películas, pero creo que es muy interesante esta nueva versión de la Bella y la Bestia, estrenada en este mismo año 2017, pues incluye algunos pequeños guiños que le aportan un toque de aire fresco a una vieja historia.

Es inevitable que esta nueva versión nos recuerde a su hermana animada, pues visualmente los parecidos son indudables, desde el vestuario y la elección de los actores hasta los escenarios y los objetos del castillo; también nos remite a la versión de los noventa gracias a la banda sonora en la que apenas se aprecian cambios.

Creo que la esencia de esta nueva versión ha sido, principalmente, ese respeto mostrado a su predecesora porque, cuando se realiza una adaptación de un clásico, debemos ser muy conscientes de que el público tendrá muy presente la versión anterior. En ocasiones, podemos caer en la extrema renovación y crear algo completamente diferente y lejano a la idea original.

La Bella y la Bestia respeta la trama principal, añadiendo algún elemento que aclara las lagunas de la versión animada, como lo ocurrido con la madre de Bella, de este modo, nos acerca más a los personajes y empatizamos más con los mismos.

Por otro lado, incluye infinidad de personajes negros que se entremezclan con los blancos con total normalidad, algunos incluso poseen acentos que no solemos asociar a personas negras como Madame de Garderobe, que posee acento italiano y es negra; demostrando así que el color de la piel no tiene que estar necesariamente ligado a la procedencia. En la misma línea, encontramos infinidad de parejas interraciales, como la ya mencionada Madame de Garderobe y su esposo el Maestro Cadenza; o Lumière, el mítico candelabro, y su adorada Plumette, que también es negra.

Gaston con Le Fou

Además, a lo largo de la Bella y la Bestia, nos damos cuenta de que el personaje Le Fou, cuyo nombre en francés significa loco o chiflado, ha cambiado bastante respecto a la versión de 1990. En la película anterior, era un personaje que hacía honor a su nombre y era un súbdito de Gastón; en esta, nos damos cuenta de que esa devoción hacia Gastón quizás va más allá y que, probablemente, no esté tan chiflado como parece.

Le Fou muestra algunos signos de enamoramiento hacia Gastón, pero cuando descubre cómo es en realidad, se revela. Hay una escena muy significativa en la que Madame Garderobe, todavía siendo armario, viste a tres jóvenes de mujeres y, dos de ellos, se molestan; sin embargo, uno de ellos parece sentirse cómodo y sonríe en agradecimiento. Se trata de algo muy sutil, un pequeño guiño, pero realmente importante. Además, al final de la película vemos como este personaje termina bailando con Le Fou y ambos se muestran encantados.

De este modo, se normaliza lo que ya debería ser normal y se reafirma la finalidad de la obra y es que la belleza está en el interior. No importa el género, ni la raza, ni la procedencia, nada de eso es importante, el amor va más allá y no entiende de barreras ni de imposiciones.

Considero que esta nueva versión de la Bella y la Bestia era realmente necesaria, era necesario incluir este tipo de relaciones en un clásico como este que, precisamente, va de amar sin importar las apariencias. Se trata de un pequeño paso, pero muy significativo y muy necesario hoy en día. Si continuamos por este camino, quizás, algún día y en futuras versiones de princesas Disney, ser bellas ya no sea un requisito para ser “princesas”.

“No está mal ser bella; lo que está mal es la obligación de serlo”

– Susan Sontag-

Leah Padalino

Italoespañola y ciudadana del mundo. Futura filóloga y estudiante de filosofía, cinéfila y amante de los animales. "Cuanto más difícil es hacer algo, mayor es la recompensa que te espera al final"

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