La curiosidad por la que sobrevivió el gato - La Mente es Maravillosa

La curiosidad por la que sobrevivió el gato

Yamila Papa 9 agosto, 2014 en Psicología 0 compartidos

La atracción por lo nuevo y el desprecio por lo cotidiano tiene una explicación “mental”. Esto se debe a que el cerebro va aprendiendo según sus estímulos y lo hace con mayor atención cuando se trata de algo que no ha visto antes. Por lo tanto, es más factible que nos llame la atención lo desconocido que aquello que nos es familiar.

Según parece, lo conocido crea desprecio en nuestra mente. A mayor familiaridad y conocimiento de algo o alguien, menos interesante nos resulta. En cambio, nos atrae lo nuevo porque hay otros estímulos que nos llegan.

También puede suceder el denominado “efecto de mera exposición”, con el que nos atraerá la gente que más solemos encontrarnos o ver. La exposición repetida a un mismo estímulo causa un aumento en la actitud hacia éste. Siempre es algo positivo para el cerebro.

El quid de la cuestión está en que lo que en verdad nos atrae es aquello que tenemos cerca pero que no llegamos a conocer realmente. Porque cuánto más sepamos de una persona o cosa, más fácil aparecerán elementos para desaprobarlas, en comparación con lo que sucedía antes de conocerlas a fondo. En el primer momento, claro está, nos atraían.

En un reciente estudio se ha entregado a los participantes una lista con los rasgos de otras personas para que puedan valorarlos. Los resultados fueron los siguientes: a mayor información sobre cada individuo, menos valoración, por ende, menos atracción. Entonces, se llegaron a las conclusiones indicadas a continuación:
“Cuánto más se descubre de las personas, más probable es que se reconozca un rasgo o conducta que no nos agrade. Esto signfica que la primera impresión si que cuenta”.

“Cuando percibimos un rasgo que no nos agrada, la opinión se vuelve negativa y ya no tenemos tanto en cuenta los aspectos que nos habían atraído antes”.

“Nos gusta más la gente que es parecida o similar a nosotros en cuánto a rasgos o personalidad. Cuanto más rasgos afines tenga a nosotros, más fácil será que nos atraiga y cuánto más opuestos será más sencillo que nos desagrade” (aquí puede derribarse el mito de “los opuestos se atraen”).

“El disgusto o aversión va desapareciendo o aumentando si nos vamos dando cuenta de diferentes aspectos de esa persona. Sin embargo, la primera mala impresión es muy importante y no suele modificarse, por más de que descubramos aspectos positivos”.

“En la mayoría de los casos, cuánto menos sabemos de una persona, más nos atraerá. Por ello es que existe la ambigüedad de imaginar que compartimos con ella nuestra manera de ver el mundo, nuestra personalidad, nuestro sentido del humor o nuestros puntos de vista. Tan pronto comenzamos a ver y descubrir que no somos iguales o tenemos cosas en que no acordamos, es probable que nos sintamos menos atraídos”.

Podemos conocer personas que aunque presenten rasgos o aspectos opuestos a nosotros haya algo que si nos agrade, porque nos aportará una sensación positiva. La amistad, el amor, la lealtad, la amabilidad y la camaradería son algunos sentimientos muy relacionados a la familiaridad”.

Pero no sólo esto es en relación a las personas, sino también a los conocimientos, lugares, cosas, etc. Por eso es que cuando vamos a un sitio que nunca habíamos ido antes nos puede llamar la atención su hermosura o bien no “causarnos ninguna sensación” si no se relaciona a algo que no sea de nuestro agrado, o lo relacionemos con un sentimiento positivo. Para una persona ver una montaña y un lago puede ser maravilloso, mientras que otros prefieran el mar y la arena. Aunque, después de varias veces de observar el mismo paisaje, el primero se sentirá más atraído por la playa y el segundo por el campo.

Todo es cuestión de familiaridad, de sentirse atrapado por cierta circunstancia y de que el cerebro adora conocer cosas nuevas. La rutina es cansadora, de vez en cuando, algo diferente vale la pena.

Yamila Papa

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