Las ocho edades del hombre, según Erik Erikson
Erik Erikson fue un psicoanalista estadounidense que elaboró una teoría sobre el desarrollo de la personalidad, de amplia aceptación y difusión. Aunque en un principio partió de los conceptos de Freud, se distanció de este al considerar que la influencia cultural tenía mucha mayor importancia de la que le había otorgado el padre del psicoanálisis.
Ahora bien, todos atravesamos por situaciones de crisis durante nuestra vida y acostumbramos a verlas como algo negativo. Sin embargo, para Erick Erikson las crisis son procesos necesarios que conducen a la evolución y el cambio. Son circunstancias que nos permiten trascender, crecer y tomar conciencia acerca de nosotros mismos. Erik Erikson señala que el tránsito por la vida se compone de ocho edades o ciclos y que cada uno de estos está marcado por un conflicto específico.
“Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen”.
-Albert Schweitzer-
Indica que los seres humanos evolucionamos y permanentemente estamos adquiriendo nuevos conocimientos y experiencias a lo largo de nuestra existencia. De no ser así, se producirán bloqueos en algunas etapas de desarrollo. Algunas personas se niegan a madurar, mientras que otras se ven abocadas a crecer precozmente. Todo esto dependerá, en gran medida, del contexto en el que cada uno crezca.
Las edades del hombre desde la perspectiva de Erikson
Las ocho etapas en el desarrollo humano, según Erik Erikson, son las siguientes:
1. Confianza básica vs. desconfianza básica. De 0 a 1 año
El recién nacido establece una relación de dependencia, especialmente con su madre. En ella encuentra la satisfacción plena de sus necesidades. Dichos cuidados garantizarán paulatinamente, el aprendizaje y desarrollo de su confianza, si sus requerimientos básicos son coherentemente atendidos.
A medida que sus sentidos evolucionan, el bebé reconocerá su entorno como familiar. Se aventurará y su primer gran logro será no experimentar ansiedad en ausencia de la madre, superar el miedo a ser abandonado por ella. De lo contrario, será un ser escéptico y desconfiado.
En este sentido, Erikson defiende que lo ideal es que el bebé desarrolle el equilibrio justo entre la confianza (que les permite crear relaciones íntimas) y la desconfianza (que les permite protegerse a sí mismos).
Si predomina la confianza -lo que es favorable según Erikson- los niños desarrollan la virtud de la esperanza; que consiste en la convicción de que pueden satisfacer sus necesidades y obtener sus deseos. En cambio, si predomina la desconfianza, los niños verán el mundo como hostil e impredecible y tendrán problemas al establecer relaciones íntimas.
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2. Autonomía vs. vergüenza y duda. De 1 a 3 años
En esta crisis, los niños necesitan lograr el equilibrio justo entre la autonomía y el control externo. Es por ello que está conformada por “los terribles dos años”, que no es más que una manifestación de su necesidad de autonomía, la cual es adquirida gracias a la maduración del niño y a su capacidad para desplazarse de un sitio a otro.
Durante esta etapa, pegar o llorar constituye el lenguaje del niño para obtener lo que desea. Por tanto, necesitará suficiente control y guía por parte de los adultos. Si el contexto no responde completamente a las necesidades que experimenta, aparecerá la duda sobre sí mismo y el temor a tomar la iniciativa.
Por su parte, la vergüenza en el infante se expresa como una necesidad de no ser visto, de ocultar su rostro, algo que tiene como consecuencia las rabietas y los llantos, o diferentes manifestaciones de desbordamiento emocional. El control exterior debe ser firme y tranquilizador para que aparezca la autonomía.
3. Iniciativa vs. culpa. De los 3 a 6 años
Si hay algo que distingue a un niño en esta etapa es su iniciativa. Especialmente durante el juego, descubre los roles más significativos para él y los representa. El niño necesita identificar y proyectar su rol en el mundo. La iniciativa a esta edad, consiste en la planificación de ese rol social que actúa. En este sentido, el justo equilibrio entre la iniciativa y la culpa es significativo para la formación de la conciencia moral
La rivalidad y los celos también pueden aparecer en esta etapa. El niño quiere ser tratado como alguien especial y rechaza cualquier deferencia de la madre hacia otros. Si no recibe un trato relativamente privilegiado, desarrolla culpa y ansiedad.
4. Industriosidad vs. inferioridad. De los 6 años hasta la adolescencia
Durante este lapso el niño tiene una vida escolar. Independientemente de que se sienta a gusto o insatisfecho, el niño empieza a obtener reconocimiento por lo que hace en ese nuevo entorno. Está en disposición de adquirir nuevos conocimientos y habilidades o, dicho de otra manera, de volverse productivo.
Se trata de una etapa muy decisiva desde el punto social; puesto que la industria implica hacer cosas junto a los demás y con ellos; por tanto, el niño desarrolla un primer sentido de la división del trabajo y de la oportunidad diferencial.
Nuestra cultura ha adquirido altos niveles de especialización que la hacen compleja y limitan la iniciativa del individuo. El riesgo en esta etapa radica en que cuando no hay suficiente reconocimiento, aparece una sensación de inadecuación que puede conducir a un sentimiento de inferioridad.
En cambio, la exitosa solución de esta crisis permite desarrollar la virtud de la competencia; que consiste en una visión del yo como capaz de dominar y dar culminación a las tareas.
5. Identidad vs. confusión de rol. Durante la adolescencia
Este periodo se caracteriza por poner en duda todo aquello en lo que se confiaba. Es decir, los conocimientos, las habilidades y las experiencias adquiridas. Todo ello debido a los cambios biológicos y psicológicos que sufre el adolescente y la crisis de personalidad que esto genera.
A los adolescentes les preocupa la imagen que los demás tengan de ellos y libran batallas constantes entre lo que han sido hasta ahora y lo que serán en el futuro cercano. Presentan confusión en cuanto a su identidad, son idealistas y altamente influenciables. Si atraviesan adecuadamente esta etapa, lograrán construir una identidad sólida. De lo contrario, ensayarán sucesivamente a pretender ser lo que no son.
6. Intimidad vs. aislamiento. De los 20 a los 40 años
Es el momento en que el joven adulto está en capacidad de establecer compromisos laborales, sentimentales, políticos, profesionales, sacrificando algo a cambio. Si por temor, este joven adulto no logra establecer este tipo de vínculos con el mundo, el peligro subyacente será el aislamiento.
Es la etapa de las decisiones y de los retos para adquirir estabilidad. También es el periodo en donde se afianzan las concepciones acerca del trabajo, la amistad, la familia, etc. Básicamente es en esta etapa cuando se da un paso definitivo hacia la adultez.
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7. Generatividad vs. estancamiento. De los 40 a los 60 años
En esta etapa del desarrollo, se prioriza la búsqueda de equilibrio entre productividad y estancamiento; cuya productividad está vinculada al futuro, al porvenir y bienestar de su familia.
Erikson se refiere a la generatividad como el deseo en la edad madura de fundar y guiar las nuevas generaciones. Cuando esto no se produce, comienza un proceso de estancamiento personal que está ligado a la sensación de no trascender, de no tener ningún tipo de incidencia en lo porvenir.
Solo cuando las personas se han enfrentado tanto a las derrotas como a los triunfos, han podido procrear o generar ideas y les han dedicado tiempo y cuidado, se puede decir que han madurado gradualmente. Que han alcanzado una experiencia de plenitud.
8. Integridad del yo vs. desesperación. De los 60 años en adelante
La última edad de la vida puede ser una etapa serena o llena de inquietud. Todo depende de cómo se hayan resuelto las edades anteriores. Una persona de edad avanzada debería estar en capacidad de formular una valoración sabia de su época, en la que primen el reconocimiento de lo real y la comprensión del mundo.
En este sentido, hay integridad si en esta edad se pueden combinar la reflexión y la experiencia. En caso de que se traigan conflictos sin resolver o etapas que no se superaron, lo usual es que aparezca un profundo miedo a la enfermedad, al sufrimiento y a la muerte.
Como vemos, Erickson defendió que el ser humano atraviesa ocho crisis a lo largo de la vida, las cuales responden a una etapa del desarrollo en específico. En este caso, la adecuada resolución de las mismas contribuye a la salud mental y bienestar general. De allí, la importancia de ser consciente de ellas.
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